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20 años después

El periodista Jeremías Clemente rememora la génesis de Canal Extremadura: "Fue surrealista, pero bonito"

Bajo la premisa de la austeridad y la independencia informativa, el equipo fundacional de la televisión extremeña pública se enfrentó a la escasez presupuestaria y a la necesidad de subsanar errores previos en otras cadenas autonómicas

Pablo Sánchez, Gaspar García Moreno y Jeremías Clemente, directivos de Canal Extremadura en sus inicios.

Pablo Sánchez, Gaspar García Moreno y Jeremías Clemente, directivos de Canal Extremadura en sus inicios. / Cedida

Laura Alcázar

Laura Alcázar

El periodista Jeremías Clemente rememora en una publicación en sus redes sociales la génesis de Canal Extremadura, hace 20 años, como una experiencia que se sintió tan improbable como la escena de la película Notting Hill, donde un librero es besado por una estrella de cine, un momento que describe como "surrealista, pero bonito". Esta es la analogía que el veterano comunicador, hoy jubilado, utiliza para describir el desafío que él y sus compañeros, Pablo Sánchez y Gaspar García Moreno, afrontaron hace dos décadas: crear una radiotelevisión autonómica extremeña desde cero.

El encargo, que Clemente califica de "caramelo envenenado", se desarrolló bajo una doble presión: la extrema escasez presupuestaria y la necesidad de subsanar los errores del proyecto anterior, Canal Sur Extremadura, todo ello con "la sombra de los políticos [...] alargada y peligrosa", según detalla el periodista en su escrito.

Los tres directivos se enfrentaron al reto con una única credencial sólida: su experiencia como "periodistas a la vieja usanza", admitiendo sus carencias en áreas como la economía, la técnica o los asuntos jurídicos. Su guía fue la máxima de Rousseau: "Es una locura intentar ser sensatos entre aquellos que están locos".

Jeremías Clemente Simón

Jeremías Clemente Simón en una imagen reciente. / R. M.

Paisaje desolador

El contexto de las televisiones públicas autonómicas en 2005 era, según Clemente, "desolador". Menciona la grave situación de endeudamiento de cadenas como TV3, Telemadrid y Canal 9, y señala prácticas cuestionables en otras, como la falta de oposiciones en 20 años en Galicia o la alta proporción de personal de productoras en Aragón.

Frente a este panorama, el equipo fundacional de Canal Extremadura se comprometió a levantar un proyecto digno y creíble basado en la austeridad y la independencia informativa. Entre sus principales objetivos estaban: garantizar la cobertura de las señales de radio y televisión en la mayor parte del territorio; lograr una independencia informativa férrea frente a las presiones políticas; establecer pruebas de acceso por examen para la plantilla; y finalizar la construcción de la sede, un proceso en el que se involucraron con una dedicación casi manual.

En abril de 2005, el equipo se instaló en la "lúgubre" sede provisional de la antigua oficina de turismo de Mérida. El grupo inicial estaba compuesto por solo siete personas: los directores de CEXMA, radio y televisión, un abogado, una secretaria, una administrativa y el conductor.

Sin embargo, apenas seis meses después, se obró el "milagro". La radio comenzó a emitir, la televisión mostró sus primeras imágenes y la plantilla ascendía a unas cien personas, con los jefes de informativos, programación, emisiones y documentación ya trabajando para dar forma física a Canal Extremadura.

"Pequeño lujo necesario"

Frente a quienes argumentaron que una radiotelevisión para Extremadura era un "lujo innecesario", Clemente defiende que demostraron ser un "pequeño lujo necesario". Afirma que el ente ha contribuido significativamente a cohesionar la región, se ha mantenido como un ejemplo de rigor y pluralidad, y destaca que jamás ha incurrido en deuda, en gran parte gracias a la legislación que lo impedía.

Hoy, la entidad emplea a más de 300 personas y es considerado un medio de comunicación relevante. Jeremías Clemente subraya que el mejor patrimonio de la entidad es su plantilla, gente que cree en el servicio público. Y concluye citando la película Laura, con la frase: "No sé gran cosa de nada, pero sé un poco de todo". Un reconocimiento a la audacia que les permitió suplir la falta de conocimientos técnicos y empresariales con un profundo conocimiento del oficio y una abundancia de ganas. El mensaje final para sus compañeros es de optimismo: "¡No miréis atrás y sí hacía adelante!".

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