Máximo reconocimiento regional
José María Núñez dedica la Medalla de Extremadura a quienes "tuvieron que irse para poder ser"
El presidente nacional de Fundación Triángulo, nacido en Barcarrota y activista en Extremadura durante toda su vida, celebra que el principal reconocimiento de la comunidad distinga por primera vez la defensa de los derechos LGTBI
Recuerda muy especialmente a quienes vivieron su orientación sexual en silencio

El Periódico
José María Núñez todavía intenta asimilar la noticia. La presidenta de la Junta, María Guardiola, lo telefoneó este domingo alrededor del mediodía para comunicarle personalmente que recibirá la Medalla de Extremadura. No esperaba la llamada ni imaginaba la causa, por lo que la conversación terminó convirtiéndose en uno de los momentos más emotivos de sus más de tres décadas de activismo.
"Me emocionó mucho", reconoce el presidente nacional de Fundación Triángulo, agradecido tanto por la iniciativa de Guardiola como por el respaldo de la comisión encargada de aprobar las distinciones. El primer impacto fue inevitablemente personal. Después de más de 31 años dedicado a la defensa de los derechos humanos y de las personas LGTBI, el galardón supone un reconocimiento inesperado a un trabajo que nunca emprendió pensando en premios.
Pero sobre todo, comprendió que la medalla tenía un significado mucho más amplio:"Es la primera vez que la Medalla de Extremadura, la máxima distinción de nuestra tierra, se concede a esta causa". Hasta ahora, el principal reconocimiento institucional de la comunidad nunca había distinguido expresamente la lucha por los derechos LGTBI. Para Núñez, que ha conocido desde dentro la transformación social experimentada por Extremadura, ese gesto representa un paso histórico.
De la soledad al reconocimiento
Su memoria retrocede hasta 1997, cuando se celebró el primer Orgullo en la región. El manifiesto elaborado entonces reclamaba derechos que hoy forman parte de la vida cotidiana, entre ellos el matrimonio entre personas del mismo sexo. Sin embargo, aquella declaración únicamente recibió el respaldo de Amnistía Internacional.
"Nos lo rechazaron todos los partidos, y cuando digo todos, son todos, incluso los sindicatos", recuerda. Casi tres décadas después, "una presidenta autonómica del Partido Popular ha impulsado el reconocimiento de todo nuestro trabajo, lo que supone una clara muestra de la transversalidad alcanzada por la defensa de la diversidad", reflexiona.
En ese recorrido sitúa a dirigentes de diferentes formaciones que apoyaron la causa incluso cuando hacerlo podía resultar incómodo dentro de sus propios partidos. Menciona al expresidente socialista Guillermo Fernández Vara, que mostró su respaldo cuando todavía había resistencias en el PSOE, y a María Guardiola, cuya decisión considera que podría generarle dificultades por el actual contexto político.
"Quienes defienden una causa por encima de los problemas que pueda generarles tienen todo mi reconocimiento", sostiene. Que la Medalla de Extremadura distinga ahora esta lucha supone "un paso más" en un camino en el que se ha conseguido mucho, aunque todavía queden "derechos por consolidar y amenazas que afrontar".

Diego Rubio
El temor al retroceso
La realidad actual presenta luces y sombras. Por primera vez, advierte, existen voces institucionales en los parlamentos que defienden abiertamente la derogación de las leyes LGTBI y plantean una reducción de los derechos conquistados. José María No interpreta necesariamente estas posiciones como un rechazo individual a las personas homosexuales, pero sí como una voluntad política de limitar su protección. "Nos quieren con menos derechos. Eso es un hecho", afirma, al recordar que la ley extremeña no retira libertades a nadie, sino que reconoce la dignidad de personas que durante décadas tuvieron que marcharse para vivir como eran.
Su actividad internacional le permite observar este fenómeno desde una perspectiva más amplia. Como representante nacional de Fundación Triángulo (durante tres décadas lo fue de la regional), codirige junto al Gobierno de España la Equal Rights Coalition, una alianza integrada por 44 países que trabaja para acabar con la criminalización de la diversidad sexual en numerosos lugares del planeta. Y ello porque en buena parte del mundo, las personas LGTBI continúan siendo consideradas ilegales, "mientras avanzan movimientos partidarios de una involución".
Frente a ella, Núñez encuentra una fuerza difícil de revertir: "una amplia mayoría de la ciudadanía reconoce y abraza la diversidad". Miles de personas han salido del armario, han construido sus vidas libremente y han convertido sus experiencias cotidianas en la principal defensa de los derechos alcanzados, subraya.
Hace 30 años, el movimiento se enfrentaba todavía a los vestigios sociales y culturales de la dictadura. "Hoy existen generaciones que han nacido con el matrimonio igualitario aprobado, han crecido viendo celebraciones como Los Palomos en Badajoz y entienden la diversidad como una parte natural de la sociedad extremeña". "Esa gente que vive en libertad es un ejército ciudadano para defender los derechos conseguidos. No nos va a parar nadie", asegura. La lucha, insiste, no pretende quitar derechos a ninguna persona, sino garantizar que todos los ciudadanos puedan ejercerlos en igualdad.

José María Núñez / EPE
"Esa gente que vive en libertad es un ejército ciudadano para defender los derechos conseguidos. No nos va a parar nadie"
El abrazo de sus padres
Parte de la fuerza que le permitió dar los primeros pasos procede del apoyo familiar. Núñez recuerda la inquietud que sintió cuando concedió su primera entrevista durante la creación de la primera asociación LGTBI de Extremadura, preisamente a este diario, "el primero que se interesó por nuestra actividad". Hasta ese momento nunca había aparecido públicamente en la prensa y comenzó a imaginar cómo reaccionaría su abuelo al encontrarse el periódico en el hogar del pensionista de Barcarrota.
Preocupado, llamó a su madre para advertirle de lo que iba a publicarse. Sus padres, educados durante el franquismo y pertenecientes a una generación en la que la homosexualidad se vivía mayoritariamente en silencio, nunca dejaron de respaldarl: "No te preocupes, ya hemos hablado con todo el mundo y todo va a estar bien", le respondió su madre. Aquel abrazo familiar continúa siendo para él "impagable" y explica por qué considera esencial que los padres acepten a sus hijos tal y como son.
Cualquier mensaje de rechazo, explica, puede actuar como una piedra colocada sobre una planta que comienza a crecer. La planta luchará por salir, pero tardará más, crecerá torcida o arrastrará problemas. "Lo que tenemos que hacer es quitar todas esas piedras para dejar que seamos libres", resume.
La transformación de los pueblos
Natural de Barcarrota, considera que la distancia que antes separaba a los pueblos de las ciudades en materia de diversidad se ha reducido considerablemente. El matrimonio igualitario tuvo un efecto pedagógico decisivo porque permitió que en prácticamente todas las familias hubiera alguien que se casaba o una boda a la que acudir. Los medios de comunicación y la producción audiovisual también han contribuido a cambiar la mirada social. Cuando Fundación Triángulo impulsó su festival de cine, muchas cuestiones partían todavía de prejuicios y estereotipos. "Nos preguntaron si íbamos a proyectar porno", revela. Hoy, las series, las películas y los personajes LGTBI permiten descubrir referentes y comprender que otras formas de vida son posibles.
También han resultado fundamentales las celebraciones cercanas. No produce el mismo efecto contemplar una gran manifestación en Madrid que ver las calles de Badajoz llenas durante Los Palomos. Crecer junto a esas imágenes, acudir con la familia y comprobar que los adultos celebran la diversidad genera una sensación de seguridad que antes apenas existía.
Ese es uno de los objetivos que desarrolla José Manuel al frente de la Oficina de Diversidad de la Universidad de Extremadura: conseguir que las facultades sean espacios seguros. La misma aspiración debería trasladarse a las casas, los centros de trabajo y la vida cotidiana para que cualquier persona pueda mostrarse con libertad.
Quienes no pudieron ser
Cuando piensa en la ceremonia del próximo 7 de septiembre (la entrega de Medallas de Extremadura), la emoción vuelve a imponerse. José Manuel la dedicará a todas las personas que tuvieron que abandonar la comunidad para vivir libremente y a quienes permanecieron en ella, pero nunca desarrollaron la vida que deseaban.
"Quiero dedicársela a toda la gente que se tuvo que ir de esta tierra para poder ser y a toda la gente que, aunque se quedó, no vivió la vida que quería", expresa emocionado. Han sido "siglos de silencio". Entre esos recuerdos aparece una persona de su pueblo cuya identidad prefiere proteger. Vivió completamente aislada y nunca pudo reconocerse públicamente como gay. Poco antes de morir, se acercó a la madre de Núñez para felicitarla porque su hijo había podido defender abiertamente quién era, algo que él jamás había tenido la oportunidad de hacer.
La Medalla de Extremadura llevará también la memoria de aquella persona anónima y de tantas otras que vivieron solas, ocultaron sus sentimientos o se marcharon de su tierra. Para José María Núñez, el reconocimiento no cierra una trayectoria ni culmina una lucha, pero confirma que la Extremadura que en 1997 rechazaba casi unánimemente sus reivindicaciones ha comenzado a reconocerlas como parte de su propia historia.
Más de tres décadas de activismo
José María Núñez inició su trayectoria en 1995 como promotor de De Par en Par, la primera ONG LGTBI de Extremadura. Un año después fue socio fundador de Fundación Triángulo Extremadura, entidad que presidió hasta 2019. También ejerció como vicepresidente nacional entre 1998 y 2012 y desde ese último año ocupa la presidencia de Fundación Triángulo.
Su activismo comenzó en una época en la que salir públicamente del armario podía provocar rechazo familiar, laboral y social. Desde entonces ha sido testigo y parte activa de avances como la aprobación del matrimonio igualitario, la creación de leyes autonómicas de protección y la llegada de nuevas generaciones que ya no conciben sus vidas desde el silencio.
A lo largo de estas tres décadas ha impulsado el Festival de Cine LGTBI de Extremadura, encuentros sobre adopción y familias homoparentales, materiales educativos, documentales sobre diversidad familiar y visibilidad lésbica y proyectos como el Servicio Plural y Extremadura Amable. También promovió la Red Iberoamericana de Educación LGTBI y ha publicado numerosos artículos sobre la realidad y los derechos del colectivo.
Actualmente dirige la Oficina de Diversidad de la Universidad de Extremadura, el programa La Casa de Todas de Canal Extremadura Radio y copreside la Equal Rights Coalition. Núñez interpreta la Medalla de Extremadura no solo como un reconocimiento personal, sino como un homenaje a quienes trabajaron durante décadas por la igualdad, a los aliados que se incorporaron a esa lucha y a las personas anónimas que comenzaron a vivir con libertad.
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