Llegada de la primavera
Extremadura cuelga el cartel de "lleno" en sus pantanos y el turismo náutico ya tiene reservas hasta julio
Tras las lluvias de invierno, los embalses recuperan su mejor imagen y las actividades acuáticas protagonizan la temporada desde el 21 de marzo en una región con más de 1.500 kilómetros de orillas navegables

R. M.

De Alcántara a La Serena, el agua ha vuelto a dibujar el paisaje extremeño tras uno de los inviernos más lluviosos que se recuerdan. La sucesión de borrascas ha llevado a varios embalses a superar los 500 hectómetros cúbicos, devolviendo a las presas una imagen que forma parte de la memoria colectiva de los extremeños.
Ahora, a las puertas de la primavera, ese escenario marca el inicio de una temporada clave para el turismo náutico. Con más de 1.500 kilómetros de orillas navegables repartidos entre las cuencas del Tajo y del Guadiana, Extremadura cuenta con un patrimonio hídrico que se extiende desde Orellana hasta Gabriel y Galán y que ha convertido a sus embalses, gargantas, ríos y piscinas naturales en uno de los destinos de interior con mayor potencial para el llamado turismo azul.
Más de una veintena de embalses tienen autorización para actividades acuáticas y en torno a ellos ha ido creciendo con los años un tejido de empresas de ocio, clubes náuticos, escuelas deportivas y alojamientos rurales que encuentran en el agua uno de sus principales reclamos.

Piragüismo en kayaks dobles en Extremadura. / Cedida
Con el nivel actual en embalses y gargantas, el sector afronta la llegada de la primavera, que comienza el próximo 21 de marzo, con la sensación de que la naturaleza vuelve a jugar a favor.
"Ya tenemos reservas hasta el mes de julio para actividades acuáticas", explica Francisco Javier Zamarreño, director de la empresa de turismo activo Jálama Outdoor. Aunque todavía es pronto para hacer un balance completo de la temporada, recuerda que el año pasado la campaña ya fue positiva gracias al buen nivel de los embalses, por lo que las previsiones se mantienen en una línea similar.
Una costa interior única
De hecho, Zamarreño señala que algunas actividades ya se están realizando y que, siempre dependiendo de la climatología, el resto suelen arrancar antes del verano, entre marzo y abril. Un calendario que refleja cómo el turismo de naturaleza continúa consolidándose como una de las principales motivaciones de viaje dentro de la región.
Empresas especializadas como Jálama Outdoor ofrecen propuestas que van desde paseos en kayak hasta rutas en paddle surf o big paddle surf, una modalidad en la que varias personas comparten una misma tabla de gran tamaño en la que pueden ir hasta ocho adultos. A estas experiencias se suman también paseos en barco, barranquismo o rutas guiadas por el agua.
Las condiciones naturales permiten además practicar modalidades como vela ligera, piragüismo, windsurf o esquí acuático. Embalses como Orellana, Alcántara, Gabriel y Galán, Alange o La Serena concentran buena parte de esta oferta. Este último, con más de 3.200 hectómetros cúbicos de capacidad, es el mayor embalse de España y uno de los mayores de Europa.
Los ríos Tajo, Alagón, Guadiana o Zújar permiten recorrer paisajes de dehesa, cortados rocosos y reservas naturales desde embarcaciones que parten de distintos embarcaderos repartidos por la región.
En el caso del norte de Cáceres, la oferta se completa con actividades de barranquismo, donde los turistas descienden por gargantas como la del Guijo de Santa Bárbara, en La Vera, o la de de Las Nogaledas, en el Valle del Jerte.
Playas de interior y zonas de baño
Zamarreño cuenta que en los embalses se realizan paseos en barco por el embalse de Gabriel y Galán hasta el Meandro del Melero, "en una embarcación que aloja hasta ocho personas con todas las comodidades" y añade que también es posible practicar wakeboard, "con una tabla que va arrastrada por el barco y hace un poco de surf mientras te va llevando".
El director detalla que este tipo de turismo ha crecido durante los últimos años y que, en el caso de su empresa, el perfil de visitante es mayoritariamente de fuera de la región, aunque "también hay bastante demanda del público extremeño, que lo está viendo como una opción de ocio", apunta.
Entre los factores que explican el auge de estas actividades destacan la calidad del agua y la gestión ambiental del territorio. Extremadura es actualmente líder nacional con 9 banderas azules en playas de interior, situadas en Orellana la Vieja, Cheles, Alange, Campanario, Casas de Don Pedro, Castuera, Herrera del Duque, Talarrubias y Cañamero.
A ellas se suma el puerto deportivo de Orellana la Vieja, el único de interior en todo el territorio nacional que posee bandera azul, sin olvidar sus 31 zonas de baño certificadas en los censos europeos. Zamarreño destaca que en Extremadura "se pueden llegar a practicar todos los deportes de costa, salvo el surf" y añade que "hoy en día el turista viaja a un sitio por lo que puede ver y hacer. Luego ya busca dónde alojarse".
Un motor ligado al turismo rural
La expansión del turismo acuático está estrechamente vinculada al crecimiento del turismo rural en Extremadura. Según estimaciones del sector, la región podría contar con alrededor de 2.000 establecimientos turísticos, entre casas rurales, apartamentos o campings.
Solo en la provincia de Cáceres habría en torno a medio millar de casas rurales, según cálculos de la Asociación de Turismo del Norte de Extremadura (Aturnex).
Aunque se mantienen los visitantes en grupos grandes que optan por las casas rurales del "todo incluído", saliendo poco a visitar la zona, cada vez son más frecuentes las parejas o los amigos que optan por explorar el entorno y participar en actividades a pie de naturaleza.
El presidente de Aturnex, Ignacio Lozano, explica que las tendencias de los viajeros han cambiado en los últimos años y que ahora son las experiencias las que marcan la elección del destino.
Un cambio de tendencia en el turismo
"Antes la gente elegía el lugar, buscaba alojamiento y después decidía qué hacer. Ahora ocurre al revés: cada vez más personas escogen el destino en función de las actividades que pueden realizar allí", subraya.
Eso sí, reconoce que la climatología sigue siendo uno de los factores determinantes para el sector. "Cuando llueve mucho los alojamientos pueden seguir llenos, pero las actividades al aire libre se cancelan. Ahí es donde más se nota", explica.
En cualquier caso, el balance del invierno para los alojamientos turísticos ha sido positivo. Lozano destaca que un momento clave fue el fin de semana de Carnaval, que coincidió con San Valentín y cayó en sábado, lo que elevó notablemente la ocupación.
Durante los meses de enero y febrero, tradicionalmente más tranquilos, el movimiento turístico se sostiene sobre todo en escapadas en pareja, que buscan alojamientos con extras como chimenea, jacuzzi o bañeras de hidromasaje.
"Un apartamento puede costar entre 160 y 200 euros el fin de semana, y para una pareja es un gasto asumible. Sin embargo, para familias o grupos grandes es más complicado en esa época", apunta.
Un potencial todavía en crecimiento
Con la llegada del buen tiempo, el turismo vuelve a activarse. Tras un invierno especialmente lluvioso, el sector confía en que la primavera y el verano permitan consolidar una temporada positiva.
"Extremadura tiene muchísimos recursos: desde Campiña Sur hasta Sierra de Gata, desde Monfragüe hasta el Tajo Internacional o el Geoparque Villuercas-Ibores-Jara. Toda la región tiene potencial", afirma Lozano.
Los profesionales coinciden además en que la pandemia marcó un punto de inflexión en la percepción del turismo rural. Durante ese periodo muchos viajeros comenzaron a descubrir lugares de la propia región que hasta entonces les resultaban desconocidos, reforzando el interés por las escapadas de naturaleza y por destinos menos masificados.
"El extremeño de la provincia de Badajoz, que antes miraba más hacia la costa, empezó a mirar hacia el norte de la región. Y al revés: desde Cáceres también se ha empezado a descubrir el sur", concluye Lozano.
Mientras tanto, con los embalses llenos y la primavera a punto de comenzar, el agua vuelve a situarse en el centro del paisaje extremeño y, con ella, regresa uno de los motores turísticos que mejor conecta con la identidad natural de la región: un territorio donde ríos, gargantas y pantanos forman ya parte inseparable de la forma de viajar y de mirar el paisaje.
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