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Análisis regional

Disclímax en el desarrollo de Extremadura

La comunidad configura un ecosistema sociopolítico que se reproduce: dependencia crónica del empleo público, escasa diversificación productiva, debilidad del tejido empresarial, migración sostenida de capital humano, envejecimiento y bajo nivel de renta relativa

Una persona mayor pasea por una calle de Alcuéscar.

Una persona mayor pasea por una calle de Alcuéscar. / CARLOS GIL

Jesús Ramírez Muñoz

Jesús Ramírez Muñoz

En ecología, una comunidad clímax es aquella que ha alcanzado un estado metaestable de equilibrio dinámico con las condiciones ambientales de su entorno. Este clímax no implica inmovilidad, sino una estabilización de procesos sucesionales que ya no tienden a cambios estructurales, sino a la autorreproducción continua del sistema. En analogía con esta noción ecológica, se puede postular que determinadas comunidades humanas, en contextos histórico-políticos específicos, alcanzan formas de clímax que no necesariamente son positivas. Algunas regiones pueden fijar un estado de equilibrio político, cultural y del desarrollo caracterizado por un escaso dinamismo, poca diversidad funcional y resistencia al cambio: un clímax tóxico autopoietico (Maturana&Varela, 1980). ¿Se puede permanecer en un equilibrio desadaptativo y pensar en futuro?

¿Cómo interpretar que la mayoría de los jóvenes y los mejor formados quieran marcharse de Extremadura a pesar de la incertidumbre que este hecho les genera?

Extremadura constituye un caso paradigmático de este fenómeno, ya que la región no ha experimentado una dinámica de desarrollo sostenido. En cambio, ha configurado un ecosistema sociopolítico que se reproduce desde hace décadas con escasas variaciones estructurales: dependencia crónica del empleo público —donde el problema no es el empleo público, sino la dependencia estructural—, escasa diversificación productiva, debilidad del tejido empresarial, migración sostenida de capital humano, envejecimiento poblacional y un bajo nivel de renta relativa (Instituto Nacional de Estadística [INE], 2001, 2008, 2022, 2024). Estos elementos no son simples indicadores coyunturales, sino que conforman una estructura autorreferencial que tiende a mantenerse mediante mecanismos de reproducción interna. ¿Quién se beneficia realmente de que nada cambie en Extremadura?

La teoría de la autopoiesis

La teoría de la autopoiesis es útil para interpretar este tipo de sistemas sociales. Maturana y Varela definieron originalmente los sistemas autopoiéticos como aquellos que se autoconstituyen y autorreproducen a partir de sus propios componentes (Maturana& Varela, 1980). Niklas Luhmann adaptó este modelo al análisis sociológico, proponiendo que los sistemas sociales no reaccionan directamente al entorno, sino que seleccionan e interpretan sus perturbaciones en función de sus propios códigos internos (Luhmann, 1984). Así, una región como Extremadura puede encontrarse en un equilibrio empobrecido sin experimentar rupturas internas. Mientras sus estructuras de poder, marcos institucionales y pautas culturales se mantengan operativas, el sistema seguirá funcionando, aunque sea a costa de una constante pérdida de población, creatividad e iniciativa. ¿Es sostenible un modelo que mantiene sus estructuras aunque pierda a su gente?

Los datos demográficos ilustran esta situación con claridad. Desde 1970, la población total de Extremadura ha disminuido, pasando de 1.169.335 habitantes a 1.053.410 en 2025 (INE, 2001–2024). Además, la población se ha envejecido: la edad media ha aumentado de 33,9 años en 1975 a 45,8 en 2024. Por otro lado, las pequeñas localidades con menos de mil habitantes han crecido en número, pasando de 186 en 2001 a 278 en 2022, consolidando un patrón de dispersión rural extrema con bajos niveles de servicios e infraestructura. Este vaciamiento demográfico supone una reconfiguración territorial que condena a determinadas regiones a formas de disclímax en el desarrollo, entendido como comunidades humanas sostenidas artificialmente en contextos de estancamiento estructural. ¿Cómo interpretar que la mayoría de los jóvenes y los mejor formados quieran marcharse a pesar de la incertidumbre que este hecho les genera?

El análisis de la renta bruta media por tramos de población en Extremadura muestra una pauta sistemática de desigualdad respecto al promedio nacional en 2022. En municipios de entre 50.001 y 100.000 habitantes, la renta media es de 28.593 €, frente a 32.724 € del mismo tramo a nivel estatal. En municipios de 20.001 a 50.000 habitantes, la renta extremeña es de 24.937 €, mientras que la media española asciende a 28.881 €. La brecha se amplía en municipios más pequeños: entre 1.001 y 5.000 habitantes, Extremadura registra 19.075 €, frente a 24.606 € de la media nacional (INE, 2022).

La renta neta per cápita

La renta neta per cápita ha mantenido desde 2008 una diferencia estructural respecto a la media nacional, oscilando entre 2.400 y 2.900 euros, sin señales de convergencia real. Esta disparidad no es una anomalía estadística, sino el síntoma persistente de un modelo regional cuyo desarrollo se mantiene más por dependencia estructural que por innovación transformadora. ¿Cómo afecta a los extremeños que su renta esté sistemáticamente por debajo de la media nacional?

El análisis comparativo con otras comunidades autónomas refuerza esta interpretación. Se observa una clara correlación entre los niveles de renta bruta y neta per cápita y la presencia y tamaño de centros urbanos en el territorio. Las comunidades que cuentan con una o más ciudades de más de 300.000 habitantes registran niveles de renta más elevados y menor dispersión entre diferentes tramos poblacionales. La aglomeración urbana genera sinergias productivas, mayor dinamismo en el desarrollo y una mayor capacidad para atraer inversión, talento y servicios avanzados (INE, 2022).

En contraste, las regiones sin grandes polos urbanos —como Extremadura, Castilla-La Mancha o La Rioja— exhiben estructuras de desarrollo más frágiles, mayor fragmentación territorial y una clara dependencia de sectores públicos o subvencionados, lo que limita su capacidad de transformación. Esta situación se vuelve aún más crítica en comunidades como Extremadura, que no solo carecen de grandes núcleos urbanos, sino que presentan una población envejecida, dispersa y una dinámica de desarrollo poco eficaz.

Así, la presencia o ausencia de ciudades de más de 300.000 habitantes emerge como una variable clave en la configuración de los niveles de renta y oportunidades. Las megaciudades actúan como nodos de redistribución de recursos, innovación y desarrollo, mientras que la ausencia de tales centros limita el potencial de crecimiento de las regiones periféricas, donde esta forma de estabilidad adaptativa solo perpetúa el estancamiento. ¿Se puede asumir un modelo que se ha demostrado incapaz de generar convergencia y no hacer nada radicalmente distinto?

Un sistema cerrado

El resultado es un sistema autopoiético regional que se reproduce a través de sus propias estructuras institucionales, culturales y de desarrollo (Maturana&Varela, 1980; Luhmann, 1984). Desde la perspectiva de la teoría autopoiética, Extremadura puede entenderse como un sistema cerrado sobre sí mismo en términos de reproducción funcional: mantiene su equilibrio interno, pero limita la entrada de nuevas dinámicas que podrían perturbar el orden establecido. ¿Qué temen exactamente quienes bloquean nuevas dinámicas del desarrollo?

Frente a este diagnóstico, la superación del estancamiento requiere una intervención profunda, no solo en el desarrollo económico, sino también estructural y simbólica. La apuesta por un desarrollo territorial policéntrico es necesaria y no incompatible con una ciudad grande, sino todo lo contrario: articular redes entre áreas urbanas intermedias y rurales, aumentar la inversión en educación, infraestructuras, conectividad digital y sistemas de innovación, y fomentar ecosistemas productivos resilientes adaptados al contexto local. Solo así se podrá romper el ciclo autorreferencial del sistema, impulsar nuevas formas de autopoiesis regional basadas en la transformación y construir un horizonte de cohesión territorial, sostenibilidad y justicia social para nuestra gente. ¿Habrá propuestas políticas a la altura del reto? Tenemos una certeza: la forma de hacer política a todos los niveles y en todos los planos debe cambiar de raíz, haciendo del conocimiento, el debate constructivo, la participación operativa de la sociedad civil, la iniciativa y la creatividad los arietes para descabalgar a la inoperancia, al “sí guana”, al servilismo autocomplaciente y a las ocurrencias; ¿no?

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