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Radiografía de Extremadura

Autopoiesis del clímax tóxico: un sistema que se protege para no transformarse

El peso del empleo público y la estructura universitaria simbolizan el equilibrio autorreferencial del sistema regional. Ambos garantizan la estabilidad, pero limitan el desarrollo, produciendo baja diversidad productiva y fuga de talento

Estudiantes a las puertas de uno de los centros de la Universidad de Extremadura.

Estudiantes a las puertas de uno de los centros de la Universidad de Extremadura. / EL PERIÓDICO

Jesús Ramírez Muñoz

Jesús Ramírez Muñoz

El empleo público en Extremadura constituye un pilar esencial del sistema socioeconómico regional. Con más de 103.500 empleados en 2024 para una población apenas superior al millón de habitantes (Ministerio de Hacienda y Función Pública, 2024), la región presenta una de las mayores densidades de trabajadores públicos del país. Este fenómeno trasciende su dimensión administrativa: revela una estructura económica y social profundamente dependiente del aparato institucional. En ausencia de un tejido empresarial diversificado y dinámico, la administración pública ha asumido un papel central como garante del equilibrio social, fuente de estabilidad laboral y principal mecanismo de redistribución de renta (INE, 2024).

El sistema autopoiético de la región se autorregula aumentando el empleo público y las subvenciones, compensando desequilibrios, pero limitando la innovación

Este modelo no genera el esperado efecto multiplicador. En lugar de fomentar el desarrollo económico, la centralidad del empleo público refuerza una lógica asistencialista que perpetúa el statu quo. El sistema autopoiético de la región se autorregula aumentando el empleo público y las subvenciones, compensando desequilibrios territoriales y sociales, pero limitando la innovación (Luhmann, 1998; Maturana &Varela, 1980). Esta estructura autorreferencial impide el cambio y mantiene la estabilidad a expensas de la transformación.

La Universidad de Extremadura

La Universidad de Extremadura (UEx) es un ejemplo de este modelo. Su dependencia del presupuesto regional, la débil vinculación con el sector empresarial y la limitada atracción de talento externo la integran en un círculo de autoconservación. Aunque cumple su función formativa, su impacto transformador sobre el entorno económico y social sigue siendo modesto. Muchos de sus egresados emigran a territorios con mayor dinamismo, perpetuando la fuga de capital humano (Fundación CYD, 2024).

Una clave: ¿Debería reconsiderarse el rol de la Universidad de Extremadura como institución formativa y como motor de innovación empresarial? Esta reflexión es crucial para el futuro del sistema socioeconómico de la región y la capacidad de la universidad para influir en el cambio estructural necesario. El presupuesto de la UEx para 2025 es de 209,66 millones de euros, un 5,5 % más que en 2024. Sin embargo, el 68,64 % de estos recursos se destina a gasto de personal (Universidad de Extremadura, 2025). Este gasto refleja la naturaleza pública de la institución y su limitada capacidad para generar ingresos propios a través de investigación o colaboración empresarial. Así, la universidad se mantiene estable, pero depende del sistema administrativo regional. ¿Puede una universidad que destina casi dos tercios de su presupuesto a gasto en personal cumplir su misión transformadora?

Institución consolidada

A pesar de ser una institución consolidada, los indicadores de la UEx muestran escaso impacto territorial. Con más de 2.100 investigadores, 207 grupos y 67.000 publicaciones, la universidad refleja su madurez académica. Sin embargo, su contribución al desarrollo regional sigue siendo marginal. Entre 2014 y 2024, la inversión en I+D+i en Extremadura fue de 418,49 millones de euros para 1.932 proyectos (FECYT, 2024), cifra residual con otras regiones. Este bajo nivel de inversión, combinado con la escasa participación privada, limita la transferencia de conocimiento generado por la universidad.

¿Por qué sigue siendo tan limitada la transferencia de conocimiento? ¿Qué responsabilidad tienen las instituciones empresariales en este proceso? ¿Deben replantearse las políticas de colaboración universidad-empresa para incentivar la inversión y cooperación en proyectos innovadores? Este modelo genera un bucle cerrado: la universidad produce capital humano y conocimiento, pero el sistema regional no tiene mecanismos para absorberlos de manera productiva. Los titulados se integran en el sector público o emigran, y los resultados de la investigación encuentran pocos cauces para aplicarse empresarialmente. Este proceso sostiene la estabilidad del «clímax tóxico», donde universidad y administración pública actúan como subsistemas interdependientes que priorizan la continuidad sobre el cambio.

Códigos internos

Según Luhmann (1998), los sistemas sociales se comunican mediante códigos internos que definen lo que es funcional. En Extremadura, estos códigos giran en torno a la estabilidad, el empleo público, las subvenciones y la burocracia. Estos mecanismos aseguran la supervivencia del sistema, pero limitan su capacidad de adaptación, impidiendo que perturbaciones externas generen innovación.

En este contexto, la UEx actúa más como un estabilizador que como un motor de cambio. Aunque simbólicamente se presenta como un referente del conocimiento y el progreso regional, su impacto real sobre la diversificación productiva es limitado. Esta falta de influencia se refleja en los rankings nacionales, donde la UEx ocupa posiciones medias o bajas en «transferencia de conocimiento», «internacionalización» y «contribución al desarrollo regional», frente a universidades de regiones como Madrid, Cataluña o País Vasco.

La ausencia de un entorno productivo dinámico convierte a la universidad en un subsistema cerrado, que refuerza la estabilidad del sistema sin generar disrupciones económicas. Se forma talento, pero no se transforma el entorno ni se transfiere el conocimiento. Mientras tanto, el empleo público absorbe parte de ese capital humano, manteniendo el funcionamiento básico sin promover su renovación.

Romper el ciclo

Romper este ciclo requiere un cambio estructural profundo que reoriente la autopoiesis del sistema hacia una modalidad adaptativa, introduciendo perturbaciones positivas que obliguen a la universidad a redefinirse. Estas perturbaciones pueden incluir inversión privada en I+D, consorcios universidad-empresa, programas de atracción de talento externo y una mayor inserción internacional.

A modo de ejemplo y en este marco, la colaboración estratégica con universidades hispanoamericanas en un contexto de cooperación internacional constituye un ejemplo de impulso que amplía la capacidad de adaptación del sistema, generando nuevas redes de conocimiento, fomentando la internacionalización de la UEx y creando canales adicionales para la transferencia tecnológica y la cooperación académica. Integrar estas relaciones en la estrategia institucional permitiría reconectar a la universidad con un ecosistema productivo más amplio, promoviendo innovación y diversificación productiva sin depender únicamente del empleo público o de la expansión de la propia institución.

Lazos históricos y culturales

Los lazos históricos y culturales presentes en este contexto posicionan a la UEx y a Extremadura como actores clave para fomentar sinergias que potencien nuevas oportunidades de financiación, atraigan talento y favorezcan la creación de empresas emergentes. Desde esta perspectiva, la UEx podría redefinir su rol institucional y convertirse en un motor de cambio que impulse la evolución regional, superando dinámicas de autoconservación y promoviendo una lógica de innovación, transferencia de conocimiento y desarrollo sostenido.

El reto consiste en desplazar la autopoiesis institucional de la lógica de conservación hacia la innovación. Romper el «clímax tóxico» requiere más que expandir la universidad o aumentar el empleo público: es necesario reconectar la UEx y el sector público con un ecosistema productivo que fomente colaboración, transferencia de conocimiento y empleo cualificado. La universidad debe redefinir su papel como agente estratégico de desarrollo territorial, convirtiéndose en un espacio de experimentación social, tecnológica y económica capaz de articular redes con empresas, administraciones y sociedad civil. El sector público debe pasar de amortiguador social a actuar como catalizador de la innovación, diseñando políticas que conecten inversión con resultados productivos. Así, la UEx puede impulsar cambio estructural regional, innovación y más desarrollo.

En síntesis, el peso del empleo público y la estructura universitaria de Extremadura simbolizan el equilibrio autorreferencial del sistema regional. Ambas garantizan estabilidad, pero limitan el desarrollo, produciendo baja diversidad productiva y fuga de talento. Superar el «clímax tóxico» exige reconfigurar la relación entre lo público, lo académico y lo privado, de modo que el conocimiento impregne la gestión política y se convierta en motor de transformación estructural. Este cambio debe desafiar las viejas dinámicas y forzar una renovación real del sistema, evitando la dependencia de modelos autolimitantes. ¿Transformarse o anquilosarse?

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