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El arte de cuidarse

Macrofobia: miedo a esperar

Es una angustia excesiva y persistente a esperar un tiempo más o menos prolongado; está asociada a un malestar subjetivo o un deterioro funcional que va acompañado de una respuesta de ansiedad y evitación

La espera y el reloj.

La espera y el reloj. / EL PERIÓDICO

Vivimos en un mundo rápido –dijo un escritor conocido- en el que corremos y corremos sin saber muy bien hacía adónde vamos ni el motivo de nuestra huida, sin tiempo para lo verdaderamente importante, sin tiempo para los que nos quieren y necesitan y sobretodo sin tiempo para nosotros mismos, un mundo de estrés y de prisas donde llegar el primero a nuestras metas y objetivos es nuestra misión principal, pero ¿Qué dejamos por el camino? A veces no sólo nuestra propia frustración y autodeterminación sino una baja tolerancia a la frustración y a la espera, que es de lo que se nutre la vida. Mahatma Gandhi decía «si un trabajo no llega, acéptalo como una bendición; si un amor se va, bendice porque no era para ti, porque lo que sea tuyo te llegará en el momento y lugar adecuados».

En la cultura de la inmediatez en la que estamos inmersos, del aquí y ahora, no hay tiempo para las esperas ni el momento adecuado, queremos todo para ya y al no conseguir lo que queremos de forma instantánea, ocurre el desespero y la enfermedad. Precisamente este fenómeno es conocido como macrofobia, un miedo irracional a las esperas de cualquier tipo, no es explicada por el individuo y está más allá del control voluntario, persiste a lo largo del tiempo y es desadaptativa, como último síntoma conduce a la evitación de la situación.

Causas de la macrofobia

No existe una causa definida de la macrofobia, sin embargo sus raíces pueden explicarse desde una perspectiva cognitiva conductual. Así pues, puede ser consecuencia de la asociación entre las largas esperas con un estímulo aversivo, como un dolor, enfermedad, sensaciones desagradables, etc.

También se ha planteado que puede ser producto del aprendizaje sobre las experiencias vividas por otras personas (aprendizaje vicario). La persona de niña pudo haber convivido con un familiar que tenía este tipo de temores y, por observación, aprendió a temer ella también.

Otras explicaciones que se han formulado son sobre estilo de pensamiento. Estos son propiamente irracionales o están distorsionados, siendo el producto de un diálogo interno negativo. A partir de determinadas experiencias, la persona construyó una historia o diálogo que dio paso al surgimiento de la fobia.

Síntomas y reacciones

Una verdadera fobia a las largas esperas se puede observar en una persona cuando: tiene un temor excesivo ante la idea de tener que esperar por mucho tiempo; evita situaciones o encuentro en los que tenga que esperar demasiado; se siente ansioso durante las largas esperas; y se desespera por salir rápido del lugar donde está esperando.

La persona con esta fobia, con el simple hecho de pensar en tener que esperar, puede tener síntomas físicos como: palpitaciones del corazón; sudoración; dificultad para respirar; dolor de pecho; aturdimiento; escalofríos; náuseas; enrojecimiento; y temblores.

A nivel cognitivo, la persona puede tener: imágenes negativas sobre esperar; creencias negativas sobre las situaciones donde tiene que esperar; creencias de incapacidad para tener que esperar; interpretaciones negativas sobre sus reacciones fisiológicas; pensamientos intrusivos; preocupaciones; y estado de alarma.

Estrategias de afrontamiento

Reestructuración cognitiva: Se centra en disminuir las creencias falsas sobre la espera, las personas aprenden a identificar y cuestionar sus pensamientos desadaptativos

Desensibilización sistemática: Consiste en que la persona se habitúe al estímulo fóbico mediante una relajación y así puede adaptar mejor su conducta a su manifestación fisiológica, la clave está en la meditación y la respiración.

Técnica de exposición: La exposición consiste en tomar contacto directo con el estímulo desagradable y mantenernos ahí hasta que la ansiedad se reduzca poco a poco, insistiendo en la importancia de la respiración controlada.

Buen estilo de vida: Mantener rutinas, limitar el uso de las pantallas y una buena alimentación mediterránea puede ayudar a gestionar la ansiedad generada.

Medicamentos: Los medicamentos pueden ayudar a paliar los síntomas de la depresión y ansiedad generados pero deben ser recetados siempre por un médico de salud mental, el cual sabe las dosis adecuadas, esto debe ir acompañado de terapia conjunta.

Pide ayuda: Busca asesoramiento en un profesional de la salud mental para obtener información sobre los síntomas y un diagnostico preciso, no todos los tratamientos se adaptan a nuestros necesidades y síntomas.

Para cualquier consulta sobre la macrofobia se puede escribir al correo electrónico mluzmilagros@gmail.com

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