Fiesta no autorizada
Así es por dentro la rave ilegal de La Granja: "Somos la última juventud libre de Europa"
Más de 1.000 vehículos, dos escenarios, puestos de comida y asistentes llegados de varios países ocupan desde hace días las inmediaciones de la piscina natural

E. P. E.

La Granja tiene apenas 300 habitantes, pero desde hace tres días conviven en sus alrededores más de 1.000 vehículos y caravanas llegados de distintos puntos de Europa que han logrado multiplicar por once su población. Música tecno durante más de 18 horas al día, dos escenarios, personas bailando a cualquier hora, puestos de comida y artesanía y asistentes procedentes de Francia, Italia, Inglaterra, Alemania o Bélgica forman parte de una macrofiesta ilegal que ha alterado por completo la rutina de este municipio cacereño.
El Periódico Extremadura se ha adentrado este sábado en la rave para conocer exactamente cómo se vive una fiesta de este calibre y magnitud. "Somos españoles y la verdad es que aquí todos lo pasamos muy bien, pero comunicarte es muy difícil porque la gran mayoría son franceses y no entendemos el idioma", contaba un grupo de jóvenes que ha preferido no desvelar su identidad.
Apenas hay 300 metros entre la piscina natural de La Granja y la zona en la que están todos los vehículos aparcados. Actualmente, el acceso está cortado al tráfico y perimetrado por la Guardia Civil, pero llevan varios días instalados allí. El ambiente es tranquilo y la música no molesta en exceso a esa distancia, aunque el calor aprieta y provoca que, durante las horas centrales del día, la carretera que conecta ambos puntos sea un constante trajín de 'raveros' que prefieren darse un baño antes de regresar a la fiesta.
"Sin basura"
Una vez dentro de las fincas donde se han instalado, de titularidad privada y utilizadas habitualmente para la romería del pueblo, se observan numerosos grupos de personas descansando bajo sombras improvisadas y entre caravanas. A simple vista, apenas se ven residuos en el suelo. "Nos dicen que todo se tiene que quedar impecable, y nosotras hacemos caso. No vas a ver nada de basura en el suelo", cuenta un grupo de chicas jóvenes.
Eso sí, la fiesta no tiene edad. Aunque la mayoría de los asistentes tienen entre 20 y 30 años, también resulta habitual encontrarse con personas que superan los 50.
Avanzar entre el laberinto de coches, caravanas y camiones que se ha formado en la zona no resulta sencillo. Incluso con alguien que conozca el recinto como guía, hay que recorrer varios pasillos improvisados antes de empezar a escuchar la música con toda su intensidad.
Comida y artesanía
Por el camino aparecen una treintena de puestos de comida y artesanía. "Paquetes de tabaco a diez euros, comida vegana, arroz con curry, pizzas y hamburguesas" forman parte de la oferta habitual, aunque también pueden encontrarse paellas y otros platos.
Y, en un pequeño recoveco, aparece el primer escenario. Música tecno y gente bailando a cualquier hora. Este sábado, a las 13.55 horas y con más de 35 grados, varias personas continuaban bailando bajo el sol. "Se pueden tirar horas bailando, no descansan", comentaba uno de los asistentes.
Unos metros más adelante se encuentra el segundo escenario. Las características son similares, aunque en este caso buena parte de la pista está cubierta por una gran sombra que permite soportar algo mejor las altas temperaturas.
"A pasarlo bien"
"Solo venimos a pasarlo bien. Sabíamos lo que iba a haber porque esta gente monta las fiestas así. Somos la última juventud libre de Europa. Debemos tener en cuenta que España se fundamenta en el concepto de la fiesta y que gente de toda Europa viene solo por ello. También es nuestro turismo y debemos aprovecharlo. Además, pese a que es una fiesta no autorizada e ilegal, está mucho mejor organizada que muchos festivales", explicaban varios asistentes a este diario.
Repercusión en el pueblo
Mientras tanto, el pueblo mira curioso a la macrofiesta. Algunos vecinos acuden a la piscina natural a observar la situación. Otros ven desde sus casas como hay gente que acude a comprar las pocas cosas que necesitan. Un ejemplo es el de la tienda Sediaco, la única que hay en la localidad. Ana y Benhour cuentan que el pueblo apenas está notando la repercursión económica del evento: "No han venido ni diez personas, deben tenerlo todo allí abajo". En el Bar Champán tampoco se nota en exceso: "Somos un pueblo pequeño y siempre que viene gente se nota. Pero no es todo lo que yo esperaba", cuenta Rosi, la dueña.
Entretanto, la Guardia Civil lanzó un comunicado ayer para pedir que dejen de acudir asistentes a la fiesta y explicar que siguen desplegados en la zona con el objetivo de garantizar la seguridad de las personas, mantener el orden público y minimizar los riesgos derivados de la celebración de la fiesta. Además, tuvieron que intervenir para ayudar a trasladar a un hombre de forma involuntaria que había consumido estupefacientes, además de otros auxilios sanitarios. Todavía se desconoce cuándo se van a marchar los 'raveros', pero se prevé que el próximo lunes comiencen a irse.
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