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Astronomía

Habla una experta oftalmóloga: "Ni siquiera con unas gafas homologadas podemos mantener la vista fija en el eclipse durante largos periodos"

La especialista Cristina Lillo insiste además en que las gafas de sol convencionales o filtros caseros no protegen adecuadamente la vista de la radiación solar directa

Cristina Lillo, experta oftalmóloga.

Cristina Lillo, experta oftalmóloga. / Cedida a El Periódico Extremadura

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Sofía Pérez Ramiro

Sofía Pérez Ramiro

Extremadura

El fenómeno astronómico más esperado del verano está a punto de transformar el cielo extremeño y es ahora cuando los últimos despistados, pero también quienes llevan meses preparando el 12 de agosto, revisan cómo contemplarlo sin poner en peligro sus ojos.

Los oculistas también miran hacia el próximo miércoles con expectación, aunque con la preocupación añadida de que las ganas de no perderse ni un segundo del eclipse hagan olvidar las medidas básicas de protección. En este sentido, la oftalmóloga Cristina Lillo advierte de que una exposición irresponsable al Sol puede provocar daños en la visión que permanezcan durante toda la vida.

Unas gafas de sol no sirven

La primera barrera de protección debe ser el material adecuado. No sirven las gafas de sol convencionales, independientemente de lo oscuras que sean sus lentes. Tampoco vale improvisar filtros utilizando objetos que aparentemente reducen la luminosidad.

La oftalmóloga señala que las gafas destinadas a observar el eclipse deben estar específicamente homologadas para mirar directamente al Sol. Como referencia, recuerda la importancia de comprobar que cumplen la norma internacional ISO 12312-2, destinada a los filtros de observación solar directa.

La misma precaución debe aplicarse a los instrumentos ópticos. Prismáticos o telescopios nunca deben utilizarse para mirar el Sol si no cuentan con filtros solares específicamente diseñados y correctamente instalados para ese uso. Estos dispositivos concentran la radiación y una observación incorrecta puede incrementar el riesgo.

Ni siquiera con protección hay que quedarse mirando

Contar con unas gafas adecuadas tampoco convierte el eclipse en una invitación para mantener la vista fija durante largos periodos. Cristina recomienda realizar observaciones breves e intercalarlas con descansos, apartando completamente la mirada antes de volver a contemplar el fenómeno.

También conviene revisar las gafas antes de utilizarlas y seguir las instrucciones proporcionadas para su empleo. La protección ocular será especialmente importante durante una tarde en la que miles de personas contemplarán un acontecimiento que, precisamente por ser excepcional, puede llevar a mantener comportamientos que nunca tendrían frente al Sol cualquier otro día.

Las señales pueden aparecer después

Existe además otra circunstancia que hace especialmente importante la prudencia: una lesión ocular no tiene por qué manifestarse inmediatamente después de la exposición.

Cristina explica que determinados síntomas pueden aparecer posteriormente. Entre las señales que deberían llevar a solicitar una revisión se encuentra comenzar a percibir una zona borrosa o una mancha en el centro de la visión, notar que las líneas rectas parecen deformadas o experimentar una sensibilidad a la luz que antes no existía.

Ante cualquiera de estos cambios, la recomendación es consultar con un oftalmólogo para valorar el estado de la retina. Esperar simplemente a que desaparezcan las molestias puede retrasar la detección de una posible lesión.

El eclipse puede "engañar" a nuestros ojos

El peligro tiene una explicación aparentemente contradictoria: durante un eclipse puede resultar más fácil mantener la mirada dirigida hacia el Sol, pero eso no significa que hacerlo sea más seguro.

Cristina explica que, en circunstancias normales, la intensa luminosidad provoca deslumbramiento y obliga casi instintivamente a retirar la vista. Cuando la Luna cubre buena parte del disco solar, esa sensación disminuye. El ojo soporta aparentemente mejor la observación y desaparece parte de esa señal natural que invita a apartar la mirada.

Sin embargo, la porción del Sol que permanece visible continúa emitiendo una radiación capaz de dañar la retina. Es precisamente ahí donde reside la trampa. El espectador puede creer que está observando una luz menos peligrosa simplemente porque resulta menos molesta.

El daño afecta especialmente a la mácula, una pequeña zona situada en la parte central de la retina que resulta fundamental para la visión de detalle. Mantener una observación inadecuada puede lesionar esas estructuras sin que necesariamente exista una sensación inmediata que advierta de lo que está ocurriendo.

Unos minutos que no justifican arriesgar la vista

El eclipse del 12 de agosto será excepcional precisamente porque permitirá contemplar algo que no forma parte del cielo cotidiano. Esa rareza explica la enorme expectación, pero también obliga a evitar que la curiosidad gane terreno a la prudencia.

Este miércoles el Solparecerá durante unos minutos menos brillante y más fácil de observar, pero no será menos peligroso. La mejor forma de recordar uno de los cielos más extraordinarios que habrá contemplado Extremadura será poder seguir mirándolo con los mismos ojos cuando todo haya terminado.

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