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Tercera sesión de investidura

María Guardiola y Vox, dos socios condenados a entenderse

Del veto de 2023 al nuevo gobierno de coalición, la relación entre el PP y Vox en Extremadura ha oscilado entre la desconfianza mutua y la necesidad de pactar

María Guardiola y Vox, dos socios condenados a entenderse

María Guardiola y Vox, dos socios condenados a entenderse / ASAMBLEAEX.ES

Mérida

«Quiero agradecer a toda la gente que ha estado acompañándome durante todo este tiempo, dándome la mano y levantándome cuando me he caído. Quiero darles un abrazo, llorar, gritar y divertirme con ellos». Fueron las primeras palabras que ayer pronunció la presidenta electa de la Junta de Extremadura, María Guardiola, tras prosperar su investidura. Después de cuatro meses de bloqueo, negociaciones ásperas, filtraciones interesadas, rectificaciones y una alianza con Vox sellada al límite, Guardiola pudo hablar al fin con el tono de quien da por terminada la batalla y se permite, aunque solo sea por unos minutos, exteriorizar el desgaste acumulado durante el camino.

Fueuna liberación: Guardiola dejó ver el alivio de quien ha atravesado un proceso político largo y accidentado. En esa mezcla de emoción, cansancio y celebración se resumía también la secuencia de las últimas semanas: una negociación con Vox marcada por la presión, por las diferencias de fondo y por la evidencia, cada vez más clara, de que ambos partidos están condenados a entenderse.

Fotogalería | Segunda sesión del pleno de investidura de María Guardiola en imágenes

Fotogalería | Segunda sesión del pleno de investidura de María Guardiola en imágenes / Javier Cintas

Formación de gobierno

La presidenta electa quiso pasar página con rapidez y proyectar desde el primer momento una idea de orden. «Vamos a poner en marcha un gobierno fiable, un gobierno serio, un gobierno que tiene muchas ganas de trabajar y lo queremos hacer cuanto antes», aseguró ante los medios, ya con la investidura resuelta. Fue su manera de enviar un mensaje de estabilidad después de un proceso en el que precisamente eso, la estabilidad, fue lo que más en duda estuvo. El nuevo Ejecutivo, del que solo se sabe que Óscar Fernández (Vox) ocupará la Vicepresidencia de Desregulación, Familia y Servicios Sociales, pondrá «a Extremadura siempre por delante en todas las decisiones».

El primer paso de la nueva etapa será la toma de posesión, este viernes en el Anfiteatro Romano de Mérida: en la arena donde durante siglos se escenificaron combates y el poder se exhibía ante la mirada pública, Guardiola celebrará la victoria institucional de su propia batalla. «La prioridad es Extremadura, siempre ha sido Extremadura». Según defendió, el nuevo gobierno seguirá impulsando «las políticas del cambio» iniciadas hace dos años y medio para consolidar la senda de transformación que, a su juicio, ya empieza a reflejarse en datos económicos y en la mejora de los servicios públicos. «No son discursos vacíos, son realidades», reiteró.

El pacto con Vox

Pero bajo esa voluntad de proyectar normalidad y ambición de gobierno sigue latiendo la realidad política que ha hecho posible esta investidura. El nuevo mandato nace amarrado a Vox, el mismo socio con el que el PP ya comprobó en la anterior legislatura hasta qué punto la convivencia podía ser difícil.

Aquella relación empezó entre reparos, derivó en coalición, se deterioró con rapidez y acabó convertida en uno de los principales focos de inestabilidad política en Extremadura. La campaña posterior tensó aún más los puentes y la negociación tras las elecciones volvió a exponer las diferencias, los vetos y las resistencias de ambos.

Y, sin embargo, el desenlace ha sido el mismo: pacto y gobierno compartido. Otra vez. Porque más allá de los discursos cruzados, de las distancias ideológicas y de las heridas recientes, PP y Vox vuelven a encontrarse en el mismo punto. Se necesitan. Unos para gobernar. Los otros para condicionar el rumbo del Ejecutivo y demostrar que sus votos pesan. Son, en definitiva, dos socios condenados a entenderse.

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