Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Editorial

Lo que nos ha enseñado Pedro Porro

Nacer en Extremadura ya no significa partir con una desventaja insalvable para conseguir las metas

Pedro Porro en el acto de recibimiento en Don Benito, este jueves.

Pedro Porro en el acto de recibimiento en Don Benito, este jueves. / Carlos Gil

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Editorial

Editorial

La selección española de fútbol se proclamó el pasado domingo campeona del mundo y reeditó el éxito logrado en 2010, cuando al talento deportivo se consiguió añadir, por fin, el carácter ganador tras haber triunfado dos años antes en la Eurocopa con Luis Aragonés. Ese legado de confianza en sí mismos ha permanecido inalterable durante los 16 años transcurridos, con mayor o menor fortuna deportiva, como es lógico en las citas de alto nivel, y ha vuelto a conseguir el máximo premio en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá.

De la selección actual se ha destacado su labor de equipo por encima de las individuales, su espíritu de grupo con una actitud de trabajo al mismo tiempo humilde pero ambiciosa, y parece efectivamente que su éxito ha radicado en gran parte en ese modo de afrontar la competición.

No han faltado análisis que han querido trazar paralelismos con lo que es la sociedad española actual, como si la selección fuera fiel reflejo de una nación que se ha ido quitando complejos internacionales en las últimas décadas y, a base de esfuerzo, ha conseguido ser puntera en muchos ámbitos, también en el deporte pero no solo.

Sobre todo fuera de España, además, el triunfo en el Mundial, con la presencia en la Roja de jugadores como Nico Williams o Lamine Yamal, se ha interpretado como el mejor ejemplo de la integración social y capacidad de acogida que ha logrado el país al incorporar personas procedentes de otros lugares, que recalaron con lo mínimo para subsistir y hoy sus hijos son referentes sociales. 

Desde dentro y en el momento presente, cuando el concepto de prioridad nacional se abre paso y comienza a marcar la toma de decisiones de las administraciones, es inevitable no ser tan optimista con esta visión, y hasta es probable que hoy las familias de ambos futbolistas, llegadas en situaciones muy precarias, tuvieran muchas dificultades para llevar adelante sus proyectos de vida y poder quedarse en España. 

En este sentido, sería bueno darle la vuelta a ese análisis y que el triunfo de esta selección española más global que nunca opere de acicate para que, si la Roja se considera espejo del buen hacer de un país, la sociedad española vuelva a ser el reflejo de los mejores valores de integración, solidaridad, igualdad de oportunidades y apoyo colectivo que ha puesto de manifiesto el equipo nacional.

En el combinado de Luis de la Fuente ha brillado con luz propia el dombenitense Pedro Porro, que ha multiplicado el orgullo de toda una comunidad de Extremadura por tener entre sus paisanos a uno de los campeones del mundo. Ta vez no sea casualidad que las cualidades futbolísticas del jugador del Tottenham, pero también las humanas, con la personalidad del extremeño para trabajar desde la humildad y la constancia, hayan encajado como un guante en esta selección.

Porro animó a todos los niños y jóvenes que se reunieron el pasado jueves en Don Benito para mostrarle su cariño y admiración a que persiguieran sus sueños y se esforzaran por conseguirlos. Tantas veces el desearlo no es suficiente, pero es seguro que sin el deseo no es posible alcanzar las metas que se persiguen.

Y tan importante y determinante como esto es disponer de un ecosistema que lo haga posible o al menos ponga las bases para iniciar cualquier camino. Extremadura empieza a sumar una lista de campeones del mundo (José Manuel Calderón, Álvaro Martín) y olímpicos (Alberto Ginés) en los últimos años que hace que esos éxitos ya no puedan ser reducidos a una situación excepcional, consecuencia exclusiva de un talento innato individual, sino que han surgido a la par del crecimiento experimentado por la región en sus condiciones de vida y en cualquiera de sus niveles socioeconómicos a lo largo de las últimas décadas, sin necesidad tampoco de pertenecer a determinada cuna. Nacer en Extremadura, con sus carencias conocidas, ya no significa partir con una desventaja manifiesta e insalvable para cualquier meta que se quiera perseguir, deportiva o en cualquier otro ámbito. Eso es un triunfo social al que Porro, con el foco mundial del fútbol, pone rostro pero que también debe quedar como legado de este verano.

Tracking Pixel Contents