Agricultura de regadío
El Canal de Orellana ya se prepara para su gran revolución del siglo XXI
La entidad trabaja con el objetivo de acometer una profunda modernización de la red que lleva el riego a casi 60.000 hectáreas de la comarca de las Vegas Altas, un proyecto valorado en más de 800 millones

Uno de los grupos de compuertas de la zona regable del Canal de Orellana, cerca de Miajadas. / El Periódico Extremadura
La modernización de los sistemas de riego se ha convertido en una de las principales reivindicaciones del sector de la agricultura de regadío en Extremadura. No en vano, las últimas campañas, marcadas algunas de ellas por la escasez de recursos hídricos para llevar a término las producciones agrícolas, han despertado un interés fehaciente y urgente por modernizar los sistemas existentes. Por eso, la renovación de determinados sistemas de acequias y canalizaciones, como es el caso de la zona regable del Canal de Orellana, se antoja clave en una zona clave para la economía regional como es la comarca de las Vegas Altas.
Infraestructura clave
Tanto es así que la modernización del Canal de Orellana avanza para convertirse en uno de los proyectos hidráulicos más determinantes de las próximas décadas en esta zona de Extremadura. La infraestructura actual, construida hace más de 60 años, arrastra un deterioro estructural que condiciona de manera creciente la eficiencia del riego y los costes para los agricultores. «Las infraestructuras generales están ya fuera de su periodo de vida útil», admite el presidente de la Comunidad General de Usuarios (CGU) del Canal de Orellana, Luis Gutiérrez, que recuerda que el sistema suma más de 2.500 kilómetros de conducciones. «Las reparaciones y las fugas se comen buena parte del presupuesto».
Plan director
Ese diagnóstico llevó hace varios años a impulsar un plan director para la modernización de la zona regable que ya ha superado su fase de estudio previo y se encuentra ahora en la definición técnica de la solución. La hoja de ruta contempla un sistema presurizado y energizado que permita reducir drásticamente las pérdidas y asegurar la disponibilidad de agua los 365 días del año. «Estamos redactando un documento que será la antesala del anteproyecto; antes de invertir en él necesitamos tener muy clara la solución», explica.
Impacto económico
Las repercusiones económicas serían de gran calado. Según Gutiérrez, cada hectómetro cúbico desembalsado se convierte en un millón de euros que repercute directamente en la economía local: «Si desembalsamos 400 hectómetros, son 400 millones de euros que llegan a los agricultores, pero unos 70 se pierden en fugas. Vamos a intentar que ese dinero no se pierda». El proyecto permitiría además abrir la puerta a cultivos de mayor valor añadido y mejorar la balanza comercial de la comarca gracias a una producción más diversificada y con mejor acceso al riego continuo.
Empleo y actividad económica
El impacto también sería notable en términos de empleo. Por cada millón de euros invertido (la obra se estima en unos 700 u 800 millones) se generarían ocho empleos fijos, lo que situaría el volumen total en torno a 8.000 puestos de trabajo. A ello se sumaría, según Gutiérrez, «un efecto de arrastre económico que puede movilizar casi 900 millones adicionales en servicios, suministros y actividad empresarial».
Modelo energético
Uno de los elementos diferenciales del proyecto es el modelo energético. Actualmente, muchos agricultores dependen de motobombas que encarecen la explotación y elevan la huella de carbono. Sin embargo, la modernización apuesta por un sistema basado en energías renovables y, especialmente, en el bombeo reversible vinculado a la potencia termosolar de la comarca. «Se utilizaría el exceso de energía del día para elevar agua y crear una batería hidráulica que por la noche generaría la energía necesaria para regar 24 horas», detalla. Con ello, el coste energético quedaría estabilizado incluso en años de precios especialmente altos, según relata Gutiérrez.
La Confederación Hidrográfica del Guadiana ha mostrado su respaldo a la iniciativa e incorporará parte de las actuaciones al próximo Plan Hidrológico de 2027. La planificación contempla seis fases y un plazo de finalización inferior a diez años.
Potencial de la comarca
La comarca parte, además, de una posición especialmente favorable: agua abundante y de gran calidad, suelos fértiles, buenas condiciones climáticas y un tejido agroindustrial consolidado. «Tenemos cuatro pilares robustos que otras zonas regables no tienen», señala Gutiérrez. Por eso compara el potencial de la modernización con el impacto que tuvo el Plan Badajoz en el siglo pasado. «Esto puede ser un nuevo plan para las Vegas Altas; es un Ferrari al que solo le falta cambiar la carrocería», sentencia Gutiérrez.
El agua, oro líquido
La Comunidad General de Usuarios del Canal de Orellana, en pleno corazón de la comarca de Vegas Altas, la componen un total de 6.000 regantes con casi 60.000 hectáreas que tocan tanto la provincia de Badajoz, hasta el límite con el río Guadiana en el término municipal de Don Benito, como hasta Almoharín, en la provincia de Cáceres. De igual forma, el tomate, el arroz, el maíz, los cultivos leñosos como el almendro o los frutales y el olivar encuentran aquí un importante núcleo productivo a nivel regional.
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