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Un extremeño con un papel clave en la historia española del XIX

José Moreno Nieto, voz liberal de la Extremadura ilustrada

Nació en Siruela, en la Siberia extremeña. Militó en el Partido Liberal Conservador de Cánovas del Castillo y fue vicepresidente del Congreso durante dos legislaturas

Retrato de José Moreno Nieto. Casado del Alisal, 1882 (Ateneo de Madrid)

Retrato de José Moreno Nieto. Casado del Alisal, 1882 (Ateneo de Madrid) / EL PERIÓDICO

José Antonio Ramos Rubio / José Luis Pérez Mena

José Moreno Nieto y Villarejo nació el 2 de febrero de 1825 en Siruela, en la Siberia extremeña, en una zona de transición entre las provincias de Badajoz y Ciudad Real. En aquella época contaba con una población aproximada de 3.000 habitantes. Hijo de Miguel Moreno Nieto, originario de Agudo (Ciudad Real) y de profesión cirujano, aunque dedicado a las labores agrícolas, y de Gregoria Villarejo, de Garlitos. Fue bautizado en la iglesia de Nuestra Señora de la Antigua con los apellidos paternos, omitiéndose el materno, Godoy, debido al desprestigio social asociado a este apellido en ese momento.

Moreno Nieto en La Ilustración Española y Americana, Madrid, 28 02 1882.

Moreno Nieto en La Ilustración Española y Americana, Madrid, 28 02 1882. / EL PERIÓDICO

Inició su formación académica a los ocho años con estudios de Latinidad, destacando por su precocidad intelectual. En 1835 se trasladó a Toledo, donde cursó tres años de Filosofía (1836–1839) y cuatro de Jurisprudencia (1839–1843), obteniendo el grado de bachiller el 25 de junio de 1843. Durante su estancia en Toledo, influido por el legado histórico y artístico de la ciudad, se interesó por la lengua árabe, que estudió entre 1841 y 1843 bajo la dirección de León Carbonero y Sol.

Cursos superiores de Jurisprudencia

Posteriormente, continuó sus estudios en la Universidad Literaria de Madrid, donde completó los cursos superiores de Jurisprudencia (1843–1846) y obtuvo el título de regente de segunda clase en la asignatura de Lengua Arábiga el 5 de mayo de 1846. Esta distinción le permitió concurrir y obtener, el 14 de junio de 1847, la recién creada cátedra de Árabe en la Universidad de Granada.

Moreno Nieto manifestó desde una temprana edad una notable facilidad para el aprendizaje de lenguas. Dominaba el latín, árabe, inglés, francés, italiano y portugués. Durante su estancia en Granada añadió el hebreo y el siríaco, y, años más tarde, el griego y el ruso. Además recibió instrucción en lengua zendo (avéstico) de manos del orientalista Francisco García Ayuso durante su periodo formativo en Madrid.

Cátedra de Historia y Examen Crítico

José Moreno Nieto obtuvo la licenciatura en Filosofía y Letras el 25 de octubre de 1856 y alcanzó el grado de doctor en Administración el 23 de junio de 1860, ambos por la Universidad Central. Durante este periodo también recibió formación teológica de manos del sacerdote Torcuato Sánchez. Por Real Orden de 5 de febrero de 1859 se le confió el desempeño de la Cátedra de Historia y Examen Crítico de los Principales Tratados de España con las Potencias Extranjeras, cargo que le fue renovado por Real Orden el 8 de octubre de 1859 para el curso académico 1859–1860. Finalmente, obtuvo esta cátedra en propiedad por oposición el 14 de enero de 1861.

Monumento dedicado a José Moreno Nieto en la plaza de Minayo de Badajoz.

Monumento dedicado a José Moreno Nieto en la plaza de Minayo de Badajoz. / EL PERIÓDICO

Desde una etapa temprana de su trayectoria profesional, José Moreno Nieto comenzó a involucrarse activamente en la vida política. La Revolución de 1854 sorprendió a José Moreno Nieto en Granada, obligándolo a interrumpir temporalmente sus estudios. Vinculado inicialmente al Partido Progresista, participó activamente en la vida política como capitán de una compañía de la Milicia Nacional y fue elegido ese mismo año diputado en Cortes por la circunscripción de Granada. Durante su mandato destacó por su defensa de la unidad religiosa y su oposición al sufragio universal. No obstante, sus discrepancias ideológicas con algunos sectores del partido y su creciente interés por la reflexión intelectual lo llevaron a desvincularse del activismo político progresista para centrarse en sus estudios filosóficos y orientalistas.

El Ateneo de Madrid

En este contexto, pronunció un importante ciclo de conferencias sobre temas arabistas en el Ateneo de Madrid. Más adelante se incorporó a la Unión Liberal y fue elegido diputado por los distritos de Badajoz (1865 y 1866) y Castuera (1869). Posteriormente, se afilió al Partido Liberal Conservador liderado por Antonio Cánovas del Castillo, quien lo nombró director general de Instrucción Pública en 1874.

A lo largo de su carrera política, Moreno Nieto desempeñó diversos cargos de relevancia, entre ellos diputado, vicepresidente del Congreso durante dos legislaturas y senador por la Real Academia de la Historia (1881–1882), destacándose por su elocuencia y capacidad oratoria. Mantuvo una activa participación en los círculos intelectuales de su tiempo, asistiendo con regularidad al Círculo Filosófico promovido por los primeros krausistas en la calle Cañizares de Madrid. No obstante, aunque no compartía plenamente sus postulados doctrinales, manifestó hacia ellos una constante admiración intelectual.

Su pensamiento se caracterizó por un marcado eclecticismo y una firme defensa del espiritualismo cristiano, desde el cual formuló críticas tanto al racionalismo moderno como al neocatolicismo. Esta posición intermedia lo llevó a sostener polémicas tanto con figuras del krausismo como Francisco Giner de los Ríos, como con exponentes del catolicismo tradicionalista como Manuel Ortí y Lara.

En su discurso El problema filosófico, pronunciado en la apertura de la cátedra del Ateneo de Madrid en 1876, abordó los principales retos de la filosofía contemporánea, centrados en el criticismo kantiano, el positivismo materialista y el panteísmo. Moreno Nieto se mostró siempre atento a las corrientes científicas e intelectuales europeas de su tiempo, procurando integrarlas en el marco de la tradición filosófica española.

Ante la ausencia de manuales adecuados para la enseñanza del árabe en el ámbito académico español, la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid encargó a José Moreno Nieto la elaboración de una gramática árabe destinada al uso escolar. Para su redacción, se basó en los trabajos de reconocidos orientalistas europeos como Silvestre de Sacy, Ewald y Gensenius, adaptándolos a las necesidades pedagógicas del contexto español. Sin embargo, al igual que otros autores contemporáneos, incurrió en el error de diseñar un sistema de transcripción fonética propio, convencido de que representaba con mayor fidelidad los sonidos árabes, lo cual contribuyó a una mayor confusión en lugar de aportar claridad.

Proyectos intelectuales inacabados

Entre sus proyectos intelectuales inacabados destaca la intención de escribir una Historia de la dominación de los árabes españoles en colaboración con Manuel Lafuente Alcántara, empresa que no se concretó debido al fallecimiento de su colega. Desarrolló una intensa labor en el Ateneo de Madrid, tanto como conferenciante como en funciones de gestión institucional. Fue presidente de la entidad durante seis años, once años presidente de su Sección de Ciencias Morales y Políticas, y también ocupó el cargo de bibliotecario. Asimismo, tuvo una destacada participación en diversas academias científicas y jurídicas. Fue miembro de la Real Academia de la Historia (desde 1864), de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (desde 1879) y de la Academia de Jurisprudencia y Legislación (desde 1874), llegando a presidir esta última.

José Moreno Nieto falleció en Madrid el 24 de febrero de 1882, a los 57 años de edad, a causa de una peritonitis. Su muerte generó una amplia repercusión en el ámbito intelectual y político del país, siendo objeto de numerosas necrológicas publicadas en revistas nacionales. El sepelio, al que asistieron aproximadamente 10.000 personas, constituyó un notable acontecimiento público en la capital. Sus restos fueron trasladados desde la Universidad Central —institución en la que había ejercido como rector— hasta el cementerio de la Sacramental de San Isidro, donde fue enterrado. Su fallecimiento tuvo lugar poco antes de la introducción del alumbrado eléctrico en Madrid, que se implementaría en 1883.

El fallecimiento de José Moreno Nieto se produjo en un momento de intensa actividad institucional y compromiso con la reforma educativa. En calidad de consejero de Instrucción Pública, estaba previsto que presidiera dos tribunales de oposición y se hallaba inmerso en la defensa de un dictamen relativo a la creación de un instituto civil en San Juan, capital de Puerto Rico. Asimismo preparaba una propuesta dirigida al Gobierno para la reorganización de las universidades de La Habana y Manila, con el objetivo de equipararlas en condiciones docentes y estructurales a la Universidad Central de Madrid. Aunque su muerte impidió la concreción de estas iniciativas, sus planteamientos fueron posteriormente retomados y parcialmente ejecutados, contribuyendo al fortalecimiento de la enseñanza pública en los territorios de ultramar.

Numerosos homenajes

Poco después de su fallecimiento, en junio de 1885, los restos de José Moreno Nieto fueron trasladados desde el nicho original a un sepulcro construido en el patio de la Concepción del cementerio de San Isidro de Madrid. Su memoria fue objeto de numerosos homenajes póstumos. Un año tras su muerte, el 2 de octubre de 1882, el director del Instituto de Badajoz le rindió tributo en un acto celebrado en el Paraninfo, donde lo definió como una figura permanente de admiración y respeto «por cuantos sientan en su alma admiración por las grandes figuras del saber y de la elocuencia». Badajoz le dedicó un monumento en bronce, obra del escultor Aniceto Marinas (1896), inaugurado en 1897 por iniciativa de la prensa local. Esta escultura, ubicada en la plaza de Minayo —entorno en el que confluyen el Teatro López de Ayala, el Hospital Provincial de San Sebastián y la plaza de San Atón— representa su figura como político, jurisconsulto y arabista.

En su localidad natal, Siruela, fue declarado Hijo Ilustre, no solo por su nacimiento allí, sino también por su activa defensa de los intereses del pueblo en el histórico pleito contra los condes por la dehesa comunal, que continúa siendo propiedad colectiva y usufructuada exclusivamente por los vecinos. En 1983, se erigió en la plaza del pueblo una estatua en su honor, frente al edificio del Ayuntamiento, obra del escultor villanovense Ricardo García Lozano, con la que se completó el patrimonio monumental de esta villa extremeña.

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