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Con sumo gusto

La paliza

Tenemos dos opciones: reaccionar al panorama que hay, y hacernos el harakiri todos a la vez, o centrar el debate en pequeños problemas cotidianos: la baliza

La baliza V16 sobre un coche.

La baliza V16 sobre un coche. / EL PERIÓDICO

La Batalla de Maratón enfrentó a los atenienses contra los persas en el 490 a.C., durante las Guerras Médicas. Atenas logró una victoria inesperada frente a un ejército persa mucho más numeroso. La noticia de esa victoria era vital: debía llegar a Atenas rápidamente para evitar que la ciudad se rindiera por miedo a un ataque persa directo.

Filípides era un hemeródromo, es decir, un corredor profesional encargado de transmitir mensajes. Etimológicamente viene a significar algo así como el que corre todo el santo día. El bueno de Filípides, caso de haber existido, que no está del todo claro, habría sido el primer runner conocido, solo que con indumentaria digna, quiero pensar.

La versión más popular cuenta que tras la victoria en Maratón, Filípides corrió unos 42 km hasta Atenas, exclamó “¡Nike!” (Victoria) y dobló la servilleta. La historia del pobre runner ateniense muestra cómo una noticia vital podía depender de la resistencia física de un solo hombre. En contraste con la saturación informativa actual, donde los mensajes se multiplican y se diluyen, en la Atenas clásica cada palabra transmitida tenía un peso trascendental: podía salvar una ciudad.

El verdadero problema: la Baliza V16

Llevo varios meses observando la duración del interés que despiertan las noticias mas importantes que nos llegan cada día o, más bien, cada minuto. Por mucho que estén en jaque las instituciones sobre las que se asienta nuestro estado de derecho, cada seísmo que azota nuestro ajado régimen apenas consigue captar la atención del personal unos pocos días, menos de una semana. Bien es cierto que hay mucha gente muy interesada en la política a la que le dura un poco más, lo que le dure la paliza que quieran dar; pero para el común de los mortales, el interés se agota como el fogonazo de una cerilla.

El famoso artefacto, la baliza V16, lleva ya más de un año como tema preferido de tu cuñado Zoilo para darte la paliza. Y como tu cuñado Zoilo, tu vecino, tu colega del bar o el compañero de trabajo, infumable: la baliza persiste durante meses, no se agota, sigue despertando interés y generando los debates que parece que realmente interesan a la población.

El personal está ya tan aburrido de macro escándalos políticos que hemos normalizado que el argumentario de los parlamentarios, de todos, se base en el “y tu más”. Estamos tan abrumados por un caudal de información, en gran parte ruido, que casos de corrupción o simples decisiones políticas, que ponen en jaque el estado de derecho, apenas nos afectan. Nuestro cerebro, como medida de defensa, va borrando según van entrando las nuevas. Los Eres que entran por los Gürtel que salen. No nos cabe mas morralla, hay que hacer hueco. Ya solo nos caben problemas menores: las balizas V16. Como población tenemos dos opciones: o reaccionar de manera lógica al panorama que tenemos, y hacernos el harakiri todos a la vez, o centrar nuestro debate en pequeños problemas cotidianos que podemos gestionar mejor: la baliza.

Conspiraciones manejables

Reformar el Código Penal para eliminar la responsabilidad penal a un prófugo de la justicia como pago a un apoyo parlamentario que, además, atenta contra los intereses de la nación, es una vulneración a la separación de poderes, amén de una traición al propio electorado. Menudo rollo, no merece ser comentado más allá de unos días, y a otra cosa mariposa. Pero queda la baliza, con la que tu colega del bar de abajo te da la paliza. La paliza que nos gusta. La baliza es el inicio del gran hermano, la vigilancia total de todos nuestros pasos. La baliza tiene un GPS conectado al pentágono que si no echas gasolina en determinadas gasolineras te mandan al Mossad. Puede que el 80% de las cosas que se comenten sobre la baliza sean autenticas gilipolleces, pero son nuestras gilipolleces, nuestros dramas llevaderos, algo que podemos gestionar. Y más divertido.

En un mes el fiscal general del Estado inhabilitado, un diputado al talego, el ejecutivo, sin apoyo del legislativo, llamando al pueblo a alzarse contra el judicial, y un exvicepresidente, ahora empresario de éxito, llamando a la violencia callejera desde Galapagar. Como comentario tomando el vermú esta bien, y tal, pero yo quiero baliza. ¿Sabias que con el IVA que se va a recaudar con las balizas se va a forrar la agencia tributaria? Más que con el IVA de los aguacates… Han ocultado el anuncio de que deben ser localizables para vender primero un montón de no localizables, y así favorecer los intereses de los miembros del Club Bildelberg, al que pertenecen la Reina Sofía, Zapatero y nuestro paisano Franquete.

La lectura que yo quiero hacer de que persista tanto la preocupación por chorradas como la baliza, y lo pronto que caducan los grandes escándalos, es que necesitamos descomprimir la mente de tantísima información atroz y poder hablar de algo. De algo que conocemos, que nos afecta a todos, cotidiano y gestionable. Fingimos que nos importa mucho eso del GPS y tal, pero en realidad nos importa un comino.

Sin embargo, hay otra lectura menos positiva, una realidad incómoda: somos una sociedad que amplifica lo pequeño y minimiza lo enorme. Que desconfía de un artilugio insignificante, pero tolera la corrupción. Que analiza normativas técnicas con pasión, pero se desconecta ante la degradación institucional. Que ríe, protesta, exagera y teoriza…, pero solo cuando el asunto es lo bastante pequeño para no intimidarnos.

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