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Consecuencias del seísmo

La angustia de los colombianos en Extremadura tras el terremoto: "Tengo tres tíos de los que aún no se nada"

La comunidad colombiana sigue pendiente del teléfono mientras 164 españoles continúan sin ser localizados. De momento, no hay constancia de que ninguno sea extremeño

Carlos Albeiro Giraldo, en su restaurante de Badajoz.

Carlos Albeiro Giraldo, en su restaurante de Badajoz. / DAVID GUILHERME

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Mérida

Bryan Narváez sigue desde Cáceres pendiente del teléfono tratando de contactar con tres de sus tías que viven en Palmira, en el Valle del Cauca, uno de los departamentos golpeados por el terremoto que sacudió ayer Colombia. "Tengo tres tíos y no sé nada de ellos", lamenta. Su incertidumbre es la de otros muchos colombianos que viven en Extremadura y siguen desde la distancia las consecuencias del seísmo de magnitud 7,4 que deja ya más de 220 muertos.

"La comunicación ha sido fatal", explica Narváez. No es el único que ha tenido dificultades para hablar con los suyos. Carlos Albeiro Giraldo, residente en Badajoz, únicamente había logrado conversar con uno de sus hermanos, mientras que Michel Andrés Izquierdo, afincado en Cáceres y con casi toda su familia en el Valle del Cauca, sí había podido conocer cómo se encuentran, aunque asegura que allí "la tensión sigue viva".

Desde la esfera nacional, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha informado este martes de que el Gobierno había conseguido localizar a todos los españoles censados en el país salvo a 164 personas con las que todavía no había podido establecer contacto. En Extremadura, fuentes de la Delegación del Gobierno han señalado a este diario que hasta ahora no existe constancia de que haya extremeños entre quienes no han sido localizados.

Ausencia de comunicaciones

Narváez nació en el departamento del Tolima, aunque pasó buena parte de su vida en Bogotá. Desde hace cuatro años reside en Cáceres, donde regenta junto a su mujer la multitienda Sol y Luna, en la calle Gómez Becerra. Después del terremoto, su atención está puesta especialmente en Palmira, donde viven tres tíos por parte de su familia paterna con los que no ha conseguido comunicarse.

"Tengo como tres tíos y la verdad es que no sé nada de ellos. Todavía no hemos tenido comunicación", relata. Bryan conoció prácticamente de inmediato que se había producido el terremoto a través del teléfono móvil y desde entonces sigue tanto las noticias como la información que circula en varios grupos de WhatsApp de colombianos residentes en España y en Cáceres.

Según cuenta, las dificultades para contactar con determinadas zonas se repiten entre muchos compatriotas. "Hay mucha gente incomunicada que todavía no ha podido hablar con sus papás", señala. Las imágenes que recibe tampoco ayudan a aliviar la inquietud: "Es muy triste estar tan lejos y no poder ayudarlos... La familia es lo que más le preocupa a uno", resume.

Una 'vaca' desde Cáceres

Ante esa imposibilidad de estar físicamente junto a los afectados, parte de la comunidad colombiana asentada en Cáceres ha comenzado a organizarse para ayudar económicamente. Narváez participa en varios grupos en los que ya se están promoviendo pequeñas colectas destinadas a familias damnificadas.

"Nos unimos e intentamos enviar dinero, aunque sean cinco euros, diez o veinte, lo que las personas puedan", explica. En Colombia este tipo de aportaciones entre amigos o conocidos se conocen popularmente como "hacer una vaca". "Reunimos entre todos para enviárselo a la familia", señala.

Por su parte, Michel Andrés Izquierdo también sigue desde Cáceres cada novedad que llega del Valle del Cauca. Se instaló en la ciudad hace cinco años y, junto a su mujer, Paola Andrea, regenta El Son Latino, un bar de copas situado junto a la plaza Mayor, además del restaurante Sabor de mi Tierra. Su madre, su hermana, sus cuñados y buena parte de su familia siguen en Colombia.

"Han pasado miedo", cuenta. Las primeras comunicaciones le permitieron saber que los suyos se encuentran bien, aunque hablar con ellos no siempre ha resultado fácil. "Solamente hay señal en algunas partes", explica el colombiano, que relata cómo en determinadas zonas persisten los problemas de cobertura y se intenta evitar además la saturación de las comunicaciones.

El primer contacto con su familia trajo algo de alivio, pero sostiene que las réplicas registradas en las últimas horas han impedido que desaparezca la preocupación. "Anoche hubo otra. La tensión sigue viva. Están todos tensionados", asegura. Desde la capital cacereña, Izquierdo resume en una palabra cómo atraviesa estos días: "Incertidumbre".

En comunidad

En Badajoz, Carlos Albeiro Giraldo ha recibido noticias algo más tranquilizadoras. Natural de Armenia, en pleno Eje Cafetero, reside en la capital pacense desde 2006 y regenta el restaurante Los Bachatas, en la calle Antonio Montero Moreno. Buena parte de sus allegados vive en pequeñas localidades de los alrededores de Armenia, donde también se sintió el terremoto.

"Gracias a Dios, la familia está bien", cuenta. Según las noticias que ha podido reunir, ninguno de sus familiares ha sufrido daños importantes, aunque hasta ayer solo había conseguido hablar directamente con uno de ellos. "Solo he podido hablar con un hermano", confiesa.

Carlos Albeiro Giraldo, en su restaurante de Badajoz.

Carlos Albeiro Giraldo, en su restaurante de Badajoz. / DAVID GUILHERME

Su restaurante es un habitual punto de encuentro para colombianos residentes en Badajoz, especialmente al final de la tarde: "Después de las seis o las siete llegan muchos colombianos". Será entonces cuando las conversaciones permitan conocer cómo están las familias de unos y otros, así como saber si hay personas de su entorno directamente afectadas.

Hasta ahora no tiene constancia de víctimas entre sus allegados o conocidos más próximos, aunque sí percibe preocupación ante la posibilidad de nuevos movimientos sísmicos. "Yo creo que sí hay miedo, claro", admite.

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