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Salud pública

El debate sobre la nueva ley antitabaco llega a las terrazas en Extremadura: "El fumador seguirá fumando"

La norma, todavía pendiente de aprobación en el Congreso, prohibirá fumar y vapear en terrazas, playas, piscinas y otros espacios al aire libre, una medida que genera opiniones enfrentadas en la región

Video | El debate sobre la nueva ley antitabaco llega a las terrazas en Extremadura

Carlos Gil

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Rocío Muñoz

Rocío Muñoz

Cáceres

La mayor reforma de la ley antitabaco en varias décadas afronta una fase decisiva. El Gobierno aprobó este martes un proyecto que, si supera su tramitación en el Congreso, extenderá la prohibición de fumar y vapear a las terrazas y a otros espacios al aire libre. La medida divide a hosteleros, comerciantes, fumadores y no fumadores de Extremadura, aunque incluso entre quienes temen sus consecuencias se repite la idea de que, como ocurrió con la anterior regulación, la ciudadanía terminará adaptándose.

La reforma afectará también a playas marítimas y fluviales, piscinas de uso colectivo, instalaciones deportivas y recintos donde se celebren espectáculos públicos. Además, impedirá fumar o vapear a menos de 15 metros de las entradas de centros sanitarios, colegios, universidades, museos, bibliotecas, edificios públicos, instalaciones deportivas y parques infantiles.

La normativa refuerza igualmente la protección de los menores, que, si entra en vigor, no solo tendrán prohibido comprar tabaco, sino también fumar o consumir productos como los cigarrillos electrónicos. Por primera vez, además, se contemplan multas de entre 200 y 600 euros que deberán asumir sus padres.

La hostelería confía en la adaptación

Para José María Caballero, hostelero del bar La Cafetera, en Cáceres, la ampliación de los espacios sin humo —uno de los proyectos más ambiciosos del Ministerio de Sanidad— puede repercutir en su negocio, aunque afronta la posible aprobación con menos preocupación que otros profesionales del sector. Ya ocurrió, recuerda, cuando se prohibió fumar dentro de los bares y restaurantes: "Con la otra ley parecía que iba a ser más grave y, al final, no fue así".

No está a favor porque entiende que puede perjudicar a la hostelería y provocar que algún cliente deje de sentarse en una terraza, pero tampoco espera una caída drástica de la actividad. "Creo que no va a ser para tanto", señala Caballero, que todavía no ha escuchado comentarios sobre la reforma entre su clientela y confía en que "la gente se adaptará".

Esa confianza no la comparte Raúl Moreno Gil, propietario de un estanco en la calle Clara Campoamor de la capital cacereña, que espera que el Congreso frene el proyecto. Como profesional de uno de los sectores afectados por la nueva regulación, considera que las limitaciones actuales ya permiten proteger a los no fumadores y que no es necesario extenderlas de forma generalizada a los espacios al aire libre. "Debería dejarse como está ahora mismo", sostiene.

La norma también impedirá fumar o vapear a menos de 15 metros de las entradas de centros sanitarios, colegios, universidades, museos, bibliotecas, edificios públicos, instalaciones deportivas y parques infantiles. Moreno Gil no cree que esta ampliación vaya a reducir el número de fumadores. A su juicio, puede limitar los lugares donde se consume, pero no acabar con una adicción que llevará a muchos usuarios a buscar otros espacios. "Si no te dejan sitios donde fumar, tendrás que esconderte, incumplir la ley o hacerlo de alguna forma, porque el fumador seguirá fumando".

El principal efecto, en su opinión, se notará en los bares y restaurantes, ya que muchas personas relacionan el cigarrillo con el café, la cerveza o los momentos de descanso. También rechaza que la futura ley aplique las mismas restricciones a los cigarrillos convencionales, los vapeadores y el tabaco calentado, productos que solo podrán venderse en establecimientos especializados. "No es lo mismo el humo de combustión que el vapor que se produce por calentamiento", defiende.

El temor al impacto económico

Entre los propios fumadores también existe preocupación por la repercusión económica de la norma. Elena Montiel, de 63 años y antigua trabajadora de la hostelería, recuerda que las primeras restricciones ya provocaron cambios en los hábitos de los clientes. Muchas personas, explica, acortaban la sobremesa y abandonaban el restaurante para buscar después una cafetería donde pudieran fumar, algo que ya no sería posible si la prohibición se aplica a todas las terrazas.

"Cuando empezó la primera ley antitabaco afectó muchísimo", recuerda Montiel, que considera legítimo proteger a quien no fuma, pero cree que la nueva regulación va demasiado lejos cuando el consumo se produce al aire libre y sin molestar a nadie. Ella misma asegura que apaga el cigarrillo si alguien cercano le dice que el humo le incomoda: "Tengo nietas e hijos que no fuman, así que respeto todo eso".

También considera excesiva la prohibición en playas marítimas y fluviales, una medida que alcanzaría a las zonas de baño y a los chiringuitos de la región. Montiel defiende que debería sancionarse a quienes abandonan las colillas o incomodan a otros usuarios, pero no establecerse un veto general. "Yo soy de las que se lleva su cenicero para no dejar nada", explica.

El respaldo de los no fumadores

En el otro lado se sitúa Rafa Franco, no fumador de 71 años, que respalda sin reservas el proyecto. Fue un gran fumador durante su juventud, aunque lo dejó por completo a los 19 años y se adentró de lleno en el deporte. "Estoy totalmente en contra del tabaco. No estoy de acuerdo con que se fume en ningún sitio, y menos en una terraza", afirma.

Franco recuerda una época en la que los propios médicos atendían en consulta con un cigarrillo en la mano y entrar en un bar suponía respirar durante horas el humo de los demás. "Llegaba a casa con la ropa oliendo a tabaco", señala. Por eso valora cualquier medida que reduzca la exposición involuntaria, aunque tampoco piensa que las prohibiciones vayan a convencer a quienes tienen una fuerte dependencia: "El que tenga el vicio va a seguir fumando".

La posición de Gonzalo Velasco, también no fumador, es más intermedia. Considera acertado mantener la prohibición en lugares cerrados, donde el humo se acumula y puede resultar molesto o perjudicial, pero cree que impedir fumar en terrazas y otros espacios abiertos supone cruzar una línea difícil de justificar.

"Puedo entender que haya gente a la que le moleste y que algunos fumadores deberían tener cuidado con dónde echan el humo, pero veo un poco extremo que la gente no pueda ni fumar en la calle", señala. Velasco asegura que está acostumbrado a convivir con fumadores y que solo pediría a alguien que apagara un cigarrillo si el humo le llegara directamente y la persona actuara sin consideración.

También advierte de que muchos fumadores buscarán otros espacios, mientras las terrazas podrían perder parte de su atractivo para quienes asocian el café o la cerveza con el cigarrillo. "Si se les priva de eso, se van a sentir más incómodos", concluye.

Una reforma en el tramo final de la legislatura

El debate alcanza igualmente al momento elegido para impulsar la reforma. Moreno Gil opina que el Gobierno intenta "desviar la atención de lo que está pasando", mientras Montiel alude a los intereses políticos que puede haber detrás. Franco, en cambio, respalda "todo lo que apruebe el Gobierno actual" y considera positivo que la norma avance aunque la legislatura se encuentre en su tramo final.

La ley todavía puede sufrir cambios durante su paso por las Cortes, pero su aprobación obligaría a modificar hábitos muy asentados en Extremadura, que es además la comunidad con mayor porcentaje de fumadores del país, según el último informe de la Asociación Oncológica Extremeña (AOEx), publicado por este diario en mayo. La entidad advertía de que la región registra un 25% de población fumadora, frente a una media nacional cercana al 20%, y suma más de 225.000 fumadores diarios.

El alcance definitivo de la reforma dependerá ahora de su tramitación parlamentaria. Si sale adelante, Extremadura tendrá que acostumbrarse a un nuevo escenario en el que las restricciones al tabaco ya no se limitarán a los espacios cerrados, sino que se extenderán a buena parte de los lugares de ocio al aire libre.

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