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Con sumo gusto

Masculinidad performativa

El término performative male emergió en redes sociales en 2025 como un meme para describir un tipo de hombre con aficiones ‘femeninas’ con el aparente objetivo de resultar atractivo para mujeres con ideología progresista

Complementos del hombre performativo.

Complementos del hombre performativo. / Ilustración de Sandro Baeza/ Publicada en The Clinic

José Miguel Campos Parra

José Miguel Campos Parra

Allá por el año 1996 un equipo de ingenieros andaban desarrollando la tecnología Bluetooth. En el equipo había un tipo llamado Jim Kardach, mientras sucedía todo aquello estaba leyendo la novela histórica The Long Ships, que narra las aventuras de los vikingos. En ella aparece el rey danés Harald Blåtand, conocido en inglés como Harald Bluetooth (Diente Azul). No confundir con colmillo blanco, por favor. La hipótesis mas extendida es la más sencilla, como sucede casi siempre: seguramente tenía un diente azulado o grisáceo debido a una caries o similar. El bueno de Harald fue famoso por unificar las diferentes tribus danesas y convertirlas al cristianismo, allá por el siglo X. El ingeniero, Kardach, visualizó el paralelismo entre unificar tribus y unificar dispositivos, y lo que comenzó siendo un nombre provisional, se elevó a definitivo: Bluetooth. A modo de relleno diré que el símbolo de Bluetooth es una combinación de dos runas nórdicas: Hagall (ᚼ) y Berkana (ᛒ), que representan las iniciales de Harald Blåtand.

El hombre performativo viene enlatado, en serie. Su identidad completa se puede adquirir complemento a complemento o por kits

Pensará el despierto lector de este espacio que he vuelto de los fiordos noruegos alucinado con la mitología nórdica, y que la turra de hoy versará sobre vikingos, pero no. Más bien al contrario, hablaré de un nuevo arquetipo de masculinidad, blandita, llamada masculinidad performativa.

Nueva masculinidad, otra más.

Casi en los 2000 llegaba a España una tecnología que nos permitía conectar inalámbricamente los auriculares al mp3 o al chisme musical de turno, evitándonos el engorro de cables que se anudaban y se trenzaban sobre sí mismos. Pues nada, en 2025 un grupo de jóvenes veinte o treintañeros dicen que usar el auricular con el cable te hace más sensible ante la invisibilización de las víctimas de cosas.

El término performative male emergió en redes sociales en 2025 como un meme para describir un tipo de hombre que adopta aficiones ‘femeninas’ —como beber matcha, leer a escritoras determinadas o escuchar músicas más que indi— con el aparente objetivo de resultar atractivo para mujeres de ideología progresista. Se trata de una estética ‘sensible’ construida para seducir, no necesariamente una expresión auténtica de sus intereses.

¿Cómo identificarlos al vuelo?

El hombre performativo viene enlatado, en serie. Su identidad completa es un producto de consumo, se puede adquirir complemento a complemento, o por kits en determinados establecimientos.

Aparte de los dichosos auriculares con el cable, que me traen de cabeza por el sinsentido, los verás con pantalones o calzonas anchísimos, marcando nada. Gustan del mocasín con calcetín blanco, un poco por lo vintage, y otro poco por lo inocentón supongo. Recordemos que es una estética que busca ser de los buenos, algo suave, que no raspe. Vintage también el corte de pelo y el bigotito fino, perfectamente cuidado. Fundamental impostar, o acentuar, perdón, intelectualidad. Paseo de libros raros y música, cualquiera sirve mientras sea en vinilo, metidos en la bolsa de tela serigrafiada con alguna escena de cine clásico. Cinturón negro. Y llevan colgando de la bolsa de tela uno o varios de esos muñequitos de moda entre las féminas.

¿Realidad o ficción?

Yo creo que no cuela. La masculinidad tradicional, supuestamente tóxica para determinados sectores, es el resultado de miles de años de evolución, hasta llegar a tu cuñado Zoilo, que absolutamente ajeno a ello, cada día es objeto de feroces críticas y degradaciones. Santo Varón. En relación a la masculinidad performativa, no se puede crear así de un día para otro un hombre nuevo, como ha aparecido. ¡Y todos iguales!, en serie: bigotito, mocasines, libro infumable, té matcha imbebible, el puto auricular con cable… Yo no me lo creo.

Seguramente muchos de ellos serán parcialmente honestos consigo mismos. Algunos leerán esos libros que portan; otros se terminarán el matcha ese que sabe a rayos, alguno habrá que las dos cosas, y además use el auricular con cable porque está tieso; pero en mi cabeza no cabe un ser humano que comulgue con sinceridad con el kit completo. Creo que es imposible. Convendrán conmigo muchas lectoras que la alianza que este nuevo hombre —suave, blandito, sensible— pretende hacer con ellas paseando los libros que ellas leen, hace aguas por muchos lugares. Esta alianza que forja, a golpe de foto en Instagram, con las nuevas sensibilidades femeninas esconde detrás, creo yo, a su verdadero aliado: el que tienen ahí colgado.

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