Dehesa extremeña
Cerco a la seca: la batalla contra la muerte silenciosa de la encina
La Junta de Extremadura activa un plan de casi cinco millones de euros para radiografiar la enfermedad, buscar árboles resistentes y ensayar tratamientos que frenen una de las mayores amenazas de un ecosistema único: «Hay que encontrar solución sí o sí», afirma el director general de Sostenibilidad

Una encina afectada por la seca. / EL PERIÓDICO
La encina no muere de golpe: se apaga poco a poco. Primero pierde vigor, después amarillea y al final queda en pie como un esqueleto en mitad de la dehesa. La seca avanza así, a golpes lentos, abriendo claros donde antes había un techo de bellota y sombra que sostenía vida, ganado y economía.
Esta enfermedad, provocada por el hongo microscópico Phytophthora cinnamomi, es actualmente la mayor amenaza para el ecosistema de la dehesa: de continuar la tendencia de los últimos años, las proyecciones actuales apuntan a una pérdida potencial de árboles que no solo vaciaría el paisaje, sino que rompería el engranaje que lo mantiene.
No solo cuestión forestal
«Hay que encontrar solución sí o sí», afirma el director general de Sostenibilidad en funciones, Germán Puebla, que advierte del efecto dominó sobre el campo: «Con la dehesa, desaparece el cerdo ibérico». Y con él, el modelo en extensivo que depende de la bellota y que define buena parte de la economía y del paisaje extremeño.

El director general de Sostenibilidad, Germán Puebla, durante una comparecencia en la Asamblea de Extremadura. / Asamblea de Extremadura
Combatir la seca no es solo una cuestión forestal y bajo esta premisa, la Junta de Extremadura ha puesto en marcha un ambicioso plan dotado con 4,9 millones de euros para actuar sobre las tres grandes incógnitas que rodean a la enfermedad: cuánta dehesa extremeña está realmente afectada, si es posible regenerarla con árboles más resistentes y qué tratamientos pueden frenar el avance del patógeno.
El programa, financiado en un 85% por fondos Feder, cuenta ya con el visto bueno del Consejo de Gobierno y será la empresa pública Tragsa la encargada de gestionarlo a lo largo de los próximos cuatro años.
Una fotografía real
La primera línea del proyecto se centra en obtener, por primera vez, una fotografía precisa de la situación de la seca en toda la dehesa extremeña, que ocupa alrededor de 1,5 millones de hectáreas. Según explica Puebla, la Junta ha optado por una prospección exhaustiva frente a los estudios parciales realizados hasta ahora.
En 2014 ya se llevó a cabo un muestreo sobre unas 75.000 hectáreas, cuyos resultados se extrapolaron al conjunto del territorio. Entonces se estimó que alrededor del 5% de la superficie estaba afectada. Sin embargo, Puebla señala que ese porcentaje, aplicado a un ecosistema con millones de árboles, supone una afección «disparada» en número de encinas y alcornoques dañados o muertos.

Encinas. / El Periódico
El nuevo estudio permitirá saber no solo cuántos árboles están afectados, sino también cómo ha evolucionado la enfermedad en los últimos años y hacia qué zonas tiende a expandirse. Los primeros resultados de esta prospección general se esperan para mediados de este año 2026.
La genética
La segunda línea del programa pondrá el acento en la genética. El objetivo será identificar encinas y alcornoques que, incluso en focos muy degradados, han logrado sobrevivir durante años a la enfermedad: en algunas zonas donde ha desaparecido hasta el 90% del arbolado, todavía permanecen ejemplares vivos décadas después. «Esos árboles tienen que tener algún tipo de resistencia o tolerancia», afirma Puebla.
El plan prevé seleccionar estos ejemplares, trabajar con ellos genéticamente y multiplicarlos en vivero para que el material forestal que se utilice en futuras plantaciones y densificaciones tenga mayores garantías de supervivencia. No se trata de una solución inmediata ni absoluta, pero sí de una estrategia a medio y largo plazo para asegurar la regeneración de la dehesa.

Ensayar tratamientos
La tercera pata del proyecto abordará una cuestión clave para propietarios y gestores: qué se puede hacer con los árboles que ya están enfermos. La Junta ha decidido ensayar, bajo control público, distintos tratamientos que ya se están aplicando en fincas privadas, algunos de ellos con resultados prometedores.
Estos ensayos se realizarán tanto en fincas públicas como privadas, siempre en focos de seca, y permitirán evaluar de forma objetiva la eficacia real de los productos disponibles. La intención es que los resultados puedan trasladarse después a los propietarios, con criterios técnicos y no solo comerciales.
¿Hay solución?
La erradicación total de la enfermedad no es realista a corto plazo, pero el responsable autonómico sí abre una puerta a la esperanza. En ese sentido, Puebla recuerda el precedente de la lucha contra la tinta del castaño en Galicia, donde se ha logrado una tolerancia significativa gracias al trabajo genético. Además, señala que algunos tratamientos comienzan a ofrecer resultados alentadores y que el alcornoque presenta una resistencia mucho mayor que la encina, lo que abre nuevas posibilidades de gestión en zonas muy afectadas.
Con una combinación de diagnóstico preciso, investigación genética y ensayos de tratamientos, la Junta ha iniciado un cerco técnico y científico contra una enfermedad que amenaza con transformar el paisaje y el modelo productivo de Extremadura. El reto ahora es ganar tiempo y frenar una pérdida que, de no actuar, sería irreversible.
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