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Política

Neurobiología, experiencia social e identidad de clase: comprender la ideología política

La neurociencia muestra que la diferencia en ideología se refleja en patrones cerebrales relativamente estables. Los progresistas presentan más actividad en la corteza cingulada anterior. Los conservadores, mayor reactividad de la amígdala

Política.

Política. / Leonard Beard

Jesús Ramírez Muñoz

Jesús Ramírez Muñoz

La ideología política, habitualmente vista como un conjunto de convicciones morales y racionales, surge de la interacción entre predisposiciones biológicas, experiencias tempranas, estructuras sociales, trayectorias de vida e identidades de clase, que moldean la percepción del mundo. La neurociencia muestra que estas diferencias se reflejan en patrones cerebrales relativamente estables: quienes adoptan posturas progresistas presentan mayor actividad en la corteza cingulada anterior, asociada con tolerancia a la ambigüedad, apertura a la experiencia y flexibilidad cognitiva, y activación de redes de empatía y sensibilidad a la injusticia, traduciéndose en estilos de pensamiento exploratorios, creativos y analíticos, así como en un repertorio moral centrado en justicia y libertad (Amodio et al., 2007; Jost, Federico&Napier, 2009; Feldman&Johnston, 2014).

La movilidad social no determina automáticamente la ideología política, pues interviene la identidad de clase percibida

Por el contrario, los conservadores muestran mayor reactividad de la amígdala, necesidad de cierre cognitivo (respuestas claras, definitivas y sin ambigüedad) y sensibilidad a estímulos aversivos, reflejando preferencia por entornos predecibles y ordenados, procesamiento emocional orientado a la amenaza y estilos cognitivos más intuitivos que analíticos vinculados a normas y estabilidad, priorizando valores como autoridad y lealtad junto con justicia y orden (Kanai, Feilden, Firth &Rees, 2011; Oxley et al., 2008; Hibbing, Smith&Alford, 2014; Haidt, 2012).

Estas disposiciones no determinan el comportamiento individual, pero al interactuar con experiencias vitales y contextos sociales y educativos influyen en la cosmovisión y orientación política de cada persona. ¿Hasta qué punto tus ideas políticas reflejan quién eres, y no lo que otros esperan de ti?

En el temperamento

Estas predisposiciones surgen tempranamente y se reflejan en el temperamento, particularmente en la sensibilidad a estímulos amenazantes o novedosos, que predice moderadamente futuras orientaciones ideológicas. Estudios longitudinales (Kagan, 1988; Plomin&Daniels, 1987; Smith et al., 2011) muestran que los niños temerosos tienden a preferir entornos estructurados y normas claras, mientras que los exploratorios se inclinan hacia apertura y diversidad. En la niñez media, la disciplina familiar, la exposición a diversidad y las experiencias de seguridad o vulnerabilidad contribuyen a los primeros mapas cognitivos sobre justicia, autoridad y pertenencia. En la adolescencia, la reconfiguración neurobiológica, con aumento dopaminérgico y maduración del córtex prefrontal, amplifica la exploración de identidades y posturas ideológicas, favoreciendo tendencias progresistas, ¡hasta ahora! (Steinberg, 2005). En la juventud, experiencias laborales, responsabilidades económicas y consolidación de redes sociales estabilizan la identidad política, que suele volverse más conservadora con la edad por cambios cognitivos, emocionales y vitales (Cornelis et al., 2009; van Hiel&Brebels, 2011).

El entorno familiar influye decisivamente en la formación de la ideología política, no por vía genética, sino porque moldea los marcos con los que el individuo comprende la desigualdad, el mérito, la función de las instituciones y su lugar en la sociedad. El estatus económico del hogar condiciona la percepción de seguridad, esfuerzo y responsabilidad pública: familias con altos recursos transmiten valores meritocráticos y orientaciones económicas conservadoras, mientras hogares con recursos limitados generan mayor sensibilidad a la vulnerabilidad y la desigualdad, favoreciendo actitudes redistributivas (Lipset, 1960; Piketty, 2020).

Desarrollo del pensamiento crítico

El nivel educativo del hogar influye en el desarrollo del pensamiento crítico y la tolerancia a la diversidad, asociándose con posiciones culturales progresistas por la exposición a distintos discursos y prácticas de análisis abstracto (Inglehart, 1997; Hout, 2012). Finalmente, el estatus social reconocido por el entorno, más allá de los ingresos, condiciona aspiraciones, comparaciones sociales y sentido de pertenencia; capital cultural que determinan cómo se internalizan jerarquías sociales y orientaciones políticas (Bourdieu, 1984).

Los cambios de clase a lo largo de la vida afectan la ideología al modificar la seguridad percibida, las redes sociales y la relación con las instituciones. Cuando una persona asciende económica o profesionalmente, tiende a adoptar posiciones más conservadoras en lo económico, motivadas por la necesidad de proteger lo ganado y por un sesgo de auto-atribuirse el éxito al esfuerzo personal (Reeves, 2017). Al mismo tiempo, el ascenso conlleva exponerse a contextos urbanos, educativos y culturales más diversos, fomentando tolerancia a la diversidad y posturas culturales progresistas, como documentan los estudios posmaterialistas de Inglehart (1997). El resultado habitual es un perfil de conservadurismo económico combinado con progresismo cultural, frecuente entre profesionales urbanos y clases medias altas ilustradas, un fenómeno descrito por Fraser (2017) como “neoliberalismo progresista”.

La movilidad descendente

La movilidad descendente genera una ideología dual de progresismo económico y conservadurismo cultural. Quienes pierden ingresos, estabilidad o estatus desarrollan mayor conciencia de la desigualdad y apoyan políticas redistributivas, mientras que la amenaza, la ansiedad y la necesidad de orden refuerzan valores tradicionales y la pertenencia grupal (Norris&Inglehart, 2019; Hochschild, 2016). Este perfil es frecuente entre trabajadores precarizados y sectores empobrecidos que buscan protección económica y estabilidad simbólica, un patrón documentado en estudios europeos sobre populismo de derecha.

La movilidad social no determina automáticamente la ideología, pues interviene la identidad de clase percibida. Si tu clase de origen pesa más que tus ingresos, ¿quién controla realmente tu ideología? Muchas personas ascienden económicamente pero mantienen la identidad de clase baja de su infancia, como ocurre entre “primeros universitarios”, migrantes ascendentes y trabajadores que acceden a empleos cualificados.

La memoria emocional de la precariedad sostiene posiciones económicas progresistas y desconfianza hacia las élites, incluso compartiendo espacios sociales con ellas (Friedman, 2014). Al mismo tiempo, esta experiencia genera ambivalencia cultural: algunos desarrollan empatía hacia grupos vulnerables, mientras otros temen perder lo ganado, adoptando actitudes conservadoras. La tensión entre ascenso material e identidad cultural de origen produce ideologías anti-elitistas con combinaciones de progresismo económico y posturas culturales variables, coherentes con la biografía y percepción de vulnerabilidad.

Sociedades neoliberales

Muchas personas de clase trabajadora se autodefinen como “clase media”, una identidad aspiracional predominante en sociedades neoliberales. Esta percepción refuerza creencias meritocráticas, minimiza la desigualdad estructural y promueve conservadurismo económico, incluso en contra de los intereses materiales del grupo (Goldthorpe, 2010). Culturalmente, se asocia con valores de orden, responsabilidad individual y distinción moral respecto a quienes dependen de ayudas públicas, consolidando un conservadurismo simultáneo en lo económico y cultural.

Como resultado, estas personas tienden a desidentificarse de la clase trabajadora real, sus sindicatos y sus luchas históricas, un patrón explicado por la teoría de justificación del sistema, según la cual los individuos defienden el sistema en el que creen estar insertos, aun cuando perjudique sus intereses (Jost &Banaji, 1994). El neoliberalismo oculta la clase bajo una narrativa emocional de movilidad aspiracionalista, mérito y responsabilidad individual.

Identidades de clase

La ideología política no sigue de manera lineal al nivel de ingresos ni puede explicarse solo por biología o educación. Surge de la interacción entre predisposiciones neurobiológicas, estilos cognitivos, experiencias tempranas, trayectorias vitales, condiciones económicas familiares y, especialmente, identidades de clase -reales o percibidas- que estructuran la comprensión del mundo social. Conservadurismo y progresismo no son solo posiciones racionales, sino estilos de relación con la incertidumbre, el riesgo, la justicia, la seguridad y la pertenencia, moldeados por memorias de vulnerabilidad o seguridad, aspiraciones, movilidad social y narrativas culturales.

Cada individuo articula su orientación política como síntesis única de su biografía en interacción con estructuras sociales y contextos vitales. ¿Hasta qué punto decides sin utilizar pensamiento crítico? ¿Qué tipos de líderes eligen las sociedades cuando renuncian a él?

El autor es vicedecano del Colegio Oficial de Biólogos de Extremadura

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