Con sumo gusto
La casa de los gemelos
El programa saca del cajón un formato de entretenimiento antiquísimo: colocar al bufón en el centro y sentarnos todos alrededor a mirar

el Bobo de Coria Juan Calabazas por Velazquez / EL PERIÓDICO
Sabrá el viajado lector de este espacio, a estas alturas, lo de Santillana del Mar, que ni es santa, ni es llana, ni tiene mar, pues eso mismo le pasaba al Bobo de Coria. Nacido ni donde su madre se quiere acordar, existió por el siglo XVII un personaje grotesco, o no tanto, de nombre Juan Calabazas, alias Calabacillas. Como los funcionarios muy funcionarios, este bufón real, de Felipe IV, lo era también de carrera profesional. El experto en bufonería (sí, los hay) José Moreno Villa le etiquetó como ‘enano y truhán’, cuando no era enano. Súmale que a los bufones se les presumía vaciado mental y veremos que igual no tanto. Un médico, doctor Moragas, a la vista del retrato que le hizo un tal Velázquez, le diagnosticó: «crispamiento atetósico y la risa espasmódica típicos de los paralíticos cerebrales, con estrabismo convergente bajo una frente olímpica de tipo raquítico». Igual estaba empezando el MIR, porque ni era enano, ni tenia un pelo de tonto, y quien sabe si el estrabismo estaba un poco forzado (véase hermanos Calatrava).

Tribulet, bufón de Luis XII. / EL PERIÓDICO
Según la Real Academia de la Historia, aparte de recibir tratamiento de ‘don’, los emolumentos de este funcionario público eran «96.894 maravedís, al que había que sumar 193.785 más en concepto de ración —divididos en 210 ‘días de carne’, a razón de 518 maravedís cada uno; y en 155 ‘días de pescado’, tasados en 547 maravedís la unidad—, sin mencionar los regalos ocasionales, y aparte tenía a su disposición coche y forraje».
Dame pan y llámame tonto
Uno de los troll de guardia de El Periódico Extremadura es la ilustradora cacereña Gloria de la Calle. G de la K me suele dar unas ideas maravillosas, como pintar un Trump de raza negra o escribir sobre esa ignominia llamada La casa de los gemelos. Te lo agradezco (pero no). Encima es amiga mía, como dice Alejandro Sanz.
La casa de los gemelos es un reality caótico donde todo arde. Un experimento social sin reglas que vive del drama, los gritos y el descontrol absoluto. Es básicamente ver un incendio, pero con los nuevos freaks echándole gasolina. Estoy yo muy elevadito tachando de freaks a esas personas, mientras me miran, desde mi mesa Cthulhu, Espartero a caballo y unos cuantos soldados romanos del tamaño de una uña. Hechas las presentaciones, la polémica en torno a La casa de los gemelos se ha querido presentar como un debate moderno: límites del humor, discapacidad, explotación televisiva y otros temas. En realidad, a mi criterio, la serie no inaugura nada. Solo saca del cajón un formato de entretenimiento antiquísimo: colocar al bufón en el centro y sentarnos todos alrededor a mirar.
Contenido extremo
Los principales medios españoles critican La casa de los gemelos por su contenido extremo, posibles incumplimientos legales y la normalización de comportamientos agresivos. Las cadenas generalistas han llegado a señalar que el programa sería “impensable” en la televisión convencional. En situaciones normales a las cadenas les importa un pepino lo que suceda en internet, y lo que suceda en general en el mundo, mientras sigan ganando pasta. Ya van intuyendo los miembros de El Club del Pijama por dónde voy. ¿Tanta diferencia existe con los programas del corazón más zafios, aparte de la violencia física? Igual menos de la que pensamos. Telecinco es uno de los medios mas potentes que lideran esta campaña, creo que eso lo dice todo.
Me llama mucho la atención que se defiendan este tipo de contenidos vergonzantes apelando a que los participantes lo hacen prestando su consentimiento. Vamos a ver, señorías, si no prestaran su consentimiento y, aun así, salieran en el programa, estaríamos hablando de un delito de coacciones, articulo 172 del Código Penal. Es evidente que tienen que mostrar su consentimiento, sino sería un secuestro. A lo que se refiere tu cuñado cuando dice eso es que, básicamente, aceptan someterse a esas situaciones, y difundirlo a cambio de pasta, como buenos profesionales. En este caso no son funcionarios públicos, como lo eran en el Siglo de Oro, pero cotizan a la seguridad social.
El mecanismo emocional
Las motivaciones de la risa han cambiado poco en estos cuatrocientos años que nos separan de los tercios de Flandes. Muchos espectadores lo ven sin carcajadas, pero con sonrisa condescendiente, les caen bien, les enternece tal o cual personaje. El mecanismo emocional es el mismo que con los bufones en la corte: mirar desde una posición segura, desde la normalidad. El alivio de no ser así, de no estar ahí dentro. Estoy seguro de que la sensación al ver La casa de los gemelos era la misma que podía tener algún cortesano al ver como volaba algún enano, de los retratados por Velázquez, a patadas de un guardia.
La leyenda dice que, tras ofender gravemente a un noble poderoso, el rey Luis XII permitió al bufón Triboulet elegir su forma de morir y éste respondió: «De muerte natural». El rey, entre risas, le perdonó la vida. Y es que como al Bobo de Coria, que ni era bobo ni era de Coria, tu dales pan y llámales tonto.
*El Club del Pijama es el grupo de lectores, librepensadores, que cada domingo llega al final de esta página. Bienvenido/a si eres nuevo/a.
El autor es abogado. Director de Dereccho Abogados en Cáceres. Presidente de la Asociación de Usuarios y Consumidores de Extremadura
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