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Con sumo gusto

El carné de listo

El club Mensa ofrece por 25 euros un test y si alcanzas el 98 se supone que estás en el 2% superior de la población. La cuota anual es 49 euros. Son importes asumibles, pero, ¿qué diferencia hay entre ser de Mensa o del Club Cola Cao?

María Pombo.

María Pombo. / Europa Press

José Miguel Campos Parra

José Miguel Campos Parra

Claramente tenía que opinar, como opinador de guardia, de las maravillosas declaraciones de la influencer María Pombo sobre, según ella, lo sobrevalorada que está la lectura. María es hija de “Vituco” Pombo y Teresa Ribó, nieta del piloto Rafael Pombo, bisnieta de Víctor de la Serna, tataranieta de Concha Espina…. Y así sucesivamente. En definitiva, una chica afortunada que, aunque no le vendría mal, no necesita leer, ya han leído sus antepasados por ella.

Si Concha Espina se entera que su tataranieta, María Pombo, desincentiva la lectura, sale del panteón familiar a lo walking dead y le hace tragar el iphone

Flaco favor hace María con estas afirmaciones a su alter ego: Cateta Pombo. Como versión del Hacendado de María, Cateta Pombo la venera e imita en provincias. Cateta se viste, se comporta, se blanquea los piños como María, hasta el blanco absurdo, y hace de su cotidianeidad un pequeño show local para sus pocos seguidores. Hasta ahí todo bien.

El problema es que Cateta Pombo es hija y nieta de trabajadores, y su novio, santo varón, a duras penas le hace de fotógrafo. Desincentivar la lectura en personitas así, privándolas de desarrollar el pensamiento crítico, las condena a no poder tener nunca tataranietas pijas, como pudo tener Doña Concha. Aun así, siempre queda la memoria, también llamada la inteligencia de los tontos. Eso o comprarte un carné de lista en Mensa.

Mensa: el club

Allá por la mitad del siglo pasado, un abogado (cómo no) llamado Roland Berrill y un científico, de nombre Lancelot, fundaron un club cuyo propósito inicial era noble: reunir a personas con un alto coeficiente intelectual (sin importar su origen, ideología o estatus económico) para intercambiar ideas y debatir. Con los años, la organización se expandió a decenas de países y fue acumulando ese halo de club secreto donde se congrega la “élite del intelecto”.

Hoy Mensa presume de tener más de 150.000 miembros en todo el mundo. En España, su filial agrupa a varios miles de personas y organiza encuentros, congresos y actividades sociales. En apariencia estamos ante una organización cultural y asociativa sin ánimo de lucro. Pero detrás de esa fachada late un engranaje económico que merece ser analizado con el ojo crítico que caracteriza al lector de El Periódico Extremadura.

Los test oficiales

Aquí está la madre del cordero. Por 25 euros puedes hacer el test oficial del club (perdón, la asociación de personas de alto cociente intelectual) y si alcanzas el ansiado 98, se supone que estás en el 2% superior de la población y podrás ser miembro. Según su web, la cuota anual del carné de listo es de 49 euros. Ciertamente es un importe asumible por cualquier bolsillo, pero, ¿qué diferencia hay entre ser de Mensa, o ser del Club Nintendo, o del Club Cola Cao? Yo creo que poca.

Ya se habrá percatado el sesudo lector que por 25 euros el test, habrá listezas que se planteen el ingreso en la asociación como una oposición. Lejos de dudar de la fiabilidad de los test oficiales que realizan, y de que los que los superan son personas muy inteligentes, la probabilidad de superarlo aumenta conforme aumenta el número de veces que lo hacen, aumentando también las arcas de este selecto club de “celebros”. Como el que se saca el carné de conducir, ahí veo a unos cuantos intentándolo por enésima vez. Total, por 25 euros.

Existen manuales, guías y entrenamientos que, en la práctica, convierten la supuesta evaluación neutral en un producto más cercano a una oposición: quien se entrena, mejora. Y esto cuestiona la idea de que Mensa solo selecciona a los “naturalmente superdotados”.

¿Por qué pertenecer a Mensa?

Porque tu ego te lo ordena. Tanto hacer el test, como la cuota anual, son ciertamente económicos, pero ya es un pago recurrente más, como otra suscripción. Es cierto, navegando por su web, que realizan actividades de tipo cultural o científico, encuentros, “quedadas” en las que seguro que se puede ligar con otros superdotados… Pero a ojo de este humilde letrado de provincias, el móvil principal es la pertenencia a un selecto club de personas superiores intelectualmente, o, dicho de otro modo, lo que decía tu madre de que eras listísimo, hacerlo oficial con carné de listo.

Doña Concha Espina fue finalista del Nobel de literatura en los años 20. Para llegar a ese punto hay que escribir mucho y leer más, por lo que la inteligencia de aquella Señora estaría bien entrenada, no sabemos si para optar a entrar en un MENSA que aún estaba por fundarse. Lo que sí sabemos es que, si se entera de que su tataranieta, María Pombo, desincentiva la lectura entre sus millones de seguidores, sale del panteón familiar a lo walking dead y le hace tragar el Iphone, sin desenganchar del trípode, con foco y todo.

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