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21D: Elecciones en Extremadura

El enigma de las redes sociales en campaña: el arma electoral que nadie sabe medir

La lógica de los algoritmos y el flujo de información por chats de mensajería, los 'agujeros negros' de este fenómeno

Los candidatos que concurren a las elecciones extremeñas, en un debate electoral organizado por Canal Extremadura.

Los candidatos que concurren a las elecciones extremeñas, en un debate electoral organizado por Canal Extremadura. / Jero Morales

Madrid

Las elecciones en Extremadura del domingo reabren un debate recurrente en las citas electorales: el peso real de las redes sociales en el voto. En un contexto de polarización, con algunos partidos como Vox volcando gran parte de su esfuerzo en la estrategia digital, esta cuestión cobra aún más sentido. Y sin embargo, la respuesta no es sencilla y cuenta con algunos agujeros negros. El efecto de los algoritmos y el flujo de información subterránea a través de las aplicaciones de mensajería son dos de las grandes incógnitas que dificultan resolver el enigma.

El análisis tiene varias aristas para Pablo Simón, politólogo y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, que cree que para hablar de esta cuestión, antes habría que reformular la pregunta. “No son necesariamente redes sociales. Son plataformas de contenido”, explica.

La gente ve internet como si fuera la tele: recibe mensajes de manera pasiva y muchas veces ni los comenta ni los comparte”, señala. El votante de 2025, en definitiva, ya no diferencia entre un vídeo en TikTok, una noticia en un periódico online o un fragmento televisivo en YouTube. La fronteras entre la opinión y la información quedan así más difuminadas que nunca para este tipo de audiencia, que consume contenido indiscriminadamente.

Ese consumo híbrido y difícil de rastrear convierte en un desafío casi imposible aislar el impacto de una sola red en campaña. “No podemos cortar y decirte con precisión cuál es el impacto de redes”, admite el politólogo.

Los partidos nuevos, los más rápidos en ocupar terreno

Más allá de estas limitaciones, el mapa digital español muestra patrones claros. Las plataformas son el terreno natural de los partidos más nuevos, aquellos con menos estructura territorial y menos recursos para competir en los canales tradicionales.

Han sido mucho más intensivos en uso de redes y han estado ahí antes”, señala Simón. El ejemplo que menciona es Vox: “Si comparas a Vox en Instagram o TikTok con el PSOE, ahí tienes la respuesta. Lo ha utilizado de manera más profunda”. Esa ventaja de salida permite llegar antes a los segmentos más jóvenes, donde el formato breve, directo y emocional encaja con el consumo de información.

Pero incluso esa ventaja puede tener límites. Traducir la influencia digital de un partido en su intención de voto es una ecuación difícil de resolver. Intervienen demasiadas variables. A esto se añade que existe un espacio que podría ser aún más influyente que TikTok o Instagram, pero también mucho más difícil de descifrar.

El agujero negro de Whatsapp

El mayor problema para medir el peso de las redes en una campaña está en los grupos de WhatsApp, una suerte de agujero negro, por ser un elemento decisivo pero completamente inaccesible para los investigadores, señala Simón.

En WhatsApp se comparte un montón de memes, noticias, contenido político tremendo. No tenemos ni idea de cómo circula”, reconoce el politólogo. Simón sospecha, además, que esta fórmula también rompe las barreras de edad. Ahora mismo, los principales partidos -PP y PSOE- son los favoritos para las franjas más altas de edad. Pero en esto también puede influir el contenido digital: buena parte de los contenidos creados para jóvenes en redes, apunta el experto, “permean en los mayores a través de grupos de WhatsApp”.

A día de hoy es una de las grandes incógnitas de la política española. En este tipo de vías se viraliza lo emocional, lo identitario, o los contenidos sesgados o polarizados, con un resultado incierto porque no deja huella pública y no hay forma de medir su impacto real. De ahí la prudencia del politólogo: “La respuesta es que no tengo ni idea”.

El sesgo del algoritmo

A esta invisibilidad se suma la propia lógica comercial de las plataformas: la lógica algorítmica. Estas empresas dependen de la publicidad y, para maximizarla, priorizan contenidos que generen interacción, normalmente aquellos de tono emocional, visceral o confrontativo.

Los algoritmos priorizan aquello que genera reacciones rápidas y fuertes, como miedo, enfado o indignación. “Los algoritmos juegan un papel cribando contenidos de carácter emotivo”, señala Simón. Este entorno tiende a hacer de ellas una suerte de "cámaras de eco": "Los usuarios reciben información congruente con sus sesgos previos", advierte Simón. Esto tiende a reforzar las posiciones propias y dificulta a su vez la exposición a otros puntos de vista.

Una de las grandes cuestiones es si las redes radicalizan o si, en cambio, atraen a personas ya polarizadas. Simón no tiene una respuesta definitiva, pero sí algo claro: el ecosistema digital amplifica los extremos: “Hace que las posiciones extremas tengan mucha más visibilidad que las posiciones moderadas”. Esto que no implica necesariamente que las redes “radicalicen”, pero sí que amplifican los discursos más viscerales, los que más comparten los ya convencidos.

Los candidatos, cuatro realidades políticas

En Extremadura, los candidatos han asumido que deben estar en redes, aunque no todos dominen el formato. “Un uso eficaz tiene que estar ajustado al formato”, advierte Simón. Y ahí muchos fallan: “Si un candidato sale solo a soltar el eslogan, las visualizaciones son mínimas. No tiene ninguna pegada”.

Cada uno de los candidatos tiene además un perfil radicalmente distinto, con pros y contras. En el caso de la presidenta extremeña del PP, María Guardiola, mantiene un perfil institucional, “una Juanma Moreno wannabe”, en palabras del politólogo. Su estrategia es clara: proyectar moderación y marcar distancia con Vox para competir en un centro izquierda moderado.

La candidata de Unidas por Extremadura, Irene de Miguel, convierte a Extremadura en “el único sitio en el que crece el espacio a la izquierda del PSOE”, algo que ni Simón termina de explicar del todo y que achaca bien al perfil de la candidata, que ha tratado de mantener su discurso autónomo de la dirección de Podemos, o de la unidad que han logrado, una excepción en el tablero de la izquierda. Un despunte que exhibe que ha logrado una movilización que no se ha logrado a nivel nacional.

En el caso de Vox, el candidato se llama Óscar Fernández y es un completo desconocido para la inmensa mayoría de electores. En su caso, "la marca lo es todo", destaca Simón. “Había gente en su mitin que no sabía ni cómo se llamaba”. Pero eso no importa: “Para el votante de Vox, da igual. Es todo marca nacional”.

Miguel Ángel Gallardo, el candidato del PSOE; es el caso más complicado: llega desde la oposición tras décadas de gobierno socialista, con una imputación a causa del hermano de Pedro Sánchez, que supone un lastre, y sin gran visibilidad tras la era de Guillermo Fernández Gara. Tampoco cuenta con los resortes institucionales que dieron ventaja al PSOE durante años. “Se les ha olvidado cómo se hace campaña sin estar en el gobierno”, apunta Simón.

Considera que, en su caso, ni siquiera una buena campaña digital puede compensar esa desventaja de origen: “No tiene manera de remontar eso”.

El peso del poder

A menudo se dice que estar en el poder desgasta de cara a las urnas. Algo que en Extremadura podría pasar factura a María Guardiola. Pero Simón considera que este fenómeno se da, sobre todo, en la política nacional, más expuesta al desgaste y "donde la fiscalización es enorme". Además, en las comunidades el poder puede convertirse una ventaja enorme.

La visibilidad que te da estar en el poder es tremenda. ¿Quién conoce a la oposición?”, se pregunta Simón. "Los gobiernos autonómicos suelen repetir mandato, duran mínimo dos legislaturas", advierte, al considerar que la exposición pública y los recursos institucionales, con equipos y asesores de Gobierno, pueden inclinar la balanza.

Además, recuerda el politólogo, los gobiernos cuentan con herramientas muy influyentes: “Los resortes institucionales permiten tener más dinero para repartir promesas”.

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