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21D: comicios autonómicos

Cómo es realmente una jornada electoral: el extremeño que la ha vivido cuatro veces

¿Cuántas veces pueden llamar a un ciudadano a formar parte de la mesa? David Borrella, vecino de Cáceres, ha pasado por todos los puestos y recuerda anécdotas curiosas, como la búsqueda de un titular o su sorpresa al encontrar votos nulos con mensajes muy ingeniosos

El extremeño David Borrella, que ha participado cuatro veces en la mesa electoral.

El extremeño David Borrella, que ha participado cuatro veces en la mesa electoral. / Jorge Valiente

Rocío Muñoz

Rocío Muñoz

Cáceres

¿Cuántas veces pueden llamar a un ciudadano a formar parte de una mesa electoral? La legislación establece que quien haya estado presente tres veces en los últimos diez años puede presentar una excusa para no volver a hacerlo. Sin embargo, la Junta Electoral solo la acepta si aun así quedan suficientes personas del censo para completar la mesa. Al cacereño David Borrella le ha ocurrido: ha sido convocado cuatro veces desde las elecciones generales de 2015 hasta los comicios del 23 de julio de 2023.

Borrella recuerda que la primera vez acudió con entusiasmo, por la novedad, pero admite que a la cuarta pensó: "A mí me tienen marcado en rojo". Aun así, nunca presentó alegaciones porque no le importa asumir esa responsabilidad. "Al final pasas un día de democracia y prefiero hacerlo yo antes que gente mayor, a la que le pueda costar más".

Requisitos

Según la Junta Electoral Central, el presidente y los vocales de cada mesa son designados por sorteo público entre todos los electores adscritos a ella. Los únicos requisitos son saber leer y escribir y tener menos de 70 años, aunque a partir de los 65 los ciudadanos pueden renunciar en un plazo de siete días.

Borrella cree que, en el sorteo, deberían poner especial atención en las personas desempleadas. "Yo tiraría antes de ellos para rellenar las mesas, porque a lo mejor necesitan más el dinero que te dan que otra persona que preferiría su día de descanso y a la que le fastidian el domingo", opina.

No han faltado las anécdotas

Cuatro jornadas electorales dan para mucho. Borrella recuerda que en una ocasión la policía tuvo que ir a buscar a un titular que no aparecía por el colegio electoral, y no se presentó hasta las once de la mañana. "Como no estaba cuando constituimos la mesa ya había entrado el suplente, así que no pudo ocupar el puesto", relata entre risas.

Ha pasado por todos los puestos. Estuvo en las municipales del 28 de mayo de 2023, en las europeas de 2019 y, en las últimas generales ejerció como presidente, un cargo para el que se exige Bachillerato, FP de segundo grado o, de forma subsidiaria, Graduado Escolar. "Es el que lleva la voz cantante. Rellena todo el papeleo, las actas, las copias para los partidos… Tiene que estar allí a las ocho para constituir la mesa y durante el día se asegura de que todo funcione con normalidad. Yo comprobaba el DNI y abría la urna para que la gente pudiera votar".

En el recuento, los votos nulos suelen dejar historias curiosas. "A veces meten cosas raras. Escriben cosas como ‘Perro Sánchez’ o te encuentras pegatinas del Cacereño, del Madrid o del Barça. La gente es muy ingeniosa".

Cómo es una jornada electoral

La mesa electoral está formada por tres ciudadanos: un presidente y dos vocales. Cada uno de ellos tiene un suplente, por lo que se convoca a seis personas por mesa. La jornada arranca a las ocho de la mañana con la constitución. Se nombra a los titulares y se rellenan las primeras actas con los nombres de los partidos y los candidatos.

Una hora después, a las nueve, el colegio abre al público. "Por la mañana es cuando más gente viene. Luego tenemos una hora para comer y a las ocho se cierran las puertas. Es entonces cuando empieza el recuento, y no puedes irte hasta que están todas las actas completadas", detalla.

El presidente: el último en salir

Cuando fue presidente, Borrella salió pasadas las once de la noche, porque además debía entregar los votos en el juzgado, acompañado por la policía. "Como pasas tantas horas allí, hablas con los de la mesa. Y la gente te saluda, te comenta a quién creen que van a votar… Hay incluso quien te trae una Coca-Cola o algo. En mi barrio la gente es muy cercana", explica en referencia a su colegio electoral, situado en el Pabellón Polideportivo de Moctezuma, en Cáceres.

Esta vez no le ha tocado y ha decidido viajar. Por eso ha pedido el voto por correo. "Votar es importante, aunque luego salga alguien que no es de tu agrado. Hay que salir a votar", concluye.

Alegaciones, permisos y funciones

La historia de David Borrella puede suscitar dudas. ¿Qué ocurre cuando un ciudadano no puede asumir ese cargo? La legislación es clara. Existen excusas, plazos estrictos y derechos laborales específicos para quienes reciben la notificación. Los designados como presidente o vocal de mesa disponen de un plazo de siete días para presentar ante la Junta Electoral de Zona cualquier causa justificada y documentada que les impida aceptar el cargo.

Los motivos son diversos: causas de salud, cargas familiares ineludibles, incompatibilidades, situaciones laborales especiales o haber ejercido en tres ocasiones en los últimos diez años, entre otros.

La Junta debe resolver en cinco días, sin posibilidad de recurso, y comunicar la sustitución al primer suplente si procede. La normativa prevé también lo que ocurre si el impedimento surge después del plazo de alegaciones. En ese caso, el ciudadano debe avisar al menos 72 horas antes del día de la votación, aportando las justificaciones.

Manual de instrucciones

Si la imposibilidad aparece incluso más tarde, el aviso debe realizarse de inmediato y, en cualquier caso, antes de la constitución de la mesa. Los trabajadores por cuenta ajena y los funcionarios que resulten elegidos como presidente o vocal tienen derecho a un permiso retribuido de jornada completa cuando la votación coincide con un día laborable. Además, todos los miembros de mesa disponen de un permiso adicional de cinco horas en su jornada del día siguiente.

Junto a la notificación, los ciudadanos reciben un manual de instrucciones en el que se detallan todas las funciones del presidente y los vocales: cómo se constituye la mesa, cómo se verifican identidades, cómo se gestiona el desarrollo de la votación, qué hacer ante incidencias y cómo se realiza el recuento y la cumplimentación de actas.

En definitiva, aunque ser llamado a una mesa electoral pueda generar dudas o nerviosismo, el proceso está regulado al detalle. Y, como demuestra el caso de Borrella, hay quien acaba viviendo la experiencia varias veces… aunque siempre exista un cauce legal para quienes realmente no pueden asumirla.

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