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Crisis climática

Greenpeace señala a Extremadura entre las comunidades que afrontan el calor extremo sin refugios climáticos

La organización subraya que la región, junto a Castilla-La Mancha, destaca por la ausencia de estos espacios en sus principales ciudades, mientras el último balance atribuye siete muertes al calor en junio en la comunidad

El calor llega a niveles muy altos estos días, por encima de 40 grados, y los ciudadanos buscan la sombra como pueden

El calor llega a niveles muy altos estos días, por encima de 40 grados, y los ciudadanos buscan la sombra como pueden / Rocío Ruz - Europa Press

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Lola Luceño Barrantes

Lola Luceño Barrantes

Cáceres

Greenpeace sitúa a Extremadura entre los territorios del interior peninsular que afrontan el calor extremo sin una red de refugios climáticos en sus principales ciudades. La organización ecologista incluye a la comunidad, junto a Castilla-La Mancha, en su análisis sobre la escasa implantación de estos espacios públicos pensados para proteger a la poblacióndurante los episodios de altas temperaturas.

La advertencia llega en plena subida de los termómetros y apenas un día después de que se hiciera público que Extremadura registró en junio siete muertes atribuibles al calor, según las estimaciones del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), del Instituto de Salud Carlos III. En el conjunto del país, el balance fue de 1.031 fallecimientos asociados a las altas temperaturas durante el mes de junio, el peor dato para ese mes desde que funciona este sistema.

Greenpeace sostiene que España vuelve a suspender en adaptación urbana frente al calor. Según la organización, solo 19 de las 52 capitales de provincia cuentan actualmente con una red de refugios climáticos, una cifra que apenas mejora la situación detectada el año pasado, cuando eran 16. La entidad considera que este avance es insuficiente en un contexto de veranos cada vez más largos, temperaturas más extremas y mayor impacto sobre la salud pública.

Sin refugios en las principales ciudades

En el caso extremeño, Greenpeace subraya la ausencia de este tipo de recursos en sus principales ciudades. La situación resulta especialmente relevante en una comunidad acostumbrada a episodios prolongados de calor, con máximas por encima de los 40 grados y noches tropicales que dificultan el descanso, sobre todo entre la población más vulnerable.

Los refugios climáticos son espacios públicos o comunitarios habilitados para ofrecer protección durante los días de calor intenso. Pueden ser bibliotecas, centros cívicos, instalaciones deportivas, edificios municipales, patios escolares o zonas verdes con sombra suficiente, siempre que cumplan condiciones básicas de accesibilidad, gratuidad, información clara, agua, descanso y horarios útiles para la ciudadanía.

Greenpeace insiste en que no basta con designar un espacio como refugio climático si después no está disponible en las horas de mayor riesgo o si no reúne condiciones adecuadas. La organización apunta a tres problemas principales en muchas de las redes existentes: horarios limitados, espacios poco adecuados y falta de participación ciudadana en su diseño.

La responsable de adaptación al cambio climático de Greenpeace, Elvira Jiménez, sostiene que "el verano que conocíamos ya no existe" y que el calor se ha convertido en "un problema de salud pública" que cada año mata en España a miles de personas. A su juicio, las administraciones no están respondiendo "a la velocidad que el cambio climático impone", ni para frenar sus causas ni para adaptarse a sus efectos.

Más de mil muertes en junio

El análisis de Greenpeace se apoya en un mes de junio especialmente duro. En España se estimaron más de mil muertes atribuibles al calor, más de 200 de ellas durante la primera ola de calor. En Extremadura, el MoMo contabilizó siete fallecimientos asociados a las altas temperaturas, en un inicio de verano marcado por varios episodios de calor intenso.

Por comunidades, Cataluña registró el mayor número de muertes atribuibles al calor en junio, con 218, seguida de País Vasco, con 147; Castilla y León, con 96; Comunidad de Madrid, con 92; Galicia, con 88; Andalucía, con 72; Comunidad Valenciana, con 62; Navarra, con 53; Asturias, con 51; Cantabria, con 49; Aragón, con 45; Castilla-La Mancha, con 31; La Rioja, con 13; Extremadura, con 7; y Murcia, con 3.

La organización ecologista advierte de que el problema no se limita a los días de temperaturas extremas. Las noches tropicales, las mínimas elevadas y los episodios prolongados de calor también tienen efectos sobre la salud, especialmente en personas mayores, infancia, enfermos crónicos, personas que viven solas o ciudadanos que no pueden mantener sus viviendas en condiciones adecuadas durante el verano.

Una medida urgente, pero no suficiente

Greenpeace reclama a los ayuntamientos que habiliten refugios climáticos efectivos como medida inmediata para proteger a la población. Estos espacios, señala, deben ser gratuitos, cercanos, accesibles y estar bien comunicados a la ciudadanía. También deben formar parte de una estrategia más amplia de adaptación urbana, con más sombra, más vegetación, menos asfalto, fuentes, itinerarios frescos y especial atención a los barrios con mayor vulnerabilidad.

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La organización cita algunas experiencias positivas en otras comunidades, como los microrrefugios en pequeños comercios de barrio o la apertura de patios escolares a la ciudadanía durante los periodos de calor. En su opinión, los refugios climáticos pueden ser una herramienta útil a corto plazo, pero deben acompañarse de políticas más ambiciosas para transformar las ciudades y reducir los riesgos asociados al aumento de las temperaturas.

En plena primera semana de julio, Extremadura vuelve a mirar al termómetro. Aemet prevé máximas en torno a los 40 grados en Cáceres y por encima de esa barrera en Badajoz, dentro de un nuevo episodio de temperaturas muy altas en el interior y el suroeste peninsular. Con ese escenario, Greenpeace coloca el foco en una carencia concreta: la falta de una red de espacios seguros a los que acudir cuando el calor deja de ser una molestia y se convierte en un riesgo para la salud.

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