Astronomía
Un eclipse bajo la piel: el experimento que medirá las emociones de quienes observen este fenómeno astronómico
El extremeño Carlos Javier Rodríguez coordinará el proyecto Corona, que empleará un Airbus de Iberia a 11.000 metros de altitud para estudiar las reacciones humanas durante el fenómeno

Airbus A321XLR de Iberia. / Cedida a El Periódico Extremadura

¿Qué es lo que provoca realmente en una persona contemplar un fenómeno tan excepcional como un eclipse total? Esa es la pregunta que se ha planteado el extremeño Carlos Javier Rodríguez, especialista en aprendizaje experiencial y actual director del IES 'Lacimurga Constantia Iulia' de Navalvillar de Pela y Doctor en Didáctica de las Ciencias Experimentales por la Uex. El próximo 12 de agosto aprovechará uno de los acontecimientos astronómicos más esperados de las últimas décadas para mirar más allá del cielo.
Mientras millones de personas observarán cómo la Luna oculta el Sol, un equipo de investigadores intentará averiguar qué ocurre durante esos mismos minutos dentro de quienes están contemplándolo.
Para hacerlo dispondrán de un laboratorio bastante poco convencional: un Airbus A321XLR de Iberia. Se trata de un avión acondicionado para que sea posible observar el fenómeno y recoger datos.
En este caso, los científicos aprovecharán las condiciones especiales que ofrece volar a unos 11.000 metros de altitud para estudiar simultáneamente el eclipse y las reacciones de quienes lo contemplen desde allí.
El vuelo partirá del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas y regresará al mismo punto después de aproximadamente dos horas y media. Su trayectoria estará especialmente calculada para encontrarse con la sombra de la Luna sobre la provincia de Palencia. Incluso su número tendrá significado, ya que el IB1473 hace referencia al año de nacimiento del astrónomo Nicolás Copérnico.
Cuando el objeto de estudio son los ciudadanos
Una de las partes más novedosas de la expedición será Corona, un proyecto creado para estudiar científicamente las emociones provocadas por el eclipse.
La idea es sencilla: convertir las sensaciones de miles de personas en información que posteriormente pueda compararse y analizarse. Los investigadores quieren comprobar, por ejemplo, si durante el fenómeno cambia la percepción del tiempo, qué emociones aparecen con mayor intensidad o cuánto permanece el recuerdo de la experiencia una vez terminado el fenómeno.
En este sentido, Rodríguez plantea precisamente que unos minutos de observación podrían generar recuerdos capaces de permanecer durante décadas.
También estudiarán la denominada efervescencia colectiva. Aunque el término pueda resultar complejo, describe algo bastante cotidiano: esa emoción compartida que aparece cuando muchas personas viven juntas un mismo acontecimiento.

Imagen del horizonte. / Juan Carlos Casado
Es lo que puede sentirse cuando todo un estadio celebra un gol o cuando miles de espectadores cantan simultáneamente durante un concierto. La investigación tratará de descubrir si ver desaparecer el Sol puede provocar una reacción colectiva semejante.
Miles de personas convertidas en participantes
Para conseguirlo no será necesario subir al avión. El experimento estará abierto también a quienes contemplen el eclipse desde diferentes lugares.
A través de una aplicación web accesible mediante código QR, miles de ciudadanos podrán registrar cómo se sienten antes, durante y después del eclipse. No tendrán que descargar ningún programa. Sus respuestas servirán para construir una gran base de datos sobre las emociones experimentadas durante esos minutos.
Además, la herramienta será geolocalizada, lo que significa que podrá relacionar las respuestas con el lugar desde el que cada participante contempla el fenómeno. Así será posible comparar, por ejemplo, la experiencia de alguien situado dentro de la franja donde el Sol desaparezca completamente con la de otra persona que observe un eclipse parcial.
Perseguir la sombra desde el aire
Observar el eclipse desde semejante altura ofrece una ventaja fundamental. Desde tierra, meses de preparativos pueden quedar arruinados si una nube aparece precisamente durante los pocos minutos en los que el Sol queda completamente oculto.
El avión, en cambio, viajará por encima de las nubes y de aproximadamente el 75 % de la masa atmosférica. Eso reduce parte de las distorsiones que produce el aire y permitirá obtener imágenes más limpias de la corona solar, la capa exterior de la atmósfera del Sol que normalmente queda escondida por su enorme luminosidad y que durante un eclipse total aparece como un halo alrededor del disco oscuro de la Luna.
Además, quienes permanezcan en tierra también podrán contemplar esa perspectiva. Iberia retransmitirá el fenómeno en directo aprovechando Starlink, un sistema que proporciona conexión a internet mediante una red de satélites y que permite mantener comunicaciones de alta velocidad incluso mientras el avión se encuentra en pleno vuelo.
Un eclipse convertido en experimento
El equipo que viajará a bordo estará integrado por Miquel Serra-Ricart, director científico de la misión; el astrofotógrafo Juan Carlos Casado; el astrónomo y meteorólogo de Aemet Javier Parra; y Carlos Javier Rodríguez, coordinador del estudio sobre las emociones.
La investigación tampoco terminará cuando vuelva a aparecer el Sol. España afrontará una circunstancia astronómica extraordinaria durante los próximos años: la conocida como tríada ibérica, formada por los eclipses solares de 2026, 2027 y 2028.

Juan Carlos Casado, Miquel Serra-Ricart, Carlos Javier Rodríguez y Javier Parra, equipo que viajará a bordo del IB1473. / Cedida a El Periódico Extremadura
Los dos primeros serán totales y el tercero anular, un fenómeno en el que la Luna pasa por delante del Sol pero, al encontrarse aparentemente más pequeña, deja visible a su alrededor un característico "anillo de fuego".
Corona pretende mantenerse durante esos tres acontecimientos para comparar los resultados y comprobar cómo cambia la respuesta humana ante cada experiencia.
La incógnita que no está en el cielo
La astronomía permite conocer con enorme precisión a qué hora comenzará un eclipse, por dónde avanzará la sombra de la Luna o cuánto durará la oscuridad. Incluso es posible calcular estos acontecimientos con décadas de antelación. Sin embargo, el reto ahora es conocer qué ocurre dentro de cada uno de los espectadores de dicho fenómeno.
Por eso, el próximo 12 de agosto los científicos tendrán dos objetos de estudio completamente diferentes. Uno estará a unos 150 millones de kilómetros de distancia y el otro viajará sentado en las butacas del avión o contemplará el cielo desde cualquier rincón de España.
Después de siglos intentando comprender los eclipses, esta vez la gran incógnita no está únicamente en el cielo, sino en lo que este cambio provoca a quienes lo observan desde abajo.
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