Ecuador de 72 Edición
El Teatro Romano de Mérida se entrega a la 'Bacanal' de Carlos Hipólito entre danza, palabra y rituales
La obra dirigida por Chevy Muraday entrelaza danza y palabra para reivindicar el cuerpo y el deseo a través de las fiestas romanas en honor al dios Baco

Festival de Mérida
Laura Morales Montero
El Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida cruza esta semana el ecuador de su programación con su cuarta entrega, 'Bacanal', una celebración reivindicativa del cuerpo y el deseo que entrelaza la danza y la palabra. La obra dirigida por Chevy Muraday y contexto original de Juan Carlos Rubio, nos traslada a las fiestas romanas en honor del dios Baco.
El montaje protagonizado por Carlos Hipólito, Toni Acosta y Juana Acosta, se estrenó anoche y estará en cartel hasta el próximo domingo 26 de julio a partir de las 22.45 horas.

Toni Acosta, Juana Acosta y Elisa Hipólito en 'Bacanal' en Mérida. / Jero Morales
La cávea emeritense se tiñe de blanco en una noche algo más calurosa que las pasadas en la que la brisa de las noches de verano daban tregua al calor que las piedras del Teatro Romano desprendían. El público, entregado al espectáculo y a formar parte de esta celebración dionisíaca, disfrutó de la danza y el teatro, donde el rito y la escena se fundían en uno.
Llegando al final, los asistententes adquieren un papel esencial en la obra, las prendas blancas del público transforman ls gradas en una extensión del escenario, aportando una luminosidad especial.

Representación 'Bacanal' en el Teatro Romano de Mérida. / Jero Morales
Música y rituales en las Bacanales
Todo se centra en el momento en el que el Senado de Roma, en el año 186 a. C, decreta la prohibición de las bacanales, las fiestas que se celebrában en honor al dios Baco, el dios del vino, la fertilidad y la diversión. Un acto de censura que señaló el cuerpo como una fuente peligrosa de deseo.
En las bacanales, los participantes realizaban rituales con música, cantos y danza y consumo de vino para alcanzar la divinidad. Al paso del tiempo, estas reuniones se volvieron más secretas y fueron acusadas de tener conductas sexuales consideradas escandalosas.
Durante un encuentro simbólico de Dionisio y Baco, ambos dioses del vino y la tradición, uno griego y otro romano, una misma idea, un "mismo latir", las tres bacantes se reencarnan en las tres hermansas de Sémele, la madre de Dionisio. Ágave, representada por Juana Acosta, Ino por Toni Acosta y Autónoe por Elisa Hipólito, encarnan el don del recuerdo para recuperar el origen trágico del dios, la muerte de Sémele y las pérdidas familiares que marcaron el mito, uniendo las Bacanales con el dolor y la memoria.

Juana Acosta en la obra 'Bacanal' en el Teatro Romano de Mérida. / Jero Morales
Entre bacantes y dioses
Los actores que forman parte del elenco del montaje son Carlos Hipólito, que encarna a Dionisio, el dios griego del vino; Toni Acosta, Juana Acosta y Elisa Hipólito representan a las tres seguidoras del dios baco, a las bacantes. Las tres más importantes de estas fiestas fueron, Pacula, Duronia y Hispala, a quienes dan vida las tres actrices respectivamente. Por último, el reparto lo cierra Chevy Muraday, que interpreta al dios Baco, y Mapi Sagaseta.
A este elenco se unen los bailarines de la compañía de danza contemporánea, 'Losdedae', que tienen un papel muy importate en la obra, ya que son quienes le dan cuerpo a la escenografía. Entre el cuerpo de baile encontramos a Cisco Lara, Julen Pazos, Georgina Flores, Tamara Vela, Inés Valderas y Javier Aguilera.
Además, colaboran como coro la seis alumnas del Conservatorio de Danza de Cáceres, entre estas bailarinas encontramos a las emeriteneses Candela Chamorro y Lucía Ferrán junto a cuatro compañeras extremeñas como son María Rufo, Celia García, Altea León y Carla Trillo.

Cuerpo de baile y actrices en la obra 'Bacanal' en el Teatro Romano de Mérida. / Jero Morales
Juan Carlos Rubio recuerda que este espectáculo conecta el pasado con el presente, haciendo hincapie en que todo lo que paso antiguamente puede volver a pasar y el riesgo de repetir los errores históricos. A lo que se une Muraday, que ha definido la obra como necesaria en un mundo marcado por las prohibiciones y los rechazos, la importancia de entender que el cuerpo es imprescindible para relacionarse y expresarse. Los intérpretes han coincidido en reconocer el amor, compromiso y paciencia de los bailarines, especialmente a la hora de ayudar a los actores cuando la exigencia coreográfica y la danza “se les atraviesan”.
¡Quién renuncia al movimiento renuncia a la libertad!
Según el director, esta fusión nace con la vocación de una pieza única y solo podrá disfrutarse durante los cinco días en la ciudad romana de Emerita Augusta. Una experiencia donde el baile y el movimiento de los cuerpos se convierten en el lenguaje principal y esencial para transmitir la fuerza de la unión entre los dos mundos: las fiestas de culto al dios romano y el mito griego de las tías de Dionisio.
Así, el Teatro Romano continúa su cuarta semana de programación con 'Bacanal', una representación que recupera los excesos de las fiestas de Baco para convertirlos en un una reflexión sobre la libertad, la censura y el poder. El cuerpo y el arte siguen siendo espacios de libertad.
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