Entrevista con Francisco Manuel Guerra Flores
Asociación Extremeña de Jugadores de Azar en Rehabilitación: «El juego ‘online’ es la enfermedad del siglo XXI»
La tentación va en el bolsillo, en el móvil, no hay que llamar a ninguna puerta ni entrar a ninguna sala. Se puede apostar desde cualquier sitio: desde el sofá, desde el dormitorio... La asociación AEXJER advierte contra este gancho que atrapa sobre todo a jóvenes

Francisco Manuel Guerra Flores, vicepresidente de AEXJER. / SANTI GARCÍA

«Ahora el juego lo llevas siempre contigo, en el bolsillo, en el móvil. Si antes, por timidez, por vergüenza o por cualquier otra barrera, una persona no se atrevía a entrar en un local de apuestas, ahora no lo necesita. Un joven puede estar apostando dinero desde el salón de su casa, sentado en el sofá delante de sus padres, que ni siquiera se están enterando».
Así lo afirma Francisco Manuel Guerra Flores, vicepresidente de la Asociación Extremeña de Jugadores de Azar en Rehabilitación (AEXJER), con sede en Almendralejo. Sabe mejor que nadie de lo que habla: consiguió dejar el juego hace doce años y ahora ayuda a otros muchos. «Antes estaban las tragaperras en los bares, el típico bingo... Luego vinieron las casas de apuestas, que son las que más beneficios sacan y que han aumentado una barbaridad», explica. «En cualquier caso, era necesaria una presencia física, pero ahora ha llegado lo peor, los juegos y apuestas online», advierte.
«El problema es muy serio y no todo el mundo está concienciado. Considero que es la enfermedad del siglo XXI, un cáncer, y sé lo que digo. Mi problema eran las máquinas tragaperras y físicamente las evito, pero los jóvenes de ahora se están metiendo en un terreno muy complicado con los juegos online», alerta.
Ninguna barrera
De hecho, cuando una persona pide ayuda a AEXJER, la única obligación que impone el colectivo es que firme el documento de autoprohibición, de modo que ya no se le permita el acceso a casinos, bingos y otros locales de apuestas (los bares están exentos aunque tengan máquinas), una autolimitación que en cambio no puede existir con el juego online. A partir de esa firma, la persona tiene la opción de sumarse voluntariamente a las terapias individuales y colectivas de AEXJER, las primeras con técnicos y psicólogos, y las segundas, muy efectivas, en las que cada uno expone su problema y su vivencia durante la semana.
Sin fármacos
«Nuestra enfermedad no tiene medicamentos, de ahí la importancia de estas terapias, que en los dos o tres primeros años te ayudan a llevar un estilo de vida completamente distinto. Luego pasas al grupo de maduración y vuelves al día a día normal, sin juegos. Un ludópata aprende que lo es ya para siempre, pero conoce cómo actuar: no se puede jugar a nada, ni a la lotería, nada…», explica el vicepresidente.
«Esta enfermedad no tiene medicamentos, de ahí la importancia de las terapias»
Todo el proceso, salvo la firma del documento de autoprohibición, es voluntario. «La clave consiste en que la persona acuda con la idea de rehabilitarse, porque si va a calentar la silla, porque si va a petición de otros, difícilmente lo conseguirá», aclara Manuel.
El joven, un blanco más fácil
Aunque la ludopatía no entiende de «edades, sexo, clases sociales, ni profesiones», sí hay que destacar que los jóvenes son los que más se están enganchando, especialmente por culpa de las tentaciones 'online' en los móviles. Existen sobre todo dos perfiles: «Por un lado, los que ya tienen una familia, mujer e hijos, que se enfrentan a más responsabilidades y no les queda más remedio que tratar de rehabilitarse por todos los medios, y además suelen contar con el apoyo de la pareja. Por otro lado, el joven sin ataduras, que vive con sus padres, y que siente menos presión», detalla el vicepresidente. Por ejemplo, una de las pautas es no llevar dinero en el bolsillo, y en el caso del segundo perfil resulta difícil que un chaval salga sin nada el fin de semana.
«Quien tiene una nómina, le vuela rápido: el sueldo es como un caramelo en el bolsillo»
Estas personas, en general, viven situaciones dramáticas. «Quien tiene una nómina, le vuela rápido: el sueldo es como un caramelo en el bolsillo». Pero luego llega el mayor problema: consiguen dinero fácil. «Hoy existen muchas compañías financieras que te dan préstamos rápidos que luego hay que devolver. Ahí vienen las consecuencias, que suelen afectar no solo al jugador, también al entorno», lamenta Francisco Manuel Guerra Flores.
El comienzo: la (mala) suerte
¿Pero cómo comienza todo este calvario? ¿Cómo se engancha una persona al juego? Francisco Manuel lo explica de una forma sencilla: «porque juegas la primera vez y te toca. Si un día tienes la suerte de ganar 100 euros, al siguiente vas a por los 200...». El enfermo piensa que siempre le puede tocar, «y además hablamos de dinero rápido, no de una quiniela o un cupón que debes esperar a cobrar, esto es inmediato», precisa.
Además, todo se ha perfeccionado: si antes las tragaperras ofrecían un solo juego por un euro máximo, ahora las máquinas incluyen numerosas variantes por apuestas mucho más elevadas.
Frente a todo este escenario, a grandes rasgos, existen tres tipos de jugadores: el social, que toma un café, echa la máquina lo que le sobra y se marcha (le toque o no); el profesional, que dedica un dinero cada día; y el ludópata, que paga todas las consecuencias del sistema del juego y se define como persona enferma. «Es fuerte escucharlo la primera vez cuando llegas a una asociación, pero entenderlo supone el camino para superarlo», afirma.
Las mujeres lo ocultan más
En cuanto al género, no hay estadísticas exactas por tratarse de un problema oculto, si bien a estas asociaciones van presencialmente más hombres que mujeres. «Hay muchas mujeres con problemas, pero están peor vistas, lo viven más solas, mientras que el hombre suele recibir el apoyo de su pareja en la rehabilitación», indica.
Y es que el respaldo de la familia resulta fundamental para vencer la dependencia del juego. «Supone el gran pilar de una buena rehabilitación». Y ojo, porque la asociación también ofrece terapia a los allegados, puesto que necesitan ayuda cuando descubren lo que está pasando con la persona que quieren. «El enfermo llega y suelta la mochila, que recoge la mujer, la madre… Por eso es importante atender a todos», concluye Francisco Manuel Guerra.
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