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El primer maestro oralista

La historia del extremeño que enseñó a hablar a los sordos y fascinó a Luis XV

Del Badajoz del siglo XVIII a la corte de Versalles, el método pionero de Jacobo Rodríguez Pereira asombró a Europa

Imagen del libro sobre Jacobo Rodríguez Pereira escrito por el psicólogo Juan M.Pérez Agudo.

Imagen del libro sobre Jacobo Rodríguez Pereira escrito por el psicólogo Juan M.Pérez Agudo. / EFE / Jero Morales

Carlos González de Rivera

Mérida

Jacobo Rodríguez Pereira, comerciante judeoconverso nacido en Berlanga (Badajoz) en 1715, se acabó convirtiendo en el primer maestro oralista de sordos de Francia con un método innovador de enseñanza. Su prestigio llegó hasta el rey Luis XV, del que fue intérprete de español y portugués.

Junto a varios de sus alumnos, también realizó demostraciones ante los reyes de Polonia, Dinamarca y Suecia, ya que era casi un "milagro" que una persona sorda hablara en aquella época.

El psicólogo Juan M. Pérez Agudo ha divulgado el periplo vital de este hombre en un libro publicado por la Editora Regional de Extremadura y recogido por la agencia Efe, en el que ha reconstruido sus cambios de nombre y su labor pedagógica.

El "pionero olvidado"

En una entrevista con EFE, Pérez Agudo lo ha definido como el "pionero olvidado", al señalar que, pese a haber estudiado pedagogía e historia de la logopedia, no había oído hablar de él. Su figura le ha cautivado y le ha llevado a dedicarle tesis doctoral, artículos y años de investigación.

De Portugal a Berlanga

Sus padres, lusos descendientes de sefardíes españoles, intentaron abandonar Portugal con destino a Italia, donde los judíos eran mejor tratados. Sin embargo, al fondear en Cádiz fueron detenidos por la Inquisición y, por falta de espacio en Sevilla, acabaron en la cárcel de Llerena (Badajoz), cerca de Berlanga.

Aunque en Portugal se han intentado "apropiar" de él, el autor ha defendido que no nació allí y ha subrayado que su origen en Berlanga está acreditado.

Identidades y cambios de nombre

En Berlanga fue registrado como Francisco Antonio López Enríquez, según el libro de bautismos de la parroquia. Uno de sus cambios de nombre se produjo en 1741, tras instalarse en Burdeos, donde ha dejado atrás el nombre cristiano y pasó a llamarse Jacob (Jacobo), añadiendo el Pereira de su madre al Rodríguez que ya usaba. En otro momento también ha afrancesado el apellido al cambiar la "a" por la "e".

Tras residir en Berlanga, Llerena, Sevilla y Cádiz, en Burdeos ya vivió como judío, aprendió hebreo, se circuncidó y empezó a trabajar como maestro de sordos.

Un método adelantado a su tiempo

Aunque se suele situar la pedagogía científica en el siglo XIX, Pérez Agudo ha defendido que el método de Jacobo ya fue "científico" un siglo antes, porque leía los libros disponibles, experimentaba con sus alumnos e introducía novedades según los resultados.

El "método fisiológico"

Jacobo trabajaba de forma individualizada y enseñana a colocar los órganos de articulación para pronunciar fonemas, haciendo que el alumno tocara la garganta del maestro. También utilizaba espejos para que los estudiantes se observaran, algo muy novedoso para la época. Su "método fisiológico" se ha citado en materiales divulgativos sobre historia de la educación de sordos .

Según el autor, sus pupilos han llegado a pronunciar el francés con un acento marcado por el español de su maestro.

Prestigio y controversia

Al ser tachado de "estafador", ha llevado sus demostraciones a instituciones científicas para avalar su trabajo. El relato también lo sitúa en un contexto de competencia con el abate Charles-Michel de l'Épée, vinculado al lenguaje de signos y convertido en una figura de enorme influencia en Francia.

## Representante judío en París

Además de su faceta pedagógica, Jacobo fue representante del pueblo judío en París y defensor de sus derechos. Su religión le impedía entrar en la Academia de Ciencias de París, pero los académicos lo promovieron para la Royal Society, de la que fue miembro.

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