21D: Elecciones en Extremadura
Extremadura, el primer campo de pruebas tras el naufragio de la izquierda más allá del PSOE
Las elecciones extremeñas son una suerte de oasis en el escenario de partidos como Podemos e Izquierda Unida, único lugar donde ha habido acuerdo

La candidata de Unidas por Extremadura a la presidencia de la Junta de Extremadura, Irene de Miguel, el pasado viernes en un acto en Mérida. / Jero Morales / EFE
Las elecciones del domingo en Extremadura serán el primer examen de la política española tras las generales y en pleno ecuador de legislatura. Y a la izquierda más allá del PSOE, es también un escenario que pondrá a prueba al espacio tras su fractura en diciembre de 2023, con el portazo de Podemos a Sumar. Extremadura se ha convertido en un oasis en la izquierda, y allí han logrado reencontrarse Podemos e Izquierda Unida, enfrentadas desde hace dos años, mientras Movimiento Sumar logró una representación simbólica en la candidatura y ha mostrado su apoyo a la candidata. Un tímido germen para la reconciliación que plantea una incógnita: ¿sentará las bases de la unidad en otros territorios o será una excepción en el panorama nacional? Las particularidades del caso extremeño son tantas que a día de hoy parece difícil extrapolar el caso a ningún otro lugar.
La candidatura de Unidas por Extremadura, la alianza de Podemos, IU y Alianza Verde, lleva en funcionamiento dos legislaturas y está encabezada por Irene de Miguel, un rara avis dentro de su propia organización, Podemos. La dirigente siempre ha mantenido una línea propia dentro del partido, manteniendo su independencia respecto a las tesis de la dirección nacional. Es además, de las pocas supervivientes de la formación, después de las numerosas salidas en otras federaciones. Es la única coordinadora autonómica que se mantiene desde entonces, en 2019, tras las últimas debacles electorales y los movimientos de la cúpula estatal, que ha trabajado por situar a perfiles del núcleo duro en los territorios para hacerse con el control orgánico y evitar críticas en las direcciones autonómicas.
Es además de las pocas dirigentes que está en Podemos desde primera hora, y que ya concurrió en la primera cita electoral a la que concurrieron los morados, en 2015. Por entonces fue elegida diputada y en 2020 tomó las riendas de la federación extremeña. Desde entonces De Miguel ha construido un proyecto "netamente extremeño", según fuentes próximas, y ha apostado por un discurso pegado al territorio, lejos de la hoja de ruta que Podemos llevaba a desde Madrid al resto de federaciones a través de sus cargos de confianza. En 2023 además, en plenas turbulencias con Yolanda Díaz, De Miguel fue uno de los pocos cargos que apostó públicamente por un acuerdo con Sumar, en una coalición que finalmente se dio y permitió revalidar el Gobierno de coalición. Ahora, esta misma candidatura proyecta en Extremadura una percepción de unidad en la izquierda que a nivel nacional parece impensable entre Podemos e IU.
Pulso extremeño
Lo cierto es que la alianza en Extremadura fue un empeño de De Miguel y rompió los planes trazados en la cúpula de Podemos, que lleva meses negándose a revalidar la coalición para las elecciones andaluzas, bajo el pretexto de que IU debía salirse antes del Gobierno. La coalición extremeña echó por tierra su principal argumento, y Podemos pasó a defender su nueva tesis: el acuerdo era posible porque no estaba Sumar. Sin embargo, la propia De Miguel entabló negociaciones con los de Yolanda Díaz e hizo hueco a una de sus candidata en un discreto puesto en la lista, como un guiño a la unidad. En los últimos días, el partido morado apunta a que la "fórmula extremeña" es la ecuación a seguir, pidiendo a IU excluir a Sumar de todas las coaliciones como requisito para sellar alianzas.
La reedición de Unidas por Extremadura era uno de los objetivos de la líder de Podemos en Extremadura, que quería a toda costa mantener la coalición tras siete años en funcionamiento y ofreciendo buenos resultados. Y así lo trasladó a la cúpula de Podemos. Según fuentes próximas a la candidatura, la apuesta decidida de la dirigente territorial por mantener la coalición fue determinante y obligó a la cúpula estatal a avenirse a sus condiciones. En caso de que Podemos no hubiera aceptado sus condiciones, hubiera implicado un elevadísimo riesgo de escisión, según estas mismas fuentes. Una ruptura que, de producirse, llevaría de facto a la desaparición institucional de Podemos en uno de las pocos territorios donde siguen teniendo presencia tras la debacle de 2023, donde desaparecieron de casi todos los territorios.
Esta autonomía y el objetivo permanente de marcar una línea política propia frente a la dirección de Podemos han llevado a convertir a Unidas por Extremadura en la única fuerza de izquierdas que crece en el territorio. El último CIS le otorga un crecimiento de más del 50% estimación de voto respecto a 2023, pasando del 6,1% de entonces al 9,6% del voto y de los cuatro representantes actuales hasta los seis o siete. En la candidatura atribuyen la estimación de crecimiento al hecho de que es la única opción que tiene una identidad propia, alejada del discurso político de Madrid.
Divorcio en campaña
Esa ha sido la principal obsesión de la candidata, De Miguel, que en un primer momento planteaba diseñar una campaña con apariciones mínimas de dirigentes a nivel nacional. Las tensiones entre Podemos e IU siguen patentes, y también tienen una traducción en la campaña electoral, donde las fuerzas evitan retratarse conjuntamente. Así, De Miguel tiene que celebrar actos con Irene Montero y Ione Belarra, por un lado, y con el líder de IU, Antonio Maíllo, por otro, sin que en ningún caso compartan escenario estos dos actores, tras el rechazo de las exministras de Podemos de coincidir con figuras de IU. En la primera mitad de la campaña, ha tenido dos actos con Irene Montero y Ione Belarra y otro sólo con Belarra; en la última semana, celebró uno con Maíllo este domingo y está previsto otro este lunes.
El crecimiento de Unidas por Extremadura también se explica por la sangría de voto que arrastra el PSOE en Extremadura, que es el partido que menos apoyo tiene entre sus propios votantes que cuenta con un candidato muy cuestionado, Miguel Ángel Gallardo, imputado por el caso de David Sánchez y que tampoco contaba con el respaldo de la cúpula socialista. El CIS dibuja claramente este trasvase de voto: de los electores que votaron al PSOE en las últimas elecciones extremeñas, sólo repetirá el 67,1% según el centro de José Félix tezanos. El barómetro registra una fuga de voto del PSOE a Unidas por Extremadura, con el 9,2% de los electores apostando por la opción a su izquierda. En sentido inverso, sólo el 3,7% de los votantes de Unidas por Extremadura apostarían ahora por los socialistas. Un flujo muy desigual que fortalece a la opción a la izquierda. La incógnita será si será posible repetir este escenario o si quedará como una anécdota dentro del ciclo electoral.
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