Campaña forestal
Un año después del peor verano de incendios, Extremadura llega mejor preparada, pero no blindada
La Junta ha reforzado plantilla, prevención e infraestructuras tras la crisis de Jarilla, pero varias medidas siguen en trámite y el riesgo vuelve a quedar condicionado por la meteorología extrema
Así han cambiado las zonas afectadas por los incendios del verano pasado en Extremadura / Carlos Gil / Toni Gudiel

El 12 de agosto de 2025 quedó grabado como el día en que el mapa forestal de Extremadura empezó a arder a una escala desconocida en la última década. La Península llevaba diez días inmersa en una ola de calor y, tras una alerta por tormentas secas, más de 700 rayos descargaron sobre la comunidad entre esa jornada y la madrugada siguiente, desencadenando una cascada de focos simultáneos. El caso más devastador fue Jarilla.
Durante once días, las llamas arrasaron 17.355 hectáreas en un perímetro de 170 kilómetros entre Trasierra, el Valle del Ambroz y el Valle del Jerte. La situación obligó a desalojar a más de 1.200 vecinos de cinco localidades y a confinar otras cinco. Fue, por superficie y comportamiento, el mayor incendio de la historia reciente extremeña, aunque no el único. La campaña cerró con 766 siniestros forestales, 50.089 hectáreas afectadas, 17 grandes incendios y 110 fuegos de nivel 1. La jornada más crítica fue la del 15 de agosto, con hasta seis grandes focos ardiendo a la vez en distintos puntos de la comunidad.
La meteorología extrema fue el detonante. Tras una primavera excepcionalmente húmeda, el monte llegó al verano con una elevada carga de combustible. Después llegaron las olas de calor continuadas, las tormentas secas y una simultaneidad que puso el sistema al límite. A ello se sumó un dato incómodo: el balance del Infoex reflejó que el 90% de los incendios había tenido origen humano, ya fuera por intencionalidad o por negligencias.
El verano devolvió además al primer plano problemas de fondo. Los expertos venían alertando del aumento de estos episodios ligados al calentamiento global, las olas de calor más frecuentes y la acumulación de combustible vegetal en montes marcados por el abandono de usos tradicionales. La Fiscalía de Medio Ambiente señaló entonces la ausencia o mala aplicación de planes de prevención en parte del territorio. A finales de agosto, 60 municipios extremeños seguían sin plan periurbano, pese a que corresponde a los ayuntamientos elaborarlo por ley. ¿Se han tomado medidas frente al verano de 2026? Se ha apostado por modificar las políticas del personal antiincendios; la reorganización administrativa, los cortafuegos y las inversiones de emergencia, entre otras medias. Extremadura está mejor preparada, pero no blindada.
Las actuaciones ejecutadas
Con el monte todavía humeando, la Junta reunió el 29 de agosto un Consejo de Gobierno extraordinario en Hervás (Cáceres) y anunció ayudas urgentes, cambios legales, prevención y refuerzo del dispositivo. Aquellas promesas se articularon después en un decreto-ley que entró en vigor en septiembre y ha servido de base para desplegar parte de la respuesta.
El cambio más visible ha estado en el personal. La Junta ha transformado 138 plazas de bomberos forestales para que trabajen todo el año en lugar de seis meses. Esos efectivos ya se han incorporado y han permitido que el Plan Infoex cuente por primera vez con el mismo personal para prevención que para extinción en estas fechas. A ello se suma la convocatoria de 195 plazas de bombero forestal conductor y 29 de agente del Medio Natural, cuyos procesos de oposición ya han comenzado.
También se ha reorganizado la consejería para integrar en una misma dirección general la prevención, la extinción y la gestión forestal. Además, se han impulsado modificaciones legales para facilitar actuaciones preventivas, usos tradicionales compatibles y cortafuegos productivos.
En paralelo se han ejecutado inversiones de emergencia para reparar caminos, proteger abastecimientos de agua y frenar el arrastre de cenizas mediante helimulching, aplicado sobre 1.120 hectáreas. Con la vista puesta en la próxima campaña, la Junta ha autorizado nuevas inversiones en montes públicos y ha ejecutado en Las Hurdes (Cáceres) obras para mejorar puntos de agua y accesos estratégicos.
Ese refuerzo incluye también la aprobación del primer Plan Forestal de Extremadura, pendiente desde hace más de una década. El documento moviliza 364,2 millones de euros para los próximos diez años y reserva un 55% de la inversión a actuaciones preventivas.
Medidas encaminadas
El balance, sin embargo, no es lineal. Varias de las medidas anunciadas en agosto siguen incompletas. El proyecto Mosaico en La Vera se activó, pero el de Gata-Hurdes sigue pendiente de formalización. El pastoreo preventivo continúa en tramitación y los grupos de voluntariado aún no forman parte del dispositivo, ya que el decreto se encuentra en la última fase de tramitación.
Extremadura afronta así la próxima campaña con más medios humanos, mejor estructura y más actuaciones de prevención que hace un año. Pero muchas de las actuaciones necesitan tiempo para traducirse en efectos reales sobre el paisaje y la reducción del combustible. La región llega al nuevo verano mejor preparada, pero no blindada, porque cuando el monte acumula combustible y el calor aprieta durante días, el riesgo ya no se parece al de hace una década.
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