Estreno de la obra
Carlos Sobera, una olla de oro y un avaro sin remedio provocan una lluvia de carcajadas en el Teatro Romano de Mérida
El actor lidera una comedia de ritmo frenético, números musicales y enredos amorosos que rompe la cuarta pared y convierte al público en parte del espectáculo
Laura Morales Montero
El Teatro Romano de Mérida volvió a demostrar este miércoles que los clásicos del pasado todavía saben conectar con las emociones del presente. La comedia de la olla, protagonizada por Carlos Sobera y dirigida por Juan Luis Iborra, se estrenó con una cálida acogida del público en la 72.ª edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.
El montaje, basado en la célebre Aulularia de Plauto, combina música, risas, amores cruzados y situaciones disparatadas. Carlos Sobera encabeza un reparto en el que también figuran Ángel Pardo, Jesús Cabrero, Juanjo Cucalón, Silvia Vacas, David Tortosa, Arianna Aragón y Antonio Prieto. La obra permanecerá en cartel en el Teatro Romano hasta el próximo domingo 2 de agosto, con funciones a partir de las 22.45 horas.

Estreno de la obra 'La comedia de la Olla' en el Festival Clásico de Mérida. / Jero Morales
El público ocupó la cávea en una de esas noches emeritenses en las que el calor permanece agarrado a la piedra incluso después de la puesta de sol. El suave sonido de los abanicos acompañó durante buena parte de la representación a los actores, aunque pronto quedó sepultado por las carcajadas.
Los espectadores se dejaron llevar desde los primeros minutos por los equívocos, los números musicales y el humor físico de una función que avanza sin apenas conceder tregua. El antiguo escenario romano se transformó así en una sucesión de entradas, salidas, persecuciones y malentendidos.
Fortuna, amor y humor
La adaptación, firmada por Antonio Prieto y Juan Luis Iborra, moderniza el texto de Plauto y dialoga también con El avaro de Molière, sin renunciar a la esencia popular de la comedia latina. La puesta en escena incorpora un lenguaje contemporáneo, cuatro canciones y varias coreografías que sirven de transición entre escenas y aceleran el desarrollo de la acción.
Desde su primera aparición, el público queda atrapado por Euclión, un viejo viudo, autoritario, egoísta y obsesionado con proteger una olla repleta de monedas de oro. Su temor a que alguien descubra el tesoro lo empuja a desconfiar de cuantos lo rodean y a tomar decisiones cada vez más absurdas y desmedidas.
La avaricia se convierte así en el motor de una historia en la que también entran en juego los amores secretos de sus hijos. Liviano está enamorado de Pompina, mientras que Cesonia mantiene una relación oculta con Torcuato, uno de los criados de su padre.

Estreno de la obra 'La comedia de la Olla' en el Festival Clásico de Mérida. / Jero Morales
Todo se complica cuando Euclión pretende casar a su hija con un anciano adinerado y contraer matrimonio él mismo con Pompina, la joven de la que está enamorado su hijo. La desaparición de la olla termina por provocar el caos y pone en marcha una sucesión de engaños, carreras y confusiones en la que la fortuna deberá intervenir para devolver cada cosa, y a cada personaje, a su lugar.
Arequipa Producciones regresa al Festival de Mérida cuatro años después del estreno de Miles Gloriosus con una propuesta que vuelve a apoyarse en uno de sus principales recursos cómicos: la torpeza elevada a virtud. Los errores, las caídas, los movimientos descontrolados y las reacciones exageradas construyen buena parte de un humor que funciona gracias al ritmo y a la complicidad entre los intérpretes.
La virtud de la torpeza
Carlos Sobera encabeza el elenco en el papel de Euclión, un hombre egocéntrico y avaricioso al que le preocupa mucho más tener que ser. El actor explota la vertiente más desmesurada del personaje y encuentra en sus cambios de humor, sus sospechas permanentes y su desesperación ante la posible pérdida del oro algunos de los momentos más celebrados de la noche.
Ángel Pardo interpreta a Torcuato, el criado enamorado de Cesonia, a quien da vida Silvia Vacas. David Tortosa encarna a Liviano, el hijo de Euclión y amante de Pompina, personaje interpretado por Arianna Aragón.
Jesús Cabrero se desdobla como Herpes, un criado martirizado por su dueño, y Cayo Severo, el juez encargado de intentar poner orden. Juanjo Cucalón interpreta a Hilarius y al dios Lar, mientras que Antonio Prieto aparece como Mételo y Congrio, un criado cuya torpeza alimenta algunos de los enredos más divertidos de la representación.
La propuesta visual se aleja de la imagen solemne que tradicionalmente se asocia a las representaciones grecolatinas, aunque sin abandonar su esencia. El montaje apuesta por una escenografía funcional compuesta por elementos móviles, que facilita las constantes entradas y salidas de los personajes y refuerza el carácter vertiginoso de la función.

Estreno de la obra 'La comedia de la Olla' en el Festival Clásico de Mérida. / Jero Morales
La música y las coreografías aportan dinamismo y convierten el espectáculo en un vodevil contemporáneo, más cercano por momentos a una comedia de puertas que a la imagen habitual de la antigua Roma. Ese contraste permite acercar el texto a los espectadores actuales y subrayar que los defectos retratados por Plauto hace más de dos mil años continúan siendo plenamente reconocibles.
La comedia, pese a su aparente ligereza, exige una enorme precisión. Cada pausa, cada movimiento y cada reacción deben encajar para que el mecanismo funcione. Para ello resulta fundamental un reparto dispuesto a reírse de sí mismo y a entregarse sin reservas al juego escénico.
El público entra en el juego
Los espectadores tampoco permanecieron ajenos a lo que sucedía sobre las tablas. Como ya había adelantado Sobera, la función no iba a resultar especialmente tranquila para quienes ocuparan las gradas. En distintos momentos, los actores trasladaron la acción hasta la cávea, reclamaron respuestas y convirtieron al público en un personaje más dentro del enredo.
La ruptura de la cuarta pared acerca el escenario a las gradas y recupera el carácter popular, directo y participativo de la comedia latina. El Teatro Romano deja así de ser únicamente el espacio en el que sucede la historia para convertirse en parte activa de ella.

Estreno de la obra 'La comedia de la Olla' en el Festival Clásico de Mérida. / Jero Morales
Con esta nueva coproducción de Arequipa Producciones y el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, el monumento emeritense se transforma durante cinco noches en un espacio para las risas, los amores imposibles, las disputas familiares y la diversión.
Pero bajo los equívocos y las situaciones disparatadas permanece la reflexión que atraviesa toda la obra: qué valor ocupa realmente el centro de la vida, el dinero que acumulamos o las personas que nos acompañan. Plauto formuló la pregunta hace más de dos milenios y La comedia de la olla demuestra que todavía no hemos encontrado una respuesta definitiva.
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