Con sumo gusto
Estoicos de salón
El estoicismo se ha reiventado, o deformado más bien, como una suerte de frases de autoayuda encaminadas a sentirse mejor, no a ser mejor

Marco Aurelio. / EL PERIÓDICO
Marco Aurelio fue emperador romano (161–180 d. C.). Uno de estos personajes históricos que cuanto más los conoces más te fascinan. Las imágenes que tenemos de él son el clásico busto o estatua romana con el pelo rizado y barba, bastante parecido a Kristian Pielhoff, presentador de bricomanía. Como mi intención es despertar el interés de aquellos lectores que no conozcan tremenda figura histórica, vamos a imaginarlo, mejor que como al bueno de Kristian, como al anciano y sabio emperador de Gladiator, que, en efecto, era Marco Aurelio, y uno de los pocos personajes reales de la película.
Conocido como uno de los cinco buenos emperadores, el que hoy nos ocupa lo era por obligación. Escribió “Meditaciones” para sí mismo, en medio de la guerra y sin pretender que nadie lo leyera, y ha llegado hasta nuestros días como la figura clave del estoicismo, aunque el mismo no se tuvo nunca por estoico.
Desde joven, Marco Aurelio prefería la filosofía a la política. Cuando Adriano lo señaló como futuro sucesor, él aceptó por deber, no por ambición. Se dice que comentó que la vida en la corte era “una esclavitud”, lo cual ya nos da una idea de su talante. De vida ascética hasta el extremo de dormir en el suelo, debió ser de los pocos políticos que lo eran, o son, por obligación de servir al pueblo, no para servirse del mismo.
Durante una campaña, un soldado insultó a los pueblos germánicos contra los que luchaban. Marco Aurelio lo reprendió, diciéndole que no era digno de un romano despreciar a sus adversarios. Para él, la guerra era un deber, no una excusa para el odio. Esa actitud estoica —combatir sin rencor— sorprendía incluso a sus propios generales. Fíjese el ávido lector que la semana pasada hablábamos de aquellos que consideran enemigos a los que simplemente piensan diferente, ¿cómo los vería Marco Aurelio, que respetaba al último bárbaro con el que lucharía hasta la muerte? Vamos para atrás, como los cangrejos.
Mamá, quiero ser estoico
Convertido en marca personal, el estoicismo se ha reinventado, o deformado más bien, como una suerte de frases de autoayuda encaminadas a sentirse mejor, no a ser mejor, que era la esencia de Séneca —que era cordobés como los flamenquines— y los suyos. Huelga decir que no solo no tengo nada en contra de esta moda, sino que me resulta incluso entrañable, como tierna. No puedo evitar visualizar el perfil de joven estoico como varón de entre 25 y 40 años, que es esa franja en la que los hombres pasamos de ser niños a ser niños grandes. Le tira ser disciplinado, serio, recio, o lo intenta. Se mueve entre los 8 y los 10 puntos de la escala “Flipper” de ser tu mejor versión. Nuestro joven estoico va al gimnasio con una disciplina, eso, estoica. Es lo más “estoico” que hace en realidad, pero algo es algo. Los romanos estaban todos mazadísimos, solo hay que ver las esculturas, así que el primer paso para ser un hombre virtuoso es el press banca.
Ansiolítico filosófico de venta libre. Gran parte del éxito de la moda estoica es que ante la epidemia de ansiedad que nos asola, y lo que te rondaré morena, triunfan premisas como la de «solo debes preocuparte por lo que depende de ti». Es un bálsamo inmediato eliminador de problemas. Dudo mucho que a Zenón de Citio se le pasara remotamente por la almendra que su filosofía sirviera para acotar a lo estrictamente controlable la responsabilidad que tenemos sobre nosotros mismos.
Se me viene a la cabeza, y seguro que a los miembros de El Club del Pijama también —gracias por llegar hasta aquí, ya queda poquito— esa tendencia que flota en el aire de eludir responsabilidades, y buscar en terceras personas, cosas, o en el destino, la causa de tus infortunios. No preocuparse de un problema porque te has dicho a ti mismo que ni es culpa tuya, ni en tu mano está la solución, no es ser estoico, es ser el hombre blandengue que tanto detestaba el Fary, estoiquísimo donde los hubiera. Va por usted, Don José Luis.
Manual de productividad
De todas las malas interpretaciones que se hacen del estoicismo, esta es mi preferida. Atención spoiler de Gladiator: ¿recuerdan sus señorías cómo murió Marco Aurelio en Gladiator? Espachurrado por el propio Cómodo con su cuerpo. Pues eso es lo que le hacen los jóvenes emprendedores, o comerciales, al estoicismo cuando lo interpretan como una colección de mantras para ser mejor empresario o vendedor. Elimina distracciones, controla emociones, ejecuta tareas. Marco Aurelio ya no es un emperador reflexionando sobre la fugacidad del poder, ahora es un Emilio Duró que te da la chapa para madrugar, entrenar y cumplir objetivos trimestrales. El ideal no es la sabiduría, sino la capacidad de generar ventas. Lamenteibol.
Pensando en lo que antecedía al nacimiento de la filosofía estoica, realmente se puede entender como la asunción de un hombre nuevo, el grecolatino, ante un mundo tan cambiante como era el mundo clásico. Yo diría que la traslación correcta al mundo actual sería mucho más sencilla de lo que Instagram nos muestra con sus cientos de postales estoicas. Una persona adulta, coherente con su edad, madura, con una cierta ética o moral, que afronte los problemas con un mínimo de gallardía (con perdón) y que dé a cada uno lo suyo (en el buen sentido), creo que es bastante más estoico que citar a Marco Aurelio o leerse “quién se ha llevado mi queso” a las seis de la mañana tomando café sin azúcar, que el azúcar es para los cínicos.
*El Club del Pijama es el grupo de lectores, librepensadores, que cada domingo llega al final de esta página. Bienvenido/a si eres nuevo/a.
José Miguel Campos es abogado. Director de Dereccho Abogados en Cáceres. Presidente de la Asociación de Usuarios y Consumidores de Extremadura
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