Con sumo gusto
Falsa sensación de riqueza
El profesor Miguel Anxo Bastos explica el ahorro como el acto de renunciar a consumir ahora, para consumir mas adelante. Pedir préstamos al consumo es precisamente lo contrario: consumir ahora renunciando a hacerlo mas adelante, y además con la penalización larga y dura de los intereses. Todo mal

Dinero. / EL PERIÓDICO
«El dinero mueve el mundo, pero no siempre en la dirección correcta». Parafraseado de Pies de barro. En la novela, el genial, y tan querido en este foro, Terry Pratchett critica cómo el dinero puede distorsionar la moral y la lógica. Y si el vil metal contante y sonante tiene esos poderes, la ilusión de tenerlo, sin necesidad de que así sea, nos eleva a otro nivel. Imagina poder gastarlo sin que desaparezca de tu hucha, la moral y la lógica quedan a un lado y entramos en una realidad paralela en la que somos lo que queramos ser, por tiempo limitado eso sí, como en La Cenicienta.
En El Jugador (1866), Fiódor Dostoievski narra el descenso a la ruina de Alekséi Ivánovich, un maestro ruso en la ciudad ficticia de Ruletenburgo. Obsesionado con Polina y desesperado por el dinero, Alekséi cae en la ludopatía, perdiendo su dignidad y fortuna en la ruleta. El dinero y los préstamos son el motor que mueve a los personajes. Es una obra escrita casi a contrarreloj, Dostoievski la dictó en menos de un mes para saldar una deuda.
Asfixiado por las deudas en 1865, el autor de Crimen y castigo aceptó 3.000 rublos de su editor Stellovski a cambio de los derechos de sus obras ya publicadas. El contrato incluía una cláusula brutal: debía entregar una novela inédita antes del 1 de noviembre de 1866. Si fallaba, Stellovski obtendría gratis todo lo que escribiera durante los siguientes nueve años. Parece que en el siglo XIX los rusos ya tenían su propia editorial Bruguera. Para salvar su carrera, contrató a la taquígrafa Anna Snítkina y trabajó con ella día y noche. Así logró dictar El jugador en solo 26 días y evitar perder su obra futura. En El Club del Pijama* somos verdaderamente devotos del realismo ruso del XIX, pero hoy toca hablar de cómo nos pensamos ricos con dinero de otro.
Vivir a crédito
Durante toda la vida de Dios, y no mas allá de nuestros padres o abuelos, rico era el que tenía pasta y podía disponer de ella, fin. El dinero se tenía, no se aparentaba. Se podía detectar cuando una persona gozaba de buena hacienda, y no siempre, pero como algo accesorio o secundario. La riqueza estaba limitada por la realidad: si no se tenía, simplemente no se podía gastar.
Hoy, sin embargo, la situación es radicalmente distinta. El acceso fácil al crédito ha transformado la percepción social de la riqueza hasta el punto de que millones de personas viven rodeadas de bienes que en realidad no pueden permitirse. Coches, viviendas, teléfonos, vacaciones, ropa o electrodomésticos aparecen en nuestras vidas no porque tengamos el dinero necesario para comprarlos, sino porque alguien está dispuesto a prestárnoslo.
El crédito
Lejos de querer demonizar el crédito, vaya por delante que es estrictamente necesario para que una sociedad funcione. Sin las hipotecas sería una odisea esperar a ahorrar el precio total para poder comprar una casa. Así mismo el crédito financia proyectos personales y empresariales que se traducen en creación de riqueza. Muy a favor de que el dinero sea un bien que se compre y se venda, es la grasa de las relaciones económicas humanas. El problema surge cuando el crédito deja de servir para crear riqueza y empieza a utilizarse simplemente para anticipar consumo. Ahí está el diablo, querido lector. Esto me recuerda al profesor Miguel Anxo Bastos (Universidad de Santiago de Compostela), que explica el ahorro como el acto de renunciar a consumir ahora, para consumir más adelante. Pedir préstamos al consumo es precisamente lo contrario: consumir ahora renunciado a hacerlo mas adelante, y además con la penalización larga y dura de los intereses. Todo mal.
La industria del endeudamiento
No estoy hablando del sector financiero ni crediticio. Es evidente que hay un mercado de dinero con unos operadores, que existe toda una industria dedicada a facilitar al consumidor el pago de sus compras financiando a cambio de intereses. Esto es más antiguo que el hilo negro. Unos peores que otros, todos con una sombra de codicia que va a más, pero necesarios, al fin y al cabo, como mínimo para que el común de los mortales pueda acceder a vivienda y vehículo. No hablo de ellos. Hablo de aquellos bienes o servicios que no existirían si no existiera el crédito al consumo. Son dos monos que se comen, como pipas, los parásitos que le quitan al otro: yo fabrico móviles de mil euros porque se que tú vas a prestarle el dinero al comprador, y viceversa.
No es casualidad que el crédito se haya convertido en un elemento central del sistema económico que nos ha tocado. Para muchos sectores (o subsectores como el ejemplo de teléfonos móviles de mil lereles), el acceso al crédito no es simplemente una herramienta; es una condición necesaria para que su modelo de negocio funcione. Si los consumidores solo pudieran comprar con el dinero que realmente tienen, muchos mercados se contraerían de forma significativa. Desaparecerían del mercado gran cantidad de bienes y servicios de “lujo” que van dirigidos al gran público, que pueden comprarlos hoy, pero en detrimento de su consumo de mañana. Poco se habla del daño que hace la mentalidad cortoplacista, la verdad.
Cuentan del gran dibujante Vázquez (Anacleto, Las hermanas Gilda...) que un día llegó a su casa, vio a varios cobradores esperándolo y, para despistarlos, empezó a golpear su propia puerta mientras gritaba insultos al supuesto moroso que vivía dentro. Logró no solo que los acreedores creyeran que era un cobrador profesional, además acabaron invitándole a unas cañas. Me tiene que perdonar el audaz lector, que ya se habrá dado cuenta de que cuando hablo de dinero meto muchas morcillitas literarias, o de otros artes, pero es menester limpiarse los dedos ensuciados de estar todo el día tecleando sobre parné, sirviéndome estas de toallitas perfumadas.
*El Club del Pijama es el grupo de lectores, librepensadores, que cada domingo llega al final de esta página. Bienvenido/a si eres nuevo/a.
El autor es abogado. Director de Dereccho Abogados en Cáceres. Presidente de la Asociación de Usuarios y Consumidores de Extremadura
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