Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El análisis

Extremadura, ante el espejo castellano y leonés

Es razonable plantearse, siquiera como hipótesis, que puede haber votantes del ámbito de la derecha que hayan dejado de ver útil la papeleta de Vox

Alberto Núñez Feijóo, junto a Alfonso Fernández Mañueco y María Guardiola, Isabel Díaz Ayuso y Jorge Azcón, en la junta directiva nacional del Partido Popular, este lunes.

Alberto Núñez Feijóo, junto a Alfonso Fernández Mañueco y María Guardiola, Isabel Díaz Ayuso y Jorge Azcón, en la junta directiva nacional del Partido Popular, este lunes. / José Luis Roca

Manuel Mostaza

Manuel Mostaza

El ciclo que comenzó en Extremadura en diciembre terminó de momento este domingo en Castilla y León. Tres comicios autonómicos en tres regiones (las dos más Aragón) de la España interior más relevantes por espacio (entre las tres ocupan más de un tercio del territorio nacional) que por población (apenas un 10% del total), que han dejado algunas notas de interés para el lector extremeño.

La primera de ellas es que los sistemas electorales son muy importantes. Ninguno es neutro a la hora de traducir preferencias en escaños, porque muchas veces, lo que ganas en gobernabilidad lo pierdes en representatividad, y al revés. Como las circunscripciones extremeñas son pocas (dos) y eligen muchos diputados, se establece una barrera del 5% para entrar, filtro que funciona de manera real y que limita las posibilidades de entrada de fuerzas regionalistas o que no tengan una solida presencia en el territorio. En Castilla y León, por el contrario, la barrera legal es más baja (el 3%) pero en realidad no aplica en ningún sitio. Al ser circunscripciones con un número de escaños pequeños, con menos de un 5/6%, es difícil entrar en el reparto en ninguna de ellas: con el 3,9% SUMAR / IU se ha quedado fuera en Valladolid, la provincia que más procuradores reparte, y hubiera necesitado superar el 6% para haber entrado en el reparto.

Problemas internos

El segundo elemento pasa por la importancia de las personas. Aunque los dos candidatos socialistas compartían en Extremadura y en Castilla y León la imagen de experiencia en la gestión y un cierto alejamiento de Ferraz, la suma de problemas internos en el caso extremeño, así como el complejo horizonte judicial de Gallardo, le costaron al PSOE de Extremadura un precio que los socialistas en Castilla y León no han tenido que pagar. En el ámbito de la derecha, da la sensación de que el PP de Castilla y León tiene más trabajado el medio rural que sus homólogos extremeños, lo que explicaría el buen resultado que los de Mañueco obtienen en las zonas rurales, frente a la resistencia socialista en este entorno y al crecimiento de Vox en muchos de estos territorios en Extremadura.

La última nota de interés para el lector de esta columna es que parece que dilatar los procesos de decisión puede pasar factura a medio plazo. Los extremeños votaron en 2025 y siguen sin gobierno. Es razonable plantearse, siquiera como hipótesis, que puede haber votantes del ámbito de la derecha que hayan dejado de ver útil la papeleta de Vox: si tu voto no sirve para que haya un gobierno conservador, y ni siquiera vale para «derechizar» al PP, ¿para qué sirve entonces?

Una pregunta, quizá impertinente, a la que desde Vox deberían darse prisa en contestar…

Tracking Pixel Contents