El perfil
Robe, el genio irreverente y sin etiquetas
El creador placentino evolucionó como músico a un arte más técnico y sosegado y como persona se caracterizó por ser alguien siempre independiente

Robe, con su grupo de músicos extremeños en Madrid en 2016 / José María Ortiz

“Me sorprende que la gente diga que nuestro éxito es extraño, o peculiar, con un secreto que no se conoce. No lo entiendo. Un grupo que hace buenas canciones puede conseguirlo. No es tan difícil”. El malogrado Roberto Iniesta Ojea o, como él quería que le llamaran, Robe’, a secas’ (Plasencia, 16 de mayo de 1962, Plasencia, 10 de diciembre de 2025) explicaba así en una entrevista en El Periódico Extremadura parte de su particular filosofía alrededor de su triunfo. Existía entonces Extremoduro y llegaba con su grupo esa semana a Cáceres (mayo de 2014, estadio Príncipe Felipe) puede que su ciudad más icónica por las repetidas veces que ha iniciado giras en ella.
Robe se va siendo un referente cultural, pero sobre todo vital. Sus conciertos, con decenas de himnos obligados, los han paladeado mayores de 70 años, pero también adolescentes, mezclados en una saludable coexistencia en sus sublimes recitales. Y todos con el mismo sentimiento: la felicidad que transmitían (transmiten) sus temas. Su rock, ese arte casi furtivo que tanto le costó expander, incluso cuando en los 80 tuvo que hacer un ‘crowfounding’ de la época para su primer álbum, es absolutamente universal. Y todo ello, alimentado con una personalidad enigmática a veces, otras irreverente, fuera de modas y de estigmas siempre. Tanto que la Medalla de Extremadura que lució con tanto orgullo le fue concedida en la época del PP gobernando en su región (2014). A Robe no se le conocía adhesión política alguna. Él era muy mundano, sin etiquetas. Libre.
En casa
Este placentino universal ha vivido en diferentes partes de España (País Vasco, Andalucía), pero nunca ha renegado de sus raíces, tan radicalmente crítico con su tierra ya desde sus inicios de las ‘bellotas radiactivas’ de Almaraz o su icónico ‘cagüen dios, en Cáceres y en Badajo’. Y esa cercanía con su Extremadura la plasmó en nombres, los del grupo que creó en su última época, con músicos exclusivamente de la tierra: Álvaro Rodríguez, Alber Fuentes, David Lerman, Lorenzo González y Carlos Pérez. Con todos ellos se divirtió haciendo lo que le vino en gana: un arte respetado y admirado por músicos de cualquier condición y estilo.
Analítico, profundo, soñador… todo ello era Robe, capaz de hacer un alto en el camino para lanzar ‘El viaje íntima de la locura’, una novela histriónica que publicó en 2009 para dar rienda suelta a su inmenso talento como escritor, tantas veces plasmado en su faceta como músico.
Robe, remiso a conceder entrevistas, era cercano en el ‘cara a cara’, lo mismo que como persona. Amigo de sus amigos, explotó definitivamente como creador en su última época, de éxito universal, en ese grupo sobre el que se creó ese debate que él negó alimentar sobre quién fue mejor: Extremoduro o Robe. Tenía razón el genio: Robe fue Extremoduro; Extremoduro fue Robe. Y todo ello se ha visto en su evolución. Su música no suena igual ahora que en los 80. Ni falta que hace, dicen muchos de sus seguidores.
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