Tierra amenazada
Acorralados por el fuego en Las Hurdes, el desgarrador testimonio de Nieves Barbero y el temor por los tejos milenarios del Cerezal
La vecina de Caminomorisco relata la angustia vivida desde que las llamas irrumpieron ayer en la comarca y habla de "desasosiego" e "impotencia" ante un incendio que amenaza también su forma de vida

La enorme columna de humo provocada por el incendio de Las Hurdes, con una imagen de una vecina de Caminomorisco que ha relatado la angustia vivida desde el inicio del fuego. / Cedida a El Periódico Extremadura

Su rostro refleja, a partes iguales, el cansancio acumulado desde que el incendio comenzó ayer, martes 18 de agosto, y la emoción de quien ha contemplado otra vez las llamas demasiado cerca de casa. Nieves Barbero, vecina de Caminomorisco, habla con la mirada puesta en unas sierras que forman parte de su vida mientras los equipos de emergencia continúan trabajando este miércoles contra el fuego que afecta a Las Hurdes. Antes incluso de detenerse en el miedo, tiene palabras para quienes se enfrentan a las llamas desde tierra y aire. "Gracias a todos los equipos de emergencia". Después aparecen los recuerdos. Y con ellos, una sensación que en esta comarca conocen demasiado bien, la de sentirse nuevamente acorralados por el fuego.
"Todos los años, cuando llega el puente de agosto, estamos pensando en que va a haber un fuego", explica Barbero. Su memoria regresa inevitablemente a otros incendios que han golpeado Las Hurdes y se detiene en el de agosto de 2003, cuando también hubo evacuaciones. "Nos evacuaron a nosotros. Yo no me marché del pueblo porque me quedé, pero fue muy triste. Fue un 13 o un 14 de agosto", recuerda. Más de dos décadas después, las llamas que hace apenas unas horas se extendieron por las montañas han despertado sensaciones que nunca terminaron de desaparecer.
El incendio, declarado este pasado martes en el término municipal de Pinofranqueado, ha obligado a desalojar numerosas alquerías y a movilizar a cientos de personas. Caminomorisco se ha convertido en uno de los lugares de acogida para los evacuados, mientras el fuego ha progresado por una comarca en la que las distancias entre los pequeños núcleos y la enorme masa forestal convierten cada cambio del viento en una nueva preocupación.
Barbero reconstruye el avance de las llamas desde las primeras horas de la emergencia, siguiendo casi palmo a palmo unos valles que conoce desde siempre. Primero, el valle del Esperabán, uno de esos rincones en los que el paisaje constituye también una parte esencial de la identidad y la economía hurdanas. Después, el fuego ha ido desplazándose por las zonas altas hacia otros enclaves, entre ellos el valle del Malvellido, donde se encuentran alquerías como Cerezal, Martilandrán y La Fragosa.
El temor por los Tejos del Cerezal
Es en ese punto cuando su relato adquiere otra dimensión. "Se me encogió el corazón", confiesa al recordar las fotografías que comenzó a recibir ayer desde la zona de Cerezal, con las llamas acercándose a uno de los espacios naturales más singulares de Las Hurdes, el Valle de los Tejos, donde sobreviven ejemplares centenarios y milenarios que forman parte del patrimonio natural de la comarca.
"Anoche pensé que se había quemado", reconoce. Ya este miércoles ha recibido una noticia que le ha permitido recuperar algo de esperanza. Los Tejos del Cerezal habían conseguido librarse hasta ese momento del fuego, aunque la amenaza permanecía por la evolución del incendio. "Ojalá se salve. Me parte el alma pensar que está amenazado", admite. Para ella no se trata simplemente de árboles. Es un rincón que ha necesitado siglos para transformarse en lo que hoy conocen los hurdanos y que no podría recuperarse en una generación.
"Las Hurdes se regeneran después de los incendios, pero ese Valle de los Tejos no lo íbamos a volver a conocer como está ahora", explica. Su reflexión resume la dimensión de una pérdida que iría mucho más allá de las hectáreas calcinadas. "Se quema la historia ancestral de Las Hurdes", sentencia, poniendo palabras al temor de quienes observan cómo una parte irrepetible de su patrimonio natural queda a merced del fuego.
Una forma de vida amenazada
Más allá del miedo y de la incertidumbre, para los vecinos que permanecen durante todo el año en estos pequeños núcleos el incendio supone también una amenaza directa a su forma de vida. El monte, el paisaje, los pequeños negocios, el turismo y el vínculo con la tierra forman parte de una misma realidad. Barbero resume las horas vividas desde ayer con dos palabras, "desasosiego e impotencia". Porque cuando arde la sierra no solo preocupa hasta dónde llegarán las llamas, sino también qué quedará después y cuánto tardará la comarca en recomponerse.
Uno de los momentos que más la ha sobrecogido desde que comenzó la emergencia ha sido la evacuación de El Cottolengo, en La Fragosa, donde residen personas con discapacidad. "Ya es difícil evacuar a alguien que puede valerse por sí mismo. Imagínate a personas con discapacidad", señala. La complejidad de la operación ha añadido todavía más tensión a unas horas en las que numerosas familias han tenido que abandonar precipitadamente sus casas.
Frente a esas escenas también ha aparecido la solidaridad entre vecinos. Caminomorisco ha recibido a parte de los desalojados y establecimientos y particulares han abierto sus puertas a familiares, conocidos y personas que necesitaban un lugar en el que pasar estas horas. "Hemos tenido que acoger gente de emergencia, incluso conocidos que han tenido que ser evacuados", cuenta Barbero. La situación vivida ayer le ha hecho recordar nuevamente 2003, cuando fueron sus propios hijos y otros miembros de su familia quienes tuvieron que salir de la comarca y buscar refugio lejos de las llamas.

El entorno del Valle de los Tejos, en Cerezal, uno de los enclaves naturales cuya conservación preocupa ante el avance del incendio en Las Hurdes. / Cedida a El Periódico Extremadura
Hay, sin embargo, algo que quiere dejar muy claro. Las Hurdes no se están quemando enteras. Caminomorisco no ha sido alcanzado directamente por las llamas y existen amplias zonas de los diferentes valles que permanecen fuera del área afectada. Le preocupa que la sucesión de imágenes del incendio transmita la sensación de una comarca completamente arrasada y termine provocando después otro daño, que visitantes y turistas dejen de acudir pensando que ya no queda nada que descubrir.
Por eso, incluso en medio del cansancio acumulado desde ayer, insiste en agradecer el trabajo de la UME, el Infoex, bomberos, Guardia Civil, Protección Civil y el resto de profesionales y voluntarios que combaten las llamas. Saber que las personas evacuadas se encuentran protegidas ha rebajado parte de la angustia, pero su pensamiento permanece en la sierra. "Ahora mismo lo que más me preocupa son los Tejos del Cerezal. Tenemos esa incertidumbre y no sabemos qué va a pasar", reconoce.
Mientras los equipos de emergencia continúan trabajando este miércoles para contener las llamas declaradas ayer, los vecinos de Las Hurdes siguen pendientes de cada columna de humo, de cada cambio del viento y de cada noticia que llega desde las montañas. Lo hacen con el cansancio de quien ha vivido demasiados incendios y con el miedo de que el fuego no solo arrase el monte, sino también una parte de aquello que les permite seguir viviendo en sus pueblos. Y en Cerezal, entre siglos de historia enraizados en la tierra, permanece uno de los símbolos de esa espera, unos tejos milenarios que toda una comarca desea seguir encontrando en pie cuando el humo finalmente desaparezca.
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