Energía eólica en Extremadura
Rachas de casi 150 km/h, el tornado de Plasencia también pasó por Merengue
El fenómeno de vientos huracanados que vivió la capital del Jerte el pasado 30 de enero, y que causó daños materiales en casas y coches, se dejó notar igualmente en los dos parques eólicos cercanos, con velocidades del viento que llevaron a parar por seguridad algunos de sus aerogeneradores

Vista de los aerogeneradores de Merengue, en una imagen tomada esta semana. / El Periódico
Las palas de cualquiera de los quince aerogeneradores del parque eólico Merengue, en Plasencia, comienzan a generar energía cuando el viento alcanza los tres metros por segundo. No es mucha velocidad, menos de once kilómetros por hora. Desde ese momento, cuanto más fuerte es el aire que les llega, mayor producción vierte el aerogenerador a la red eléctrica hasta que, al alcanzar los 10,5 metros por segundo, se obtiene el máximo rendimiento de la máquina (que cuenta con una potencia nominal de 2,625 megavatios). A partir de ahí, funciona con una generación constante; da igual con qué intensidad esté soplando el viento. Y es así como permanece mientras que las rachas no lleguen a un punto en el que se salgan de los rangos de diseño. Cuando esto sucede, hay que parar por seguridad.
Las ráfagas tienen que ser muy potentes para que eso llegue a ocurrir: 25 metros por segundo (90 kilómetros por hora), que es la velocidad que hace que los sistemas de protección se disparen y los molinos dejen de girar (o lo hagan muy pausadamente) para evitar tensiones excesivas. El pasado 30 de enero, en torno a las cuatro y media de la tarde, el aerogenerador número 2 de Merengue, uno de los más cercanos a la capital del Jerte, pulverizó esa marca y llegó a registrar 41 metros por segundo (casi 150 kilómetros por hora). Y el más próximo al casco urbano, que es el número 1, se quedó cerca de esta cifra, con 38 metros por segundo.
El tornado
Esos fueron el día y la hora en los que el paso de un tornado sorprendió a Plasencia, donde derribó árboles y dejó importantes daños materiales en viviendas o vehículos. Los diez minutos que aproximadamente duró el fenómeno también se dejaron sentir intensamente en los dos parques eólicos Merengue. Según confirman fuentes técnicas de Naturgy, la compañía propietaria de estas instalaciones, en la primera de estas plantas un 80% de los molinos se pararon durante este episodio al superar el umbral de seguridad. El segundo también se detuvo, pero en este caso fueron las protecciones de su subestación eléctrica las que saltaron. Al quedarse sin tensión la instalación, también las máquinas dejaron de tener capacidad de producir.

Varios de los aerogeneradores instalados en el parque eólico de Naturgy. / El Periódico
De la misma manera que cada una de las máquinas del parque eólico tiene autonomía para operar por separado, cambiando su ángulo de ataque respecto al viento de forma independiente, también sus mecanismos de protección actúan por cuenta propia. Todas estas torres incorporan sobre su góndola (la carcasa que va en la parte superior, detrás del buje, y que alberga la mayoría de los equipos mecánicos y eléctricos principales) dos equipamientos de control. Uno, precisan las citadas fuentes, «que es un sónico, el elemento principal que mide la dirección y la velocidad del viento». Se trata de un sensor que calcula estos parámetros usando ondas ultrasónicas; el otro sirve «de ‘backup’, de reserva», por si fallase el primero, algo que puede ocurrir cuando se produce una tormenta eléctrica, por ejemplo. «Se trata de un anemómetro y de una veleta».
Cómo van parando
Durante su operación habitual, el aerogenerador se orienta a barlovento, es decir, «como poniendo la ‘nariz’ (el buje)», en dirección a donde le viene el viento. Por el contrario, cuando se pasa el límite de seguridad, el sistema aplica un frenado aerodinámico: las palas se sitúan en ‘bandera’ (lo que se denomina ‘pitch’ a 90 a grados) para reducir el impacto del aire, oponiendo menos resistencia al viento.
Simplemente con este frenado progresivo, ya se consigue reducir drásticamente las revoluciones por minuto del rotor. Sería un modo de ‘pausa’. Sin embargo, con un episodio más extremo, como un tornado, se da un paso más. Si el molino detecta que aun en esta posición de seguridad se están produciendo oscilaciones de la torre o vibraciones, se «activa la pinza de freno para que quede inmovilizado el rotor» por completo.
A lo largo de estas semanas de un temporal detrás de otro, estas instalaciones, las primeras de tecnología eólica en entrar en funcionamiento en Extremadura, no han registrado más paradas como esta. Desde que el 24 de febrero de 2019 Merengue vertió el primer kilovatio a la red, sí que ha ocurrido en alguna que otra ocasión, habitualmente en el mes de diciembre por el impacto de alguna ciclogénesis, pero «nunca» se habían alcanzado niveles tan altos de viento, confirman desde Naturgy. «Como mucho habíamos llegado a lo mejor a picos de 32 metros por segundo». El fenómeno vivido el penúltimo día de enero, que «fue algo muy puntual y sobrevenido», tuvo además otro rasgo peculiar: lo habitual es que, cuanto más alto esté el aerogenerador, más producción acumule a lo largo del año, pero en esta ocasión «donde cogimos rachas más elevadas fue en los que están más cerca de Plasencia, cerca del casco, en los más bajos».
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