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El turismo extremeño se define a sí mismo: "La gente no sabe lo que hay hasta que llega"

Video | La Extremadura que gusta a los turistas, vista desde los mostradores

R.M

Rocío Muñoz

Rocío Muñoz

Cáceres

La floración del cerezo en el Valle del Jerte, el patrimonio de Mérida, la Semana Santa de Badajoz o los pueblos de la Sierra de Gata forman parte de una imagen turística que en los últimos años ha ido ganando peso dentro y fuera de Extremadura. Esta reputación, que ha llevado a la comunidad a consolidarse como el segundo destino mejor valorado del país, se construye también en escenarios mucho más cotidianos.

En la Plaza Mayor de Cáceres, uno de los espacios más transitados por visitantes durante todo el año, los comercios de producto local perciben el turismo a ras del suelo. Allí, Antonio Rey, conocido como 'El Pato', observa ese flujo constante desde su tienda de recuerdos y ha comprobado cómo ha evolucionado en volumen como en procedencia.

"Ha crecido mucho el turismo extranjero, y todo el mundo queda sorprendido porque para mí el secreto de Cáceres es que la gente no sabe lo que hay hasta que llega y lo ve". Para este comerciante, la posición geográfica de la región juega a favor. "Estamos muy bien situados, porque para ir a Andalucía hay que pasar por Extremadura y para ir a Santander, Galicia, País Vasco o Portugal igual".

Lo que enamora al visitante

Ese efecto sorpresa aparece de forma recurrente en el discurso de quienes trabajan vinculados al turismo. Patrimonio, paisaje y autenticidad siguen siendo los principales ganchos. Antonio Rey enumera sin dudar algunos de los enclaves que más recomienda: "Jerez de los Caballeros, Almendralejo, Zarza la Mayor, Guadalupe…".

Una percepción que comparte María José Luca, empleada de La Botica de Oleosetin, una firma extremeña ligada al producto local. Desde su experiencia, el atractivo turístico de la comunidad no se limita a puntos concretos. "Destacaría las ciudades que tenemos, Cáceres o Mérida, que son Patrimonio de la Humanidad, entre otras, porque todas son bonitas".

También subraya el valor de otras comarcas. "Hay otras zonas como Sierra de Gata, que tienen muchos pueblos bonitos: Gata, Robledillo de Gata, Trevejo, San Martín de Trevejo…". Para ella, el hecho de que Extremadura sea una región extensa y diversa explica su buena valoración. "Es grande y hay mucho que ver".

"Ya no puedo vivir a base de imanes"

Sin embargo, la reputación turística no siempre se traduce en tranquilidad para quienes viven del sector. Antonio Rey pone el foco en una de las principales preocupaciones: los costes.

"Como aspectos negativos señalaría los precios y los alquileres de los locales. Muchos negocios como el mío vamos a tener que cerrar por estos aspectos". Una presión que obliga a subir el importe. "Subimos el precio de los artículos base cuando no deberíamos, pero no podemos hacer otra cosa. La economía sube muchísimo y ya no puedo vivir a base de vender imanes que cuestan 2,50 euros".

Esta lectura encaja con el retrato que dibuja la tercera edición del Barómetro de Percepción Turística elaborado por la consultora LLYC, que analiza la imagen de los destinos a partir de la conversación digital. En 2025, Extremadura cerró el año como la segunda comunidad con mejor valoración turística del país, con una puntuación media de 7,4 puntos sobre diez, solo por detrás de Asturias.

El informe señala como principales ejes del relato regional la cultura, el patrimonio, la naturaleza y el turismo rural, asociados a una experiencia singular y alejada de la masificación. Al mismo tiempo, recoge críticas recurrentes relacionadas con las infraestructuras, el transporte, la concentración puntual de visitantes en algunos enclaves y las dificultades económicas del sector.

En ese equilibrio entre lo que se ofrece y el día a día del destino, Extremadura ha ido construyendo una forma de recibir al visitante muy ligada al territorio: pueblos pequeños, comercio local y un turismo vinculado al mundo rural que sigue siendo una de sus principales señas de identidad. Para quienes trabajan cada día de cara al público, esa manera de hacer explica por qué muchos viajeros se marchan con la sensación de haber descubierto algo auténtico y por qué, más allá de los datos, se trata de una imagen que se sostiene en lo cotidiano.

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