Entrevista a Lucía Solla Sobral, autora de 'Comerás flores'
«Es interesante poner palabras a algo que apenas se ve»
El vínculo traumático es un patrón relacional en el que el amor y el maltrato se entrelazan de manera dolorosa. Este ciclo no ocurre de un día para otro: avanza por distintas fases que hacen que la víctima quede atrapada emocionalmente. De todo este camino, imperceptible para la víctima en muchas ocasiones, trata el libro debut ‘Comerás flores’ (Libros del Asteroide, 2025) de Lucía Solla Sobral (Marín, Pontevedra, 1989). Un texto para reconocer, detrás del oropel y las flores, la cruda realidad. Recomendable y necesario.

Lucía Solla Sobral. / Marco Mas
Una joven se enamora, no solo de un hombre 20 años mayor que ella, sino de un estilo de vida inalcanzable, y de las atenciones en un momento de máxima vulnerabilidad tras la muerte de su padre ¿Es falta de seguridad o el peligroso amor romántico es el que le hace caer en ese guante de seda?
Yo creo que es la unión de las dos circunstancias. Marina, por supuesto, tiene como meta el amor romántico al precio que sea; ella quiere ese tipo de amor que ve en las películas y que lee, durante la propia trama, en unos libros sobre los que no pone una mirada crítica. A todo esto, además, se le une que está pasando por un duelo que es mucho más duro porque se lleva en silencio, ya que su familia no quiere hablar de su padre en voz alta. Esa vulnerabilidad, además de la precariedad y mil cosas que arrastra, junto al deseo de tener un amor romántico, provoca que cuando conozca a Jaime pase un montón de señales por alto.
«… pero no sabía cómo enfadarme con Jaime sin que todo se volviese en mi contra». Una de las fases del vínculo traumático es la resignación y sometimiento, donde, para evitar el conflicto, la víctima cede cada vez más y actúa como el abusador quiere. Puede aparentar que todo va bien mientras en realidad se normaliza la violencia. Creo que todas conocemos a alguien cercano con experiencias muy parecidas, o iguales a esta. En su caso, ¿cómo ha sido el proceso?
Además de por experiencias de mis amigas y alguna propia, también estuve con un sicólogo porque cuando lo vives desde dentro no entiendes muy bien lo que está pasando. Marina no entiende de donde viene el castigo y aprende a base de eso, y así es como ella aprende donde tiene que parar: que no puede salir de fiesta, que no puede ver a su mejor amiga…, de ahí el epígrafe del libro cuando asegura que «no sabemos que podemos amar y odiar lo que no entendemos» , y eso le pasaba a la protagonista. Yo necesitaba la visión experta porque me costaba mucho entender a Marina. Cuando escribía tenía clara la trama, sabía cómo iba a acabar, pero no como empezaba. Él tiene las herramientas para hacerlo y juega con las inseguridades de ella para llevarlo a cabo.
Un narcisista de libro, vaya…
Sí, todas conocemos a uno o a varios. Yo estaba dibujando a un Jaime que por suerte no conozco, pero sí que es como una unión de muchos hombres que sí conocimos. Ellos actúan de manual, aunque no lo tienen, pero dentro de su narcisismo actúan así, y tienen las claves de cómo hacerlo. Les dimos el poder y la sociedad no les señala. Nadie advierte, nadie les dice nada, y siguen siendo esos hombres tan carismáticos.
¿Por qué eligió este tema?
Fue durante un verano, mientras leía el libro de Carmen María Machado ‘En la casa de los sueños’, donde se hablaba de una relación entre mujeres donde había maltrato. Yo, sí había leído sobre maltrato en libros de ensayo, pero no en una historia novelada. Me pareció muy necesario contarlo así porque no todas las mujeres tenemos acceso a los ensayos. Tenemos que hacer productos de entretenimiento: series, películas, novelas, canciones… que relaten esas cosas, de fácil acceso para que nos permitan reflexionar sobre ello. Y una vez que leí ese libro de María Machado, no solo entendí que era muy necesario, sino que me desbloqueó muchos recuerdos. Historias que sepultas porque es más fácil salir adelante así. Creo que a mi alrededor había relaciones donde hubo gestos tóxicos y de maltrato que no las pudimos hablar porque no las supimos reconocer. También era un reto porque al final hablar de algo que apenas es visible, que apenas percibe la propia víctima y que es tan difícil demostrar, me parece muy interesante. Es muy interesante poner palabras a algo que apenas se ve.
¿Cómo se conjuga en el mismo texto la frescura con la crudeza?
Sí, cuando empecé a escribir me salió una mezcla entre mi edad, la edad de Marina, la protagonista, un nihilismo que heredé de leer mucha poesía durante toda mi vida, y el querer hablar de las partes más oscuras que no quería que fueran tan explícitas y jugar con esas imágenes que me hicieran llegar allí. Lo difícil fue avanzar en la novela e ir quitando ese nihilismo porque ella también va madurando, y se va dando cuenta de ciertas cosas y yo ir quitando cierto lenguaje romántico y naif.
“Has cambiado. Estás muy entera. Te noto muy segura. Ya no eres la misma”. Un claro ejemplo de ese no dejar ir, ni dejar ser…
Jaime la encuentra entera pese a todo estando quieta frente a él sin ceder, y eso hace que le choque, ¡que duro tiene que ser que la seguridad de una persona sea un defecto! Ya no puede hacer con ella lo que quiera. La forma que tenía de hacerle ver que la quería era haciéndole daño. Marina piensa que la ruptura es la solución, pero empieza la fase del acoso.
La víctima, se encuentra en pleno duelo por la muerte de su padre, ¿la vulnerabilidad se palpa?
Sí, yo creo que sí, porque al final un Jaime sabe que con una persona que esté segura de sí misma, que tenga la lucidez de saber con quién se está relacionando, casi seguro que se dará cuenta de quien es él. La vulnerabilidad le ofrece más facilidad para entrar en sus heridas. Necesita alguien de quién aprovecharse.
¿Qué ha aprendido como mujer y qué le gustaría que aprendiéramos las demás?
Yo aprendí a perdonar a Marina y por lo tanto a perdonarme a mí, a mis amigas por entrar en relaciones así, porque estábamos convencidas de que las culpables éramos nosotros, y entendí que son personas que quieren hacer daño en momentos donde tú estás débil. Eso me alivió mucho la vida. No solo entre nosotras nos culpamos, sino que socialmente siempre ponen el foco en nosotras. Me gustaría que las lectoras se quedaran con la esperanza de que se puede salir, y que podemos recuperarnos a nosotras mismas. También, que tomaran notas de esas señales que puedan estar ahora, pasando por alto.
¿Cómo está siendo el feedback con las lectoras?
Me está gustando muchísimo. Hay chicas que estaban empezando una relación, justo leyeron la novela, y vieron lo que se les venían encima. Me escriben también porque están pasando por duelos, porque tuvieron relaciones de maltrato parecidas o idénticas, y también las amigas de posibles víctimas. Es muy bonito saber que han encontrado un refugio en esta novela.
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