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Horizonte nuclear

Las siete bazas de Almaraz ante el dictamen decisivo del CSN de este jueves sobre su prórroga

El Consejo de Seguridad Nuclear votará si la central puede seguir funcionando hasta junio de 2030; la seguridad, la estabilidad de la red, el precio de la energía y el empleo sostienen la petición

Video | Las siete bazas de Almaraz ante el dictamen decisivo del CSN de este jueves sobre su prórroga

E. P. E.

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Lola Luceño Barrantes

Lola Luceño Barrantes

Cáceres

La Central Nuclear de Almaraz afronta este jueves, 16 de julio, una jornada decisiva. El pleno del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) debatirá y votará el dictamen técnico sobre la solicitud de sus propietarias para que los dos reactores sigan funcionando hasta el 8 de junio de 2030.

El informe no concederá por sí solo la prórroga, pero puede despejar o cerrar el camino. Si es favorable, el expediente volverá al Ministerio para la Transición Ecológica, que tendrá la última palabra. El calendario actual fija el cierre de Almaraz I el 1 de noviembre de 2027 y el de Almaraz II el 31 de octubre de 2028.

Pedro Sánchez ha condicionado cualquier prolongación a tres requisitos: seguridad nuclear, garantía de suministro y ausencia de costes adicionales para los ciudadanos. Estas son las siete principales bazas con las que Almaraz llega al examen técnico y político.

1. Una central con la máxima calificación internacional

Almaraz revalidó en 2025 la categoría WANO 1, la máxima calificación de la Asociación Mundial de Operadores de Centrales Nucleares, tras una revisión realizada por más de 25 expertos internacionales.

El reconocimiento sitúa a la instalación entre las plantas con mejor desempeño, aunque no sustituye al examen del CSN. WANO es una organización del sector y será el regulador público (CSN) el que determine si los reactores pueden operar con seguridad hasta 2030. Un informe favorable permitiría dar por cumplida una de las condiciones planteadas por Sánchez.

Cabe recordar que la ampliación solicitada para Almaraz no sería una excepción en el panorama nuclear internacional. Los dos reactores de North Anna, en Virginia (Estados Unidos) son también reactores de agua a presión de diseño Westinghouse y tres circuitos de refrigeración. El regulador nuclear estadounidense autorizó en 2024 que North Anna I funcione hasta abril de 2058 y North Anna II hasta agosto de 2060. Ambos podrán alcanzar así los 80 años de operación, frente a los aproximadamente 47 que tendría Almaraz cuando concluya la prórroga solicitada en junio de 2030.

También los dos reactores de Surry, de tecnología Westinghouse y tres lazos, han recibido autorización para pasar de 60 a 80 años de actividad.

Vídeo | Bruselas repalda la continuidad de la Central Nuclear de Almaraz

Edición: Almudena Villar Novillo

2. Europa admite la nuclear dentro de la transición energética

La Unión Europea ha incluido determinadas actividades nucleares en su taxonomía de inversiones sostenibles, aunque sometidas a estrictos requisitos de seguridad y gestión de residuos.

La decisión no convierte automáticamente toda la energía nuclear en “verde”, pero reconoce que puede contribuir a la neutralidad climática. Almaraz produce electricidad sin emisiones directas de CO₂ durante su funcionamiento y puede complementar a las renovables mientras avanzan el almacenamiento y las redes. En concreto, la Central Nuclear de Almaraz alcanzó en 2025 una producción bruta de sus dos unidades alcanzó los 15.370 GWh, lo que evitó la emisión de 6 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera.

El debate, por tanto, no tiene por qué plantearse únicamente como una elección entre nuclear y renovables, sino como una combinación temporal de ambas para reducir el uso de combustibles fósiles sin comprometer el suministro.

El giro europeo no se limita al reconocimiento regulatorio. A mediados de julio, el Organismo Internacional de Energía Atómica contabilizaba reactores en construcción en Reino Unido, Eslovaquia, Hungría y Turquía, entre ellos los dos de Hinkley Point C y los cuatro de Akkuyu. Reino Unido impulsa además el proyecto de Sizewell C, mientras la Comisión Europea ha aprobado una estrategia para que los primeros pequeños reactores modulares entren en servicio a comienzos de la próxima década para reforzar la seguridad de suministro y avanzar en la descarbonización.

3. La estabilidad de la red después del gran apagón

El apagón del 28 de abril de 2025, que dejó sin electricidad a la España peninsular y Portugal, volvió a poner en primer plano la necesidad de reforzar la estabilidad del sistema. El incidente no demuestra que más energía nuclear lo hubiera evitado, pero sí evidenció la importancia de controlar la tensión, la frecuencia y las oscilaciones en una red con cada vez más generación renovable.

La nuclear aporta energía continua y previsible, independiente del viento y del sol. En este contexto, Extremadura acogerá dos de los ocho compensadores síncronos previstos en España, situados en Almaraz y Brovales. Estos equipos no producen electricidad ni sustituyen a una central, pero aportan inercia y control de tensión. Su instalación confirma que la red necesita nuevos mecanismos para integrar con seguridad más renovables y reducir el riesgo de que se repitan episodios de este tipo. Y todo ello necesita un poco más de tiempo.

4. Una protección frente a las crisis y el precio del gas

Las guerras de Ucrania y Oriente Próximo han mostrado la exposición de Europa a la volatilidad del gas y del petróleo. La nuclear tiene una producción previsible y está menos expuesta a las oscilaciones diarias de estos mercados.

Almaraz no garantiza por sí sola una electricidad barata, pero su continuidad reduce la necesidad de recurrir en determinados momentos a centrales de gas, especialmente cuando escasean el viento, el sol o el agua. Cerrar una fuente estable mientras persiste la incertidumbre internacional podría aumentar la dependencia energética exterior y la exposición a nuevas subidas de precios.

5. Alrededor del 7% de la electricidad de España

Los dos reactores de Almaraz suman cerca de 2.100 megavatios de potencia y cubren aproximadamente el 7% de la demanda eléctrica anual de España. En 2025 la central produjo 15.370 gigavatios hora, el equivalente al consumo de unos cuatro millones de hogares. Su cierre obligaría a sustituir en poco tiempo una producción constante que representa alrededor de uno de cada catorce kilovatios hora consumidos en el país.

Parte podría cubrirse con renovables, pero también serían necesarias más redes, almacenamiento, interconexiones y sistemas de respaldo. La cuestión es con qué tecnologías y a qué coste se reemplazaría esa producción desde 2027.

6. La principal industria de Extremadura

Almaraz es considerada la mayor industria de Extremadura y sostiene alrededor de 3.000 empleos directos, indirectos e inducidos, cifra que la gestora eleva hasta unos 4.000 en toda su zona de influencia. A ellos se suman cerca de 1.200 trabajadores en cada recarga.

Su impacto se extiende por Campo Arañuelo mediante empresas auxiliares, comercios, alojamientos, servicios y empleo técnico cualificado. Las organizaciones empresariales y sociales advierten de que el cierre agravaría la despoblación y debilitaría el tejido económico de la comarca.

Video | Un centenar de entidades regionales y nacionales escenifican un frente común en defensa de Almaraz

Cedido

La planta paga además alrededor de 435 millones de euros anuales en impuestos, unos 100 millones vinculados a Extremadura, e invierte cerca de 50 millones al año en modernización y mantenimiento.

La fiscalidad es el principal punto de fricción. Las eléctricas consideran que la carga tributaria compromete la viabilidad de la central, mientras el Gobierno rechaza una prórroga basada en rebajas cuyo coste recaiga en los ciudadanos. La solicitud, no obstante, fue presentada sin exigir previamente compensaciones económicas.

7. Tres años para una transición real y no improvisada

Las propietarias no piden mantener abierta Almaraz indefinidamente, sino prolongar sus dos reactores hasta junio de 2030. Ese margen permitiría avanzar en almacenamiento, redes, interconexiones, nueva generación renovable y proyectos capaces de sustituir parte del empleo y la actividad económica de la planta.

También daría más tiempo para atraer centros de datos y otras industrias electrointensivas que necesitan electricidad abundante y estable. Los defensores de la continuidad consideran contradictorio intentar captar esas inversiones mientras se apaga la principal instalación energética e industrial de Extremadura sin alternativas plenamente operativas.

La cuestión no es elegir entre nuclear y renovables, sino decidir si conviene cerrar Almaraz en 2027 y 2028 o mantenerla hasta 2030 para completar una transición energética y económica más ordenada.

La última palabra será política

Almaraz llega al pleno del CSN con argumentos de seguridad, estabilidad, producción, precios y empleo. El regulador deberá limitarse a determinar si la central puede seguir operando con garantías hasta 2030.

Si el dictamen es favorable, el principal obstáculo técnico quedará despejado. Después corresponderá al Gobierno decidir si mantiene durante tres años más una instalación que produce alrededor del 7% de la electricidad española y sostiene la principal actividad industrial de Extremadura.

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