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Problemática

El ruido del ocio nocturno dispara las quejas de los extremeños en Navidad: "La policía está, pero no actúa"

Desde la Asociación Regional Contra el Ruido denuncian la falta de civismo en las grandes ciudades durante las fiestas

Cañas de Nochebuena en Plasencia.

Cañas de Nochebuena en Plasencia. / TONI GUDIEL

Mérida

Las quejas vecinales por el ruido, la suciedad y la falta de civismo asociados al ocio nocturno se multiplican en Extremadura durante las fiestas navideñas. De esta forma lo denuncia el presidente de la Asociación Regional Contra el Ruido de Extremadura, Julián Gutiérrez, quien advierte que esta situación “no es nueva ni puntual, sino un problema que se repite desde hace muchos años y en numerosas ciudades de la región”.

Gutiérrez explica que el conflicto se concentra principalmente en las grandes ciudades como Cáceres, Mérida, Badajoz, Plasencia o Don Benito, donde el ocio nocturno atrae a numerosos jóvenes y provoca una ocupación masiva del espacio público, sobre todo en calles y plazas de los cascos históricos. “Los locales son pequeños, no tienen capacidad suficiente y extienden su actividad a la calle mediante terrazas y veladores, generando ruido, suciedad y problemas de movilidad”, explica.

En este sentido, desde la asociación alertan de un incumplimiento generalizado de las ordenanzas municipales y de la ley reguladora, empezando por la ausencia de la tablilla en la que se indica la capacidad de aforo de manera visible, obligatoria para los establecimientos. “Si no se sabe cuánta gente cabe dentro, la policía no puede intervenir con eficacia”, afirma Gutiérrez.

También denuncia el consumo de alcohol en la vía pública, las puertas abiertas en locales que ponen música, la falta de limpieza tras el cierre y la ocupación indebida de calles que impide el paso normal de peatones, personas mayores o usuarios de sillas de ruedas. “El espacio público es de todos”, subraya.

Pasividad policial

Uno de los aspectos más graves, según Gutiérrez, es la falta de actuación de algunas policías municipales, incluso cuando los agentes son testigos de las concentraciones de personas. “Están presentes, pero no actúan, mirar no es actuar”, afirma, además de alertar que esta inacción podría tener consecuencias legales. A su juicio, muchos ayuntamientos se muestran reticentes a aplicar la normativa por motivos políticos o electorales: “Hay una resistencia clara a poner orden, pese a que las ordenanzas son muy claras”.

La situación es especialmente preocupante en espacios protegidos. En ciudades como Plasencia, la asociación denuncia el uso de entornos de bienes de interés cultural, como iglesias y atrios, para el botellón. “Botellas, orines y suciedad en lugares que deberían estar protegidos por ley. Es una vergüenza”, sostiene. Considera que esto afecta también a la imagen turística de las ciudades. “Hay turistas que dicen que no entran en determinadas calles o que no pueden dormir. Eso daña gravemente a la ciudad”.

Competencias de la Junta

La asociación mantiene reuniones periódicas con la Junta de Extremadura, que es conocedora del problema. Sin embargo, Gutiérrez recuerda que la administración autonómica tiene competencias limitadas, ya que el control del ocio nocturno es responsabilidad municipal. “La Junta puede autorizar ampliaciones de horario, pero quien debe vigilar y hacer cumplir la ley es el ayuntamiento”, asegura.

Por último, el presidente reclama una mayor implicación de la Federación Extremeña de Municipios y Provincias (Fempex) y una actuación coordinada para frenar una situación que, advierte, “está expulsando a los vecinos de sus casas durante las noches festivas”. “Esto no va de prohibir el ocio, porque yo también soy usuario, pero hay que respetar la ley, la convivencia y el derecho al descanso de los vecinos”, apostilla Gutiérrez.

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