Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Tribuna

El reto de la economía regional de navegar sin viento a favor

Extremadura debe pasar del crecimiento por inercia a otro basado en productividad y valor añadido, con medidas estructurales que apuesten por la I+D

Un operario de una industria extremeña maneja un equipo.

Un operario de una industria extremeña maneja un equipo. / CARLOS GIL

Ricardo Vivas Vigara

Ricardo Vivas Vigara

Según BBVA Research, la economía regional crecerá en 2025 un 2,5%, a pesar de hacerlo por debajo del 2,8% de la española, es un buen dato. La región crece gracias al impulso de la demanda interna, como se puede comprobar con el aumento del índice del comercio al por menor en un 3% interanual en 2025 (animado en parte por la rebaja de la inflación en la última parte del año, que permite una mejora del poder adquisitivo de los salarios), y con el número de matriculaciones de turismos (indicador que mide la confianza del consumidor en la economía al ser un bien duradero), que aumentó un 23% en 2025, alcanzando casi 11.100 turismos matriculados.

Las razones son varias: Primero, por la ejecución de los fondos Next Generation antes que finalicen, con inversiones en construcción no residencial y en materia digital, como el Kit Digital o las ayudas europeas para propiedad intelectual y registro de marcas. Segundo, por el impulso del gasto público. El gobierno regional lo elevó al 16,2% del PIB en 2024, por encima de la media nacional, por el aumento de los salarios públicos (incorporación de nuevos trabajadores y por la estabilización), estimándose que en 2025 el comportamiento será el mismo.

Tercero, por el aumento del número de extranjeros afiliados a la SS, que pasó de 16.000 trabajadores en 2010 a más de 21.000 en 2025, lo que favorece a nuestra economía intensiva en mano de obra, y, al mismo tiempo, alienta el consumo.

Las exportaciones se desaceleran

Sin embargo, el motor de crecimiento de las exportaciones netas (exportaciones menos importaciones) se está desacelerando. Aunque su aportación al PIB es positiva, muestra un crecimiento cada vez menos equilibrado entre exportaciones e importaciones. Según el Instituto de Estadística de Extremadura (Ieex), desde 2002, las exportaciones crecieron a una tasa media mensual del 0,5% en comparación al 0,7% de las importaciones. Si añadimos los problemas geopolíticos, desde la guerra de Ucrania o Irán, así como la política económica de EEUU, basada en el aumento de los aranceles, la contribución del sector exterior a la Región será cada vez menor.

Por todo ello, se anticipa una desaceleración del crecimiento regional (que lo situaría en el 2% en 2026 y en el 1,8 % en 2027, por el menor aporte de la demanda externa y una moderación de la interna por la incertidumbre en política regional) y un aumento del déficit público, en ascenso desde 2022. Para revertir esa situación, es necesario poner en marcha políticas económicas sobre los factores de producción (trabajo y capital), que corrijan desajustes estructurales. Primero, aumentar la movilidad de ambos factores, con la mejora de infraestructuras y la solución al problema de la vivienda (por altos alquileres y por el déficit habitacional).

Igualmente, la bajada del precio de la vivienda permitiría liberar dinero del ahorro hacia el consumo, al no tener las personas la presión de ahorrar para comprar una vivienda con precios altos; Segundo, favorecer economías de aglomeración, atraer mano de obra experta en sectores clave, como el energético.

La inmigración ha contribuido a sostener el crecimiento de la población activa en estos últimos años y compensa la fuga de jóvenes hacia otras comunidades autónomas; Y tercero, transitar hacia servicios de alto añadido para sostener la economía, cuando los fondos se terminen, como consultoría especializada o marketing estratégico, entre otros, ya que por su naturaleza los servicios son consumidos mayoritariamente en la región, convirtiéndose en una ventaja competitiva.

Es necesario poner en marcha políticas económicas sobre los factores de producción que corrijan desajustes estructurales

El resultado sería un aumento de la productividad que beneficiaría a todos los agentes económicos de la región. En sectores intensivos en capital, los salarios podrían aumentar por debajo de la productividad, para evitar una espiral inflacionista precio/salario que dañase la competitividad de nuestros bienes y servicios, permitiendo la recuperación del poder adquisitivo y animando al consumo. En sectores intensivos en trabajo, el aumento de la población activa, por su aglomeración, reduciría el coste del factor trabajo, aumentando su competitividad y dando estabilidad a esta industria que depende de factores climatológicos y geopolíticos. En ambos sectores, las empresas aumentarían sus márgenes empresariales y, por consiguiente, la inversión en sus negocios. Por último, el Gobierno regional elevaría la recaudación tributaria (al aumentar las bases imponibles de trabajadores y empresas), que aliviaría tanto la deuda pública (bajando desde su máximo del 25% en 2020 hasta el 19% en el tercer trimestre del 2025) como el déficit, dándonos margen de maniobra ante un cambio de ciclo económico por un shock externo.

En conclusión, la región debe pasar del crecimiento por inercia a otro basado en productividad y valor añadido, con medidas estructurales que apuesten por la I+D, para lograr la estabilidad de las cuentas públicas y blindar nuestra economía ante la desaceleración que se avecina.

Tracking Pixel Contents