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ENTREVISTA

Pilar Galán estrena nuevo libro: "Coger el coche y hacer 200 kilómetros para ir a un pueblo, eso es hacer literatura en Extremadura"

La escritora extremeña da voz a lo cotidiano, a eso que ocurre mientras uno carga con 'El peso exacto de los días'. Un viaje por la infancia en los pueblos, la mirada desde la periferia y la dificultad de construir en un mundo cada vez más fugaz

Parte de la entrevista a Pilar Galán, con motivo de la salida de su nuevo libro

Jorge Valiente

Rocío Muñoz

Rocío Muñoz

Cáceres

Pilar Galán es escritora, profesora, columnista de este diario y académica numeraria de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes. También una firme defensora del mundo rural, de la región, porque "desde la periferia siempre se mira de otra forma". En sus ratos libres escribe, esta vez una obra de microrrelatos; esas grandes historias condensadas en pocas líneas, capaces de iluminar la mente y la mirada sobre cómo se entiende la vida. 'El peso exacto de los días' es ese con el que uno carga en un mundo cada vez más fugaz. En este viaje literario, la autora recorre una infancia marcada por los primos de Francia que llegaban al pueblo, la prisa de la rutina que puede borrarse de golpe con un contestador automático y lo importante que pueden llegar a ser los zapatos de una madre.

En los relatos conviven lo cotidiano con un tono de tragedia, a veces de ternura, pero siempre hay una parte de crueldad y un giro final. ¿Qué quería mostrar con ese contraste?

Mi último libro, que publiqué hace tres años, era una historia sobre mi madre, sobre el duelo, su fallecimiento y qué se hace después. Pensaba que tras hablar de mí no tendría mucho más que contar, pero es que la realidad está tan mezclada con la ficción que es imposible no ponerse a escribir, porque suceden cosas que parecen inventadas. Por eso aparece esa mezcla de cotidianidad y tragedia; es la vida misma. Como decía Monterroso, a quien admiro, "los cuentos buenos siempre son tristes" porque reflejan la vida. Creo que los escritores somos gente que mira y cuenta. Mirar el mundo como si fuera nuevo es difícil, pero hasta de conversaciones que escucho por la calle salen historias, es como si de pronto encontrases un hilo del que tirar y, cuando sale bien, qué bien sale. Muchas escenas cotidianas son muy tristes, es el motivo por el que hay tantos microrrelatos protagonizados por personas mayores; tienen ese punto de niñez que aporta ternura, pero también están la soledad y la tragedia: los niños crecen pero los ancianos no, y eso es desolador.

El título 'El peso exacto de los días' define a la perfección el mensaje de cada historia. ¿Cuál es ese peso con el que cargamos?

Hay un refrán que me encanta, y dice que los días son lentos, pero los años son rápidos. El día a día es muy lento y construir las cosas se hace cada vez más pesado bajo la inmediatez de que todo tiene que ser aquí y ahora. Es el peso exacto de los días porque no sabemos cargar con ellos, no sabemos vivir sosegados: acaba Halloween, llega el Black Friday, luego la Navidad… Al final tenemos encima una condena, es como el mito griego de Sísifo que habla del castigo de empujar piedras cuesta arriba eternamente. Sin embargo, cuando miras atrás se tiende a pensar en lo rápido que ha pasado el tiempo, pero no ha sido así.

Muestra personajes y lugares comunes, ¿hay algo de autobiográfico?

Al final todo el mundo tiene una vida cotidiana, hasta los grandes amores acaban yendo a comprar al supermercado. Hay un cuento que sí es autobiográfico: 'El orden natural de todas las cosas'. Cuando tienes que vaciar la casa de tus padres, los objetos se cargan de simbolismo y unos zapatos ya no son solo eso, son los zapatos de tu madre. También hay otro, 'Contestador automático', en el que hablo de un buzón de voz que venía incorporado al teléfono fijo y cuando no marcabas el número de alguien, en lugar de colgarse, te decía: "Tienes tres mensajes nuevos". Una vez me ocurrió, y escuché la voz de mi padre, que había muerto hacía dos años. Eran los últimos mensajes que me dejó... Cosas cotidianas, "hija, ¿vas a llevarme al médico a las cuatro?". Ese día tenía mucha prisa, y me quedé petrificada.

Muchos fragmentos respiran Extremadura, incluso cuando no se menciona. ¿Qué papel juega la tierra en su forma de mirar y escribir?

Creo que he encontrado el sitio justo para escribir. Aquí hay muchísimo que contar y un ritmo que lo permite. Si cada día hiciera hora y media de cercanías para ir al trabajo, tendría otra mirada. En literatura parece que hablar de Nueva York y de las grandes ciudades da prestancia al texto, como si las novelas tuvieran que ser muy modernas, pero en los pueblos es donde está la vida de verdad. Eso de 'pueblo pequeño, infierno grande', pues a veces también paraíso. Yo la infancia que he tenido en Extremadura difícilmente la podría haber tenido en una ciudad, y eso marca. El último cuento habla de 'Los primos de Francia', de cuando venían los hijos de emigrantes a mi pueblo, son historias que vienen de la infancia rural. De hecho, este libro también es un homenaje a mis alumnos de talleres literarios y muchos cuentos empiezan con frases que proponía como ejercicio. Descubres joyas en gente que no sabe que sabe escribir y solo necesita dar el salto.

¿Hay espacio real para contar desde la periferia?

Claro que sí, hay escritores haciendo cosas maravillosas, en la periferia el mundo se mira de otra manera. Y el mundo rural no es que esté de moda, sino que empieza a contarse bien. Pienso, por ejemplo, en David Uclés o Jesús Carrasco, autores que escriben sobre lo rural, que está lleno de posibilidades. Muchos pueblos están llenos de ese realismo mágico que las novelas urbanas no pueden tener, porque los ojos de las personas que viven en el campo no son los mismos.

La editoral de todos sus libros es extremeña y la privada más longeva de la región. ¿Qué significa formar parte de ese catálogo tan ligado a la literatura regional?

Hacen una labor imparable. Dan voz de verdad a autores de aquí, aunque lo fácil sería publicar nombres de fuera; apostar por lo que se hace aquí es complicado, y además es una editorial privada. Me preguntan por qué no publico con editoriales más grandes, pero cuando te tratan así, ¿para qué cambiar? Quizá tendría más lectores, pero no me cuidarían igual. Formo parte de un proyecto 100% extremeño, y es para quitarse el sombrero. Son personas que saben que escribir en la región es coger el coche y hacer 200 kilómetros para ir a un pueblo, eso es hacer literatura en Extremadura.

El libro es un conjunto de microrrelatos en los que la historia está muy condensada. ¿Por qué eligió el formato breve? Es más complicado.

Lo es. Juan José Millás dice que escribe novelas para poder volver a los cuentos. Los cuentos son difíciles, requieren ese chispazo que puedes cazar y transcribir, pero es como encender una cerilla, ese calorcito que enseguida se apaga, pero te deja la quemazón en los dedos, el recuerdo de ese calor. Me encanta esa imagen para el microrrelato. Además, me interesa que el lector participe, que intente averiguar qué ha ocurrido entre líneas, los finales abiertos. Los microrrelatos invitan a continuar, pueden crecer.

Vivimos en una sociedad que idolatra lo nuevo y lo efímero. ¿Cree que la rutina, ese hilo que sostiene los días, está perdiendo su lugar en lo cotidiano?

Las grandes pasiones nacen de lo cotidiano. Ahora ni siquiera tenemos tiempo para las grandes pasiones, porque hay que alimentarlas y se van gestando. Madame Bovary se enamora por aburrimiento, como Anna Karénina; ahora no nos dejamos aburrir. Todo surge de lo cotidiano y si no te centras en ello, estás perdido... Buscar siempre la sorpresa te deja sin aliento. Aunque el microrrelato sea un género rápido, como nace de la rutina, va iluminando poco a poco, son como señales en el camino.

Quizá en este mundo acelerado y dominado por la inmediatez solo quede espacio para el microrrelato...

Si así fuera, haríamos poesía, que es aún más breve. El microrrelato es difícil también para el lector porque exige haber leído, necesita ese bagaje para reconocer alusiones y completar sentidos. Por eso a mucha gente le gustan los 'novelones' en los que poder descansar la atención durante páginas sin perderse. Y está bien, no soy elitista: hay libros para cada momento. No hay que ponerse exquisitos, hay que leer. Un libro te lleva a otro y no puedes decirle a la gente "eso que lees está mal".

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