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Con sumo gusto

Tiriti Trump Trump Trump

La mente de nuestro amigo naranja es imprevisible. De vez en cuando toma decisiones que cabrean a sus seguidores, o pone patas arriba a sus detractores

Trump.

Trump. / Samuel Corum / POOL

Anglos, Anglos, Sajones, Sajones, todos quieren ser los campeones... Y tanto que lo fueron, al mezclarse entre sí dieron lugar a los Anglosajones, Ango-Saxon en el idioma de Tolkien. Se exprimieron el celebro los gachós poniéndose el nombre. Ese popurrí de pueblos germánicos, junto con otros como los Jutos, vieron en la Gran Bretaña su Costa del Sol del siglo V, y allá que se aposentaron con sus pieles pintadas, su aspecto bárbaro y sus dentaduras incompletas, de la misma guisa que lo han hecho hace cuatro días en nuestra querida costa andaluza. La descendiente de aquellos bárbaros resultó ser Inglaterra, y por extensión los pueblos británicos.

Allá por el Siglo XVI a España se le daba fenomenal ser una super potencia hegemónica. Madrid era el Washington de la época, y Ciudad de México (Tenochtictlan reconstruida) era Nueva York. Fíjese el ávido lector que, en cuanto a monumentalidad, vida académica, transportes, suministros, etc, la capital del Virreinato de Nueva España le daba mil vueltas a nuestra casi provinciana capital del imperio. Éramos tan guapos que aquellos rubios desdentados no nos lo iban perdonar. Así nació la leyenda negra, y con ella la enemistad eterna del mundo hispano con el anglosajón. Católicos contra protestantes. No me queda mas remedio que terminar esta introducción de la manera mas cuñada, parafraseando al bueno de Blas ‘mediohombre’ de Lezo: «Todo buen español debería mear siempre mirando a Inglaterra».

Algo pasa con Donald

Escribo estas lineas desde mi feudo en The Priest´s Pond (La Charca del Cura), en el condado de Alcuescarshire. Fuera llueve de lado y el agua fina mezclada con el viento hacen que parezca humo, pero cala más que el Lago Ness. No sé si es alguna señal de los ancestros celtas, pero a medida que avanzo en este despropósito de texto el día se está poniendo cada vez mas escocés, como la madre de Donald. De aquellas civilizaciones e imperios hoy tenemos una serie de ejes de poder, múltiples y superpuestos, en ocasiones con lindes muy claras, y en otras, algo difusas. Y en el centro de todo está Donald.

La mente de nuestro amigo naranja es imprevisible. De vez en cuando toma decisiones que cabrean a sus seguidores, o pone patas arriba a sus detractores. Creo que una forma buena de intentar entender cómo funciona la cabeza de Donald es analizar su creencia religiosa. Ha sido toda su vida presbiteriano, y siempre ha reconocido orgulloso la influencia que dicha religión ha tenido en él. Pues en 2020 se sumó al movimiento de ‘cristianos no denominacionales’, esto es, como ser no binario dentro de la cristiandad. Quién iba a pensar que el bueno de Donald iba a ser no binario en algo. El payo colorao marcó con ese gesto, a mi criterio, su forma práctica y mercantil de ver la vida.

Lo de Venezuela

La captura de Maduro —te vas a secar Jordi Wild— y su mujer ha resucitado la vieja reivindicación anti imperialismo yankee. Imperialismo puro, nada de apoyo a Israel ni cosas así. El imperialismo anglosajón originario que forjó la leyenda negra para vencerle el relato al imperio español. Porque sí amigos, la importancia de la comunicación política y de ganar el relato no es algo de ahora, nació con la mismita imprenta, y lo inventaron los ingleses con la ayuda de los Países Bajos y demás vecinos de la zona. Opinar sobre lo que viene bien o mal a Venezuela no solo me parece una osadía, sino también una falta de empatía del acomodado europeo para con el empobrecido venezolano. Habría que preguntar al pueblo de Venezuela a qué imperio desean pertenecer, porque aquí nadie se libra de pertenecer a un gran eje de poder, pero no será necesario, lo están gritando, con la emoción que les caracteriza, por las calles de todo el mundo, incluidas las de Caracas.

Lo de Irán

Desde el punto de vista del Donald superhéroe que roba la cartera al villano, y se cobra sus trabajos como el Equipo A, en Irán estamos en una situación similar. Según los informes de Amnistía Internacional, lo de los gays colgados de grúas, la mujer como ciudadano de segunda o los matrimonios, legales y pactados, con niñas de 13 años es cierto. Donald ha desenfundado su colt instando a los Ayatollahs a que hagan casito a las protestas. Pinta genial, pero claro: imperialismo yankee otra vez.

El problema viene por la aplicación de la teoría de ‘Los amigos de mis amigos son mis amigos’ y viceversa. De ahí la paradoja de defender a muerte la causa palestina, pero no decir ni mu ante las protestas en Irán, de altísimo contenido feminista y lgtbi, frente a la teocracia islámica. Y mejor no hablamos de dinero, que es de mala educación. No se puede pertenecer a dos imperios a la vez, eso está claro.

Donald sería el clásico matón que te mete un codazo y te quita la pelota para jugar él. Desde luego que tenerlo como amigo no es lo más alentador. La cuestión es que el pequeño niño anaranjado no es el único malote del patio, también hay otros: uno no quiere juntarse con niñas porque dice que son lo peor, otro silencioso que te hace la zancadilla, o el que tiene el bolsillo lleno de petardos. ¿Tú con quién te quieres juntar?

El autor es abogado. Presidente de la Asociación de Usuarios y Consumidores de Extremadura (Acuex)

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