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Con sumo gusto

Don erre que erre

Quien insiste demasiado se vuelve cargante, quien no cede parece arrogante y, sin embargo, el mundo está lleno de avances nacidos del empecinamiento

Paco Martínez Soria en la película Don erre que erre.

Paco Martínez Soria en la película Don erre que erre. / Cine de Barrio.

Don Rodrigo Quesada, interpretado por el enorme -en sentido figurado- Paco Martínez Soria, es un comerciante, o industrial, o algo así, del Madrid antiguo. Una mañana acude a su banco a retirar 257 pesetas, pero un atraco producido en ese mismo momento le hace perderlas. No queda muy claro si se las roban al banco, o ya las tenía él en su posesión, pero la postura de Don Rodrigo es clara: el banco le debe 257 pesetas y no parará hasta lograrlo.

Para hacer este resumen me he visto el tráiler de este filme de 1970, bastante hecho a medida del actor. Deja claro, desde el minuto uno, que es ‘un personaje con el que usted se sentirá plenamente identificado’. Por lo tanto, Don erre que erre era Paco Martínez Soria, pero también quería ser todos los españoles. Igual buscar la complicidad de todos era algo pretencioso, pero se dieron cuenta de que eso vende mucho. Lo mejor sin duda del tráiler es: «no es una película antibélica, ni underground, ni pop». Canelita en rama. Sería fantástico analizar cada fotograma de esta obra maestra del séptimo arte, pero sí lo haremos del perfil del protagonista, el gran obstinado.

El cliente

La reflexión me viene de una curiosa llamada que recibí durante el fin de semana que estuve en Málaga en la Comic Con, que bien podía estar patrocinada por Tulipán Negro. Un antiguo cliente, para mi sorpresa transformado en contrario, al ser el administrador de una SL demandada por el menda que suscribe, me contacta con el heroico fin de que se haga justicia. Evidentemente no puedo contar el menor detalle del asunto, pero la cosa es que, aun ofreciéndole un acuerdo realmente bueno, que a poco que se asesore vería que en sede judicial no va a conseguir más, no se planteó ni remotamente pactar. Luego, haciendo memoria, recordé que, en efecto, esta persona ya llegó hasta el final en su día por sus 257 pesetas. Descartado el móvil del dinero, ¿qué mueve a esta gente a hacer el canelo de esas maneras?

Marie Curie trabajó años en un tinao destartalado separando toneladas de pechblenda hasta aislar el radio. Perdió la salud, pero no la fe en su experimento. Si hoy hablamos de radiactividad, es gracias a su tozudez casi suicida

Dejando atrás al cliente y volviendo al Don erre que erre genérico, hay que reconocer que la obstinación tiene mala prensa. Quien insiste demasiado se vuelve cargante. Quien no cede parece arrogante. Quien no cambia de idea es tachado de dogmático. Y, sin embargo, el mundo está lleno de avances nacidos del empecinamiento.

Marie Curie trabajó años en un tinao destartalado separando toneladas de pechblenda hasta aislar el radio. Perdió la salud, pero no la fe en su experimento. Si hoy hablamos de radiactividad, es gracias a su tozudez casi suicida. Claramente una Doña erre que erre radiactiva. Ni que decir tiene la cantidad de leches que se dieron los Hermanos Wright hasta conseguir volar durante doce segundos, el primer vuelo controlado de la historia. Lo de controlado me gustaría haberlo visto… Los vemos muy solemnes en sus fotos sepia, pero nuestros antiguos iban loquísimos por la vida, y más si tenían un propósito.

¿Épica o ego?

He aquí el dilema, sufrido lector. Vaya por delante que la mayoría que se empecina en algo es por la pasta, y mas si contrata servicios legales, que no son precisamente baratos (gracias Diosito). Pero de vez en cuando los de mi gremio nos topamos con alguien que, sabiendo que no le mueve el dinero, se empeña en llegar hasta el final, no transigir ni un céntimo o ni un centímetro de finca sin Don erre que erre viene del medio rural, que es un enorme bastión para esta tribu urbana. En estos casos yo siempre me hago la misma pregunta, que es lo que quiero plantear hoy a los miembros de El Club del Pijama*, les mueve la épica búsqueda de la Justicia con mayúscula, ¿o les mueve su ego? Yo no tengo la respuesta. Si alguien la tiene, por favor que la deje en la caja de comentarios o la mande a la redacción y entrará en el sorteo de una camiseta de Caja Duero.

Claro que no todo es épico. Muchos confunden la perseverancia con el orgullo herido. En nombre de la coherencia, seguimos en guerras perdidas. Nos obstinamos en relaciones rotas, empresas inviables, juicios imposibles, solo por no admitir que nos equivocamos.

La pobre, o no pobre, ganadora de un Nobel Marie Curie podría haber ingresado en los X-Men con tanta radiación a cuestas. La turra que debió dar por Europa Colón para que alguien le financiara su suicidio marítimo. Por estas gestas, y otras no tan enormes, tenemos el corazón partío, como decía Alejandro Sanz, con la gente tan sumamente cabezona.

Quizá el secreto esté en mantener una obstinación inteligente, una testarudez que sepa a quién sirve. No se trata de ser inflexibles, sino de tener principios. Porque, al final, todos tenemos un poco de Don erre que erre dentro. Lo que marca la diferencia es en qué lo gastamos, si en demostrar que teníamos razón o en hacer que algo valga la pena. Al fin y al cabo, si nadie lo intentara, todavía estaríamos esperando que un joven Alejandro Sánchez Pizarro, con su terquedad, publicara Viviendo deprisa, y en él, la canción del accidente.

*El Club del Pijama es el grupo de lectores, librepensadores, que cada domingo llega al final de esta página. Bienvenido/a si eres nuevo/a.

El autor es abogado, director de Dereccho Abogados en Cáceres y presidente de la Asociación de Usuarios y Consumidores de Extremadura (Acuex)

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