Hacer el agosto
Pilar Boyero, cantante extremeña: "No desconecto nunca, mi trabajo no me lo permite, pero también me hace muy feliz, así que de alguna manera me compensa"
La solista, que no entiende de vacaciones y trabaja durante todo el año, busca pequeñas escapadas para disfrutar de los lugares que visita

Pilar Boyero, tonadillera cacereña. / Jorge Valiente

Pilar Boyero no entiende el verano como una etapa de descanso. La cantante, presentadora y profesora especializada en copla pertenece a un sector, el artístico, que mantiene su actividad durante estos meses. Con ella repasamos cómo está viviendo esta época del año, sus proyectos y la forma en la que la música continúa marcando su día a día.
-¿Qué significa para usted "hacer el agosto": ganar más, trabajar mejor o disfrutar más?
-En mi caso, como soy artista, el verano es la temporada fuerte. Por tanto, hacer el agosto significa trabajar mucho, siempre que Dios me ayude y disfrutar, porque tengo la suerte de ser una persona que vive de lo que le gusta y le apasiona, y eso es un regalo divino.
-¿Qué cambia este mes en su día a día?
-Este mes, el anterior y el que viene son muy importantes para mí porque corresponden a la temporada más fuerte de trabajo. Es una época que, de alguna manera, me permite seguir adelante con todos los proyectos que tengo durante el año, como la preparación de nuevos discos y otras iniciativas que están por llegar. Además, también me da la posibilidad de continuar con mis viajes, tanto a México como a Cuba, dos lugares donde trabajo habitualmente y donde tengo una conexión muy especial.
-¿Cuál es su refugio favorito en Extremadura cuando aprieta el calor?
-Mi refugio favorito cuando aprieta el calor siempre tiene que ver con la familia. Es Salorino, mi pueblo, donde está mi gente, mis padres, que son el motor de nuestra familia, y donde también están mis amigos de toda la vida. Es un lugar al que vuelvo porque me conecta con mis raíces y con esa tranquilidad que necesito. También tengo un vínculo muy especial con Malpartida de Cáceres, donde están mis sobrinos y donde paso muchísimo tiempo disfrutando de mis hermanos. Siempre hemos sido una familia muy unida, pero desde que llegaron los niños esa unión se ha multiplicado todavía más. Compartir esos momentos con ellos es algo que valoro muchísimo.
-¿Es de río o de montaña, o por el contrario se va a la playa?
-Tengo una visita anual que llevo siempre en el corazón, y es Chipiona. Primero, porque me unen muchos vínculos a ese lugar maravilloso donde nació la más grande, y también porque tengo una devoción absoluta por mi Virgen de Regla, tanto la de aquí como la de Cuba. Siempre que el calendario y la salud me lo permiten, voy a verla cada año, porque es un lugar que tiene un significado muy especial para mí. También tengo una conexión muy fuerte con el norte de Cáceres, especialmente con la Sierra de Gata, donde muchas veces encuentro mi refugio. A mi pareja y a mí nos encanta escaparnos a sus pueblos, disfrutar de sus paisajes y de esa tranquilidad que transmiten. Son lugares que te dan paz y que te permiten desconectar y volver a conectar contigo mismo.
-¿Qué mito del verano le gustaría desmontar?
-Creo que hay un mito un poco absurdo sobre el verano, esa idea de que las ciudades se quedan vacías y que parece que todo se paraliza. En mi caso, es todo lo contrario: el verano es una época tan productiva como cualquier otra del año, incluso podría decir que mucho más. Me gustaría desmontar esa percepción porque la realidad es que durante estos meses se siguen desarrollando proyectos, se sigue trabajando y, además, muchas personas aprovechan este tiempo para hacer todas esas cosas que durante el resto del año no encuentran el momento de realizar. El verano también es una etapa de movimiento, de creación y de aprovechar nuevas oportunidades.
-¿Desconecta en agosto?
-No desconecto nunca, ni en agosto, ni en septiembre, ni en enero, ni en febrero. Mi trabajo no me lo permite, pero también es algo que me hace muy feliz, así que de alguna manera me compensa. Es cierto que agosto, como comentaba antes, es una época mucho más intensa, con más actividad y más compromisos. Lo que sí he aprendido con los años es a buscar pequeñas escapadas dentro del propio trabajo. Si voy a cantar a Chiclana, intento quedarme unos días y disfrutar de ese lugar; si voy a El Escorial, aprovecho para pasear y conocerlo un poco más. Lo mismo ocurre cuando visito Chipiona o cualquiera de los pueblos maravillosos de mi tierra, Extremadura, como Cabezuela del Valle. Intento que no sea solo ir a trabajar, sino también vivir la experiencia, disfrutar del entorno y quedarme con algo más de cada sitio al que me lleva la música.
-¿Qué libro está leyendo?
-Tengo una costumbre desde hace muchos años, desde que era muy jovencita, y es que cada verano, por una especie de superstición personal, vuelvo a leer un libro que disfruté muchísimo la primera vez que cayó en mis manos: El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez. Es una historia que siempre me acompaña y a la que vuelvo cada año porque, aunque conozca la trama, cada lectura me aporta algo diferente. Creo que los libros también nos encuentran en momentos distintos de la vida y que una misma historia puede despertar emociones nuevas según la etapa en la que te encuentres.
-¿Qué canción resume su mejor verano?
-Creo que la canción que resume mi mejor verano es también la canción que más canto, la que más cariño recibe del público y la que, de alguna manera, sigue tocándome el alma y el corazón. Es una de esas canciones que tienen una conexión muy especial conmigo y que, cada vez que la interpreto, me vuelve a emocionar.
-¿Gazpacho o salmorejo, tortilla de patatas con o sin cebolla, cerveza o vino blanco?
-Soy más de gazpacho que de salmorejo, la verdad. Me gusta muchísimo el gazpacho. También soy una apasionada de la tortilla, de cualquier manera, aunque si tengo que elegir me quedo siempre con la de cebolla. Y en cuanto a la bebida, soy más de vino que de cerveza, especialmente de vino tinto y, si puede ser, de vinos de mi tierra. Tenemos unos caldos cada vez mejores y disfruto mucho descubriéndolos y compartiéndolos. Aunque también hay un vino blanco de aquí, de las bodegas Ruiz Torres, que me encanta y que suelo tomar con frecuencia: un verdejo que se ha convertido en uno de mis favoritos.
-¿A quién invitaría a compartir unos días de verano en Extremadura y qué plan le propondría?
-Podría invitar a cualquier amigo o a cualquier persona a la que le tenga cariño, porque soy muy de presumir de mi tierra. Los que me conocen lo saben. Cuando vienen mis primos del País Vasco, mis músicos de Cuba o incluso mis sobrinos, me encanta enseñarles lugares y descubrirles esa Extremadura tan diversa que tenemos y que, muchas veces, sigue siendo muy desconocida. Me gusta llevarles por distintas zonas, desde el norte con La Vera, el Valle del Jerte o la Sierra de Gata, hasta otros rincones como La Siberia de Badajoz, Villafranca de los Barros o Jerez de los Caballeros. Soy muy extremeña y me gusta mi tierra de norte a sur y de este a oeste. Por supuesto, haría una parada especial en mi querido Salorino, en la Sierra de San Pedro, cerca de Portugal, un lugar que para mí tiene un significado enorme. También incluiría sitios que nos tienen enamorados como Marvão, Trujillo o Los Barruecos, lugares emblemáticos que forman parte de la riqueza de esta tierra. Y, sin duda, compartiría todo ese recorrido con las personas que quiero: mis sobrinos, mis hermanos, mi pareja y aquellos que me acompañan en la vida.
-Cuando llegue septiembre, ¿qué le gustaría poder decir que ha conseguido este agosto?
-Mi deseo es poder realizar todos los conciertos con salud y que, cuando termine cada cita, la gente se vaya satisfecha. Mi trabajo consiste en emocionar, y eso es lo que busco cada noche: hacer un trabajo bien hecho, desde el corazón. Para mí es muy importante que todos los que forman parte del espectáculo, tanto músicos como técnicos, se sientan cómodos y disfruten del camino conmigo. Y, por supuesto, que el público pueda vivir una experiencia especial. También me gusta que las personas que confían en nosotros y que contratan el concierto puedan decir: Hemos contado con alguien que ha puesto el corazón en lo que ha hecho. Esa es mi mayor recompensa.
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