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Talento joven

El sumiller que con solo 24 años lanza un vino para que Extremadura crea en su propio potencial

Un "ladrón de sonrisas", elaborado para todos, con una serie de 1.400 botellas y 100% tempranillo que nace con una premisa: reivindicar la propia tierra

Juan Antonio Baena, el sumiller de 24 años que lanza su propio vino como símbolo de identidad regional

El Periódico Extremadura

Rocío Muñoz

Rocío Muñoz

Cáceres

De Tierra de Barros a las altitudes de Montánchez, Extremadura es tierra de viña. Exporta alrededor de 167 millones de litros cada año y se sitúa entre las principales productoras del país. Sin embargo, el reto sigue siendo creerse el propio potencial. Bajo esa premisa, un sumiller de 24 años ha lanzado al mercado "un pequeño ladrón de sonrisas" que reivindica el orgullo y la identidad extremeña desde el interior de la botella hasta la etiqueta, como bandera del terroir extremeño.

Juan Antonio Baena creció entre cajas de vino en el negocio familiar, dedicado a la distribución. Cada verano trabajaba en la tienda, lo que le permitió conocer el sector más allá de la etiqueta. "Siempre tuve curiosidad por saber qué es un vino cosecha, qué es un crianza o qué es un reserva", recuerda.

Natural de Puebla de la Calzada (Badajoz), decidió abrirse camino en "este mundo tan bonito del vino" y se formó con profesionales de la talla de Carmen de Aguirre o Manuel Fernández. Tras mucho probar y asesorar, ya que ahora es también docente en la Escuela Europea del Vino, sintió que era el momento de emprender su propio proyecto.

Conoció a Francisco Lobato, enólogo de las Bodegas Vía de la Plata, que le prestó las herramientas necesarias para llevarlo a cabo. "Él se centra en cuidar la viña, tratar la uva, mimarla, hacer que nazca; y yo me dedico a pulir el producto una vez entra en botella y ofrecerlo al consumidor final. Es como un hijo elaborado entre los dos", explica Baena.

Un símbolo de identidad

De esa unión nace Raíces de Extremadura, que más que una botella pretende ser un símbolo. Quiere democratizar un producto que "no entiende de clases ni de fronteras", porque, para Baena, lo que hace bueno un vino no es el precio, sino la compañía.

Con una imagen juvenil, busca cambiar las tendencias de consumo en la región y romper la percepción de que el vino "es solo para quien lo tiene todo claro", porque para él, es un instrumento "que sirve para socializar, un pequeño ladrón de sonrisas que vale tanto para el consumidor principiante como para el experimentado".

Otra de las premisas es la unión, la representación de los extremeños. "Nos falta un poco de amor propio, sobre todo hacia la región, porque si no nos posicionamos nosotros, no lo hará nadie".

Aunque la región cuenta con exponentes como la Denominación de Origen Protegida Ribera del Guadiana o con la Indicación Geográfica Protegida Vino de la Tierra de Extremadura, buena parte del vino que se sirve en bares y restaurantes sigue llegando de otras denominaciones más consolidadas en el imaginario colectivo.

"Consumimos más vino de Ribera del Duero o Rioja que vino extremeño. Y detrás de una botella hay un año de trabajo: podar, esperar la flor, que madure el racimo, vendimiar, fermentar… No es solo vidrio, etiqueta y corcho. Es un año de esfuerzo que se consume en menos de una hora entre dos buenos amigos", subraya.

100% tempranillo del Valle del Raposo

El vino es un 100% tempranillo, una variedad que define como "la más plantada en España y muy adaptable a distintas climatologías". En este caso se elabora en el Valle del Raposo, a una altitud de entre 600 y 700 metros. Las corrientes de aire procedentes de Portugal refrescan la viña y permiten obtener un tinto más equilibrado y fresco de lo que suele asociarse tradicionalmente al vino extremeño.

Baena reconoce que cuando se piensa en vino de la región suelen venir a la cabeza sabores intensos y alto grado alcohólico por el calor, pero insiste en que las zonas de altitud permiten elaborar vinos más frescos y fáciles en boca.

El proceso ha sido "meticuloso" y la vendimia se ha realizado de forma manual. "Es una serie que nace para dar a conocer lo nuestro, no por necesidad. Paco trabaja la viña y, cuando la uva entra en bodega, empezamos el trabajo conjunto, como una buena pareja de baile", relata.

La producción es limitada, alrededor de 1.400 botellas, que actualmente pueden adquirirse online y en algunos establecimientos de la provincia de Badajoz. La marca se estrenó en Nochevieja y su recorrido aún es corto, pero el objetivo es claro: extenderla por toda la región.

La identidad

El mensaje va más allá del contenido, porque el proyecto ensalza la tierra desde la etiqueta, donde aparece una cepa cuyas raíces se transforman en monumentos representativos del territorio, como el Teatro Romano de Mérida, el Puente de Alcántara y el Monasterio de Guadalupe.

"La botella lleva lacre como símbolo de tradición; el color es dehesa, la etiqueta blanca y la botella negra, como la bandera.Todo tiene relación con lo que somos y de dónde venimos", concluye este extremeño para quien la región es "casa, familia, todo lo que tengo. Aquí he nacido, aquí vivo y aquí moriré".

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