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Anuario 2025/ Tribuna de la directora de El Periódico Extremadura

El año que obligó a mirar de frente a Extremadura

El año que acaba ha estado plagado de sucesos y de hitos históricos que han puesto a prueba la resiliencia de la región

La dehesa extremeña, ejemplo de fortaleza y resiliencia.

La dehesa extremeña, ejemplo de fortaleza y resiliencia. / EL PERIÓDICO

Marisol López

Marisol López

El año 2025 acumula noticias y acontecimientos en Extremadura para calificarlo de histórico y no solo por haberse convertido en laboratorio de pruebas de la política nacional de las primeras elecciones autonómicas en solitario. Aunque sea este el acontecimiento que más ha obligado a pronunciar en alto su nombre en los informativos y tertulias. Para no pocos ese enunciado era su primera toda de contacto con una tierra que merece una altura de miras por parte de todos los agentes e instituciones encargados de regir sus destinos. Esta tierra y sus gentes lo merecen y su voz debe ser escuchada, alta y clara, como lo ha sido en los eventos organizados por EL PERIODICO EXTREMADURA, el último en este mes de diciembre con el Foro Impulsa de Prensa Ibérica.

Ha sido un año de esos que dejan más preguntas que respuestas y que obligan a mirar la realidad sin atajos. 2025 ha puesto a prueba la fortaleza colectiva de una región acostumbrada a aguantar, pero no a resignarse.

Tres mujeres han sido asesinadas por violencia de género en Extremadura en estos doce meses. Tres muertes que no admiten contexto ni matices y que han vuelto a situar la lucha contra el machismo en el centro del debate social. Cada crimen ha dejado minutos de silencio y declaraciones institucionales, pero también una sensación amarga de repetición, de fracaso compartido.

A esa violencia se sumó un golpe que sacudió conciencias. El asesinato de una educadora social en Badajoz abrió una grieta profunda y obligó a fijar la atención en una realidad incómoda: el aumento de la violencia juvenil y de los casos de acoso, dentro y fuera de los centros educativos. Algo está fallando cuando los conflictos se enquistan, cuando faltan recursos, acompañamiento y alternativas reales para jóvenes que crecen entre la frustración y la ausencia de referentes. No bastan los diagnósticos tardíos ni los parches: la prevención y la intervención temprana se han convertido en una urgencia.

El fuego fue otro de los grandes protagonistas del año. El incendio de Jarilla, el más virulento de la historia de Extremadura, arrasó miles de hectáreas y dejó imágenes que quedarán para siempre en las memorias de todos. Días de humo, evacuaciones, miedo y una devastación que volvió a poner sobre la mesa la fragilidad del territorio ante el cambio climático y la necesidad de reforzar la prevención y los medios. El campo siguió soportando un desgaste acumulado desde hace años . La inflación apretó y la economía doméstica obligó a ajustar expectativas.

En el otro lado de la balanza, algunos proyectos de esos que esperan para convertirse en realidad empiezan a tomar cuerpo. El camino es todavía largo, como larga es la lista de reivindicaciones.

Pero en Extremadura permanece intacta la capacidad de resiliencia. En la tradición rural se repite un refrán: «El año malo enseña más que el bueno». Como decía un viejo pastor de dehesa, los años buenos engordan al ganado; los malos, al hombre. Y lo que se aprende cuando todo aprieta, ya no se pierde cuando vuelve la calma. Por un 2026 en calma y lleno de esperanza. Feliz año.

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