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Con sumo gusto

La soledad: aislamiento autoimpuesto o condena

La soledad se entiende como el sentimiento prolongado, desagradable e involuntario de no estar relacionado significativamente o de manera próxima con alguien

Soledad.

Soledad. / EL PERIÓDICO

¿Alguna vez te has sentido aislado aún estando rodeado de personas? ¿Te gustaría entender por qué a veces disfrutas de la soledad y en otras ocasiones te provoca profundos sentimientos de tristeza? En este artículo daremos respuesta a estas preguntas y a otras. Sin embargo, la soledad no había tenido tanto protagonismo en nuestros días como en la pandemia, casas y hogares rodeados de personas solas, encerradas en sus propias burbujas de aislamiento, personas de todo tipo de clase social y condición, algunas con largas enfermedades y dolencias, víctimas de su propio aislamiento del mundo. La soledad, cuando es autoimpuesta por voluntad propia, se convierte en refugio, pero cuando es obligada es una condena perpetua. En estas líneas profundizaremos en ella para conocerla un poco mejor.

En aquellas ocasiones en las que la soledad se produce durante un espacio de tiempo largo, puede resultar doloroso para el individuo y experimentar una condición desagradable, que incluso llega a causar en las personas depresión, aislamiento y reclusión. Por ello es importante detectar nuestros sentimientos y distinguir los tres tipos de soledad ante los que nos podemos encontrar.

Soledad protectiva. Aquí concebimos la soledad como algo positivo y de carácter voluntario. No debemos detectarla como un síntoma de alarma ya que el individuo utiliza la desconexión como fuente de experiencia y enriquecimiento personal. O como decía Federico García Lorca, poeta y dramaturgo español, «la soledad es la gran talladora del espíritu».

Soledad emocional. Se desencadena por el fallecimiento o separación de nuestros seres queridos y personas relevantes en nuestra vida. El sufrimiento al que una persona se enfrenta ante una pérdida es irremplazable, aunque no irreparable.

Soledad interna. Un término que describe al individuo como emocionalmente aislado, a pesar de tener una red social normal. En este estado, el individuo carece de una relación íntima con una figura de apego (siendo ésta la principal causa de su malestar) o por la falta de lazos con un grupo social cohesivo de pertenencia (una red social de amigos o una organización vecinal).

Las causas

Hoy en día muchas personas sufren de soledad debido a un amplio abanico de razones, muchas de ellas originadas por el estilo de vida que nos impone la sociedad: las crisis económicas, el consumismo, el desempleo, la inseguridad, la necesidad de emigrar a otro país para estudiar y/o trabajar, no tener un grupo de apoyo, entre otras.

Hay también causas internas o personales: dificultad para estar solo, habilidades sociales deficientes, patrones cognitivos disfuncionales o como mecanismo de defensa relacionado a situaciones traumáticas previas. También hay causas externas o situacionales, como carencia de recursos sociales, económicos o demográficos.

Síntomas de la soledad

Mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares: La falta de contacto social y el aislamiento pueden aumentar la probabilidad de desarrollar enfermedades del corazón. La soledad crónica puede elevar la presión arterial y elevar el estrés, lo que puede tener un impacto negativo en la salud cardiovascular.

Aumento de enfermedades crónicas: La soledad no deseada puede contribuir al desarrollo y empeoramiento de enfermedades crónicas, como la diabetes y la artritis. La falta de apoyo social puede influir en la adherencia al tratamiento médico y de estilo de vida, lo que puede agravar estas condiciones de salud.

Mayor riesgo de caídas y lesiones: El aislamiento social puede afectar la movilidad y la seguridad de las personas mayores. La falta de interacción social y actividad física puede disminuir la fuerza muscular y el equilibrio, aumentando así el riesgo de caídas y lesiones.

Debilitamiento del sistema inmunológico: La soledad no deseada puede tener un impacto negativo en el sistema inmunológico de las personas mayores. La falta de contacto social y apoyo emocional puede debilitar la respuesta inmune, aumentando la susceptibilidad a enfermedades e infecciones.

Estrategias de afrontamiento

Reconocer los sentimientos que nos llevan a estar aislados: A través de la terapia cognitivo-conductual, identificamos las emociones que nos llevan a estar aislados para poder abordarlas a través de acciones.

Conservar y cuidar las relaciones con amigos y familias: Aunque los síntomas de la soledad nos hayan llevado a la depresión y el aislamiento, programar salidas con amigos y familiares, aunque al principio sean obligadas, paliarán sustancialmente los síntomas.

Fomentar la participación en actividades comunitarias: Incentivar a las personas a involucrarse en actividades sociales y recreativas en su comunidad puede ayudar a crear lazos y conexiones significativas.

Implementar programas comunitarios: La creación de programas dirigidos específicamente a conectar a personas mayores puede ser de gran ayuda para combatir la soledad. Estos programas pueden incluir actividades grupales, salidas culturales, eventos deportivos u otros encuentros sociales.

Buscar apoyo profesional: En algunos casos puede ser necesario buscar ayuda de profesionales capacitados, como terapeutas o asistentes sociales. Estos profesionales pueden brindar apoyo emocional, proporcionar herramientas para afrontar la soledad y ofrecer recursos adicionales.

Utilizar las redes sociales pero de forma moderada: Un uso limitado de las redes sociales para conectar con personas que están en la misma situación que nosotros nos ayuda a nivel personal y emocional, teniendo presente que un contacto físico directo es más importante que el virtual.

Para cualquier consulta sobre la soledad se puede escribir al correo electrónico mluzmilagros@gmail.com

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