Formación y empleo
Extremadura lidera la caída de estudiantes de Ingeniería mientras empresas y administraciones urgen titulados
La región ha perdido un 20% de alumnos en una década, con desplomes en las ramas de Civil o Topografía, pero sectores clave como infraestructuras, energía e industria ya encuentran dificultades para cubrir puestos técnicos
Extremadura lidera la caída de estudiantes de Ingeniería mientras empresas y administraciones urgen titulados / Cedida

Extremadura ha perdido uno de cada cinco estudiantes de Ingeniería en apenas diez años. La caída es la más acusada de todo el país y se concentra especialmente en las ramas vinculadas a la obra pública y la topografía, con descensos del 74% y del 80%, respectivamente. Al mismo tiempo, el mercado laboral avanza en dirección contraria y cada vez son más las empresas y administraciones que buscan ingenieros y encuentran dificultades para cubrir esos puestos dentro de la región.
Durante años, algunas titulaciones han visto reducir de forma progresiva el número de estudiantes hasta situarse en niveles mínimos, especialmente aquellas ligadas a infraestructuras o construcción.
Emilio del Pozo, ingeniero de caminos y profesor en la Escuela Politécnica de Cáceres, sitúa el origen en la crisis económica iniciada en 2008, que golpeó con especial intensidad a la construcción durante los años posteriores. "La obra pública se vio afectada de una manera bastante grave y los estudiantes hicieron un traspaso hacia las carreras más seguras, como eran las sanitarias y la educación", explica.
Según detalla, fueron precisamente las ingenierías industriales, informática y telecomunicaciones las que se mantuvieron en ese periodo. Su testimonio encaja con los datos del Instituto de Graduados en Ingeniería e Ingenieros Técnicos de España (INGITE), que señala que la rama de Informática es la única que ha incrementado alumnado (+23,8%), en paralelo al auge del sector tecnológico.
El profesor también achaca la reducción tan pronunciada en estas titulaciones a la aparición de nuevas escuelas de obras públicas en otros lugares del país: "Antes, la de Cáceres era prácticamente la única en el entorno, con lo que llegaban estudiantes de otras comunidades, pero ahora los matriculados son, sobre todo, locales", señala.
Más empleo que titulados
Frente al descenso sostenido en las aulas, el mercado laboral presenta una realidad distinta. La demanda de ingenieros ha crecido en los últimos años, impulsada en parte por la inversión pública y los proyectos vinculados a fondos europeos.
De hecho, del Pozo subraya que el sector se encuentra con muchas dificultades para encontrar ingenieros que cubran puestos en infraestructuras o servicios públicos. La escena se repite con frecuencia. Empresas que preguntan por estudiantes que estén a punto de terminar la carrera o administraciones que necesitan incorporar perfiles técnicos para desarrollar proyectos. En algunos casos, la incorporación al trabajo se produce incluso antes de finalizar los estudios.
"Ahora mismo el paro en ingeniería civil en Extremadura es prácticamente inexistente", afirma. En este punto entra en juego la retención de talento, un factor que no solo afecta a la región, sino al conjunto del país.
Salarios más bajos y el auge del remoto
Para el ingeniero extremeño, el problema no es la falta de oportunidades, sino que los salarios de la comunidad son más bajos que en otros territorios: "No podemos competir con lo que pagan otras constructoras fuera de Extremadura o incluso de España", advierte.
A ello se suma el avance del trabajo en remoto, que permite a muchos profesionales residir en la región pese a estar contratados por empresas de fuera, con una retribución superior. En este sentido, del Pozo enfatiza que, si no hay un cambio radical, "en tres o cuatro años es probable que no se encuentre gente para hacer obra y que haya que parar proyectos por falta de personal".
Una recuperación aún incipiente
Tras años de descenso, el número de estudiantes en Ingeniería Civil ha ido aumentando progresivamente en los últimos cursos, en parte por la reorganización de la oferta académica y la mejora de las perspectivas laborales, como apunta el ingeniero, aunque todavía lejos de los niveles previos a la crisis.
"Yo en 2013 tenía en segundo de civil una asignatura con veintitantos alumnos y, tres años después, tenía tres. Ahora estamos en unos 39 y lo ideal sería que entraran 70 o 75 para abastecer al menos a la región", subraya.
El filtro del primer curso
La dificultad de estas carreras sigue siendo otro de los factores que condicionan tanto el acceso como la permanencia. La exigencia en materias como matemáticas o física se traduce en una fuerte criba durante el primer curso.
Del Pozo asume que la carga de estas asignaturas es bastante fuerte, pero advierte de que resulta necesaria porque "se trabaja con estructuras y una serie de fórmulas que deben tener claras".
Hada Morales, estudiante de Ingeniería Electrónica y Automática en la Universidad de Extremadura, lo resume así: "Hay mucha gente que entra, pero no todos consiguen seguir". Ese abandono temprano reduce aún más el número de titulados y repercute directamente en el mercado laboral.
Más demanda en unas ingenierías que en otras
Sin embargo, para Morales esa exigencia repercute en el prestigio académico. La estudiante recuerda que la Universidad de Extremadura ha logrado situarse en posiciones destacadas a nivel internacional, como en el ranking de Shanghái, donde en 2025 alcanzó el puesto 12 del mundo en Teledetección, fue segunda de Europa en esta especialidad y mantuvo la primera posición en España por cuarto año consecutivo en Ingeniería Eléctrica y Electrónica.
Por otro lado, la caída del alumnado no es homogénea. Mientras algunas ingenierías han perdido peso, otras han crecido o mantienen su atractivo. En la Escuela de Ingenierías Industriales de Badajoz, donde Morales es delegada del Consejo de Estudiantes, algunas ramas han incrementado su demanda hasta el punto de ampliar grupos en primero.
"Este año y el anterior hemos tenido lista de espera y notas de corte. Los últimos datos hablaban de unos 500 estudiantes en lista de espera", explica.
Dentro de esta escuela se ofertan además grados en Ingeniería Mecánica, Eléctrica, Tecnologías Industriales —también en doble grado con ADE— y otros itinerarios vinculados al ámbito industrial. "Antes teníamos tres grupos porque en primero y segundo se juntaban varias especialidades. Este año han tenido que abrir un cuarto por la cantidad de alumnado", añade.
Este contraste refleja un cambio en las preferencias, más orientadas a las ramas tecnológicas e industriales frente a las tradicionales. Según Morales, titulaciones como Ingeniería Química o algunas agrarias sean las que puedan presentar menor demanda.
Un problema de información
Otro de los aspectos que apunta el informe de INGITE es el descenso de las titulaciones habilitantes, aquellas que permiten firmar proyectos, dirigir obra o ejercer como profesionales regulados. En la última década han caído más de un 34%, mientras crecen las no habilitantes.
Para Morales, la clave está en la falta de información previa. "Algunos grados no habilitantes suenan muy atractivos y la gente se matricula sin saber que luego no podrán firmar proyectos si no hacen un máster. Y no todos los másteres permiten acceder desde cualquier grado", explica.
Un reto para la región
El descenso del alumnado y la creciente demanda de profesionales configuran un escenario que va más allá del ámbito universitario. La disponibilidad de ingenieros influye directamente en sectores estratégicos como las infraestructuras, la energía o la industria.
Morales lo resume con una imagen clara: "Un ingeniero es como una navaja suiza. Puede trabajar en líneas eléctricas, en estructuras o en seguridad informática; prácticamente en cualquier sector".
Menos estudiantes en determinadas ingenierías y más dificultades para cubrir puestos técnicos. Un desajuste que ya empieza a hacerse visible y que apunta a un reto de fondo para el desarrollo de Extremadura.
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