Más de 50 efectivos continúan trabajando en el incendio de Las Hurdes y se desactiva el Infocaex
La dirección del Plan Especial de Protección Civil ha ordenado la desescalada a cero de la situación operativa 1 en la que se mantenía el fuego, estabilizado desde la tarde del viernes

El incendio forestal de Pinofranqueado, que afecta a la comarca de Las Hurdes, evoluciona de manera favorable. El fuego continúa estabilizado, por lo que actualmente no presenta frentes activos con capacidad para hacerlo avanzar. Ante esta situación, la dirección del Plan Especial de Protección Civil de la Junta de Extremadura ha ordenado la desescalada a cero de la situación operativa 1 en la que se mantenía desde el martes, pero se mantiene el nivel 1 de peligrosidad.
Durante la madrugada han trabajado en la zona 91 efectivos, centrados especialmente en vigilar posibles reactivaciones dentro de la superficie afectada y en consolidar las líneas de control a lo largo de todo el perímetro.
Estas líneas se establecen en aquellos puntos en los que se prevé detener un eventual avance de las llamas, aprovechando elementos como caminos y cortafuegos, y forman parte de los trabajos necesarios para afianzar la estabilización antes de que el incendio pueda darse por controlado.

Un técnico del Infoex, en la zona, esta mañana. / El Periódico
Más de 50 efectivos en la zona
Aunque la evolución continúa siendo positiva, el dispositivo de extinción seguirá desplegado este sábado sobre el terreno. Está previsto que trabajen 54 intervinientes de distintos servicios.
El operativo cuenta con ocho unidades de bomberos forestales terrestres y una unidad helitransportada, además de cuatro agentes del Medio Natural, tres técnicos de extinción, una unidad de maquinaria pesada y un medio aéreo.
En las labores participan medios del Plan Infoex y del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco), con la colaboración de la Guardia Civil y Cruz Roja.
La prioridad durante esta jornada seguirá siendo vigilar todo el perímetro, evitar que aparezcan nuevos puntos calientes y consolidar las zonas ya aseguradas, mientras se mantiene la evolución favorable de un incendio que permanece estabilizado pero todavía no puede darse por controlado.
Por suerte, el dispositivo diario establecido de más de 250 efectivos terrestres y una veintena de medios aéreos lograron contener el avance de las llamas. Ante esta situación, en la tarde de ayer se levantaron también las restricciones que permanecían vigentes en relación a las carreteras, ya que tres vías continuaban cerradas como medida de prevención.
La mejoría de la situación permitió reabrir primero la la CC-122 y la CC-125, según confirmó la Guardia Civil sobre ñas 19.41 horas. La primera comunica Pinofranqueado con Aldehuela y permite acceder también a Robledo, Horcajo, Castillo y Erías y la segunda es una carretera de aproximadamente 1,6 kilómetros que conecta la CC-122 con Horcajo.
A esa hora, la CC-137 permanecía cerrada pero su restricción se desactivó pasadas las 21:30 horas. Esta vía enlaza Nuñomoral con El Gasco a través de Cerezal, Martilandrán y La Fragosa.
Así narra el director de la residencia de estudiantes lo vivido
La residencia de estudiantes de Caminomorisco se ha convertido en los últimos años en mucho más que el lugar en el que se alojan durante el curso los alumnos que viven en las alquerías más alejadas de Las Hurdes. Cuando llega el verano y aumenta el riesgo de incendios, el edificio queda preparado para transformarse en cuestión de minutos en centro de evacuación, con 202 camas disponibles para recibir a quienes tengan que abandonar sus casas por el avance de las llamas.
Quien conoce bien ese funcionamiento es Julio Bravo, profesor y director del Instituto de Caminomorisco, que en los cuatro años que lleva al frente del centro ha visto cómo la residencia ha tenido que utilizarse cuatro veces para alojar a personas evacuadas por incendios forestales.
«Llevo cuatro años de director y llevamos cuatro incendios en los que hemos utilizado la residencia como centro de evacuación», resume Bravo. Su cometido no forma parte propiamente del dispositivo de extinción, pero comienza en cuanto los primeros vecinos llegan al edificio. «Al final todo tiene que pasar por nosotros: dónde los ubicas, cómo los ubicas, qué necesidades tienen, si pueden subir escaleras o no pueden subirlas...», explica.
La experiencia acumulada ha llevado al centro a establecer casi una rutina preventiva. Durante julio, la residencia acoge los cursos de verano de la Junta de Extremadura y, una vez terminan, sus instalaciones quedan preparadas para una posible emergencia.
«Cuando cierro en julio dejo la residencia con 200 camas habilitadas, 202 para ser exactos», señala el director. Eso permite reaccionar con enorme rapidez si se ordena una evacuación: «En 15 minutos puedo meter ya a 200 personas porque lo dejamos preparado para eso».
Habitaciones, biblioteca y gimnasio
La magnitud del último incendio volvió a poner a prueba esa capacidad. La dificultad añadida esta vez era que buena parte del personal se encontraba de vacaciones. Bravo destaca especialmente el trabajo habitual del responsable de mantenimiento, al que atribuye buena parte del excelente estado de las instalaciones y que, aunque se encontraba fuera, permaneció pendiente del teléfono para ayudar a poner en funcionamiento todo lo necesario.
La residencia comenzó alojando a los evacuados en sus habitaciones habituales, generalmente preparadas para cuatro o cinco usuarios, pero la llegada de más personas obligó a ampliar progresivamente los espacios disponibles.
«Cuando ya llenamos todas las camas que teníamos, se utilizaron las zonas comunes, la biblioteca, las zonas de estudio, el gimnasio y también el CPR que está dentro de la residencia», explica. «Hemos estado al límite de nuestra capacidad», reconoce.
Pese a ello, Bravo subraya que las características del edificio permitieron ofrecer unas condiciones muy diferentes a las que suele asociarse con una evacuación masiva. Las familias pudieron instalarse juntas en muchas de las habitaciones, que cuentan además con baño propio, aseos y duchas.
«Dentro de la situación trágica que estás viviendo, estás cómodo. No estás en un pabellón con 600 personas», señala.
El centro también se ocupó de atender las necesidades básicas de quienes tuvieron que abandonar precipitadamente sus viviendas, incluida la alimentación. Según relata su director, la valoración trasladada por los propios evacuados fue especialmente positiva.
«Todos me decían al final: “Hemos estado mejor que en casa, hemos estado súper cómodos”», recuerda.
Hasta el punto de que, una vez que se permitió el regreso a determinadas localidades, algunas familias prefirieron pasar una noche más en Caminomorisco antes que emprender el viaje a última hora. «Decían: “Nosotros ya nos quedamos, mañana nos vamos después de desayunar tranquilamente”», cuenta Bravo.
Llegó antes de recibir la llamada
La preparación de la residencia comenzó incluso antes de que existiera una petición oficial. Bravo recuerda que se encontraba tomando un café en Pinofranqueado cuando observó la columna de humo del incendio.
La experiencia de los últimos años le hizo anticipar lo que podía ocurrir. «Vi la columna de humo y pensé que me tenía que ir para allá. Subí a casa, cogí ropa, el cepillo de dientes, el cargador del móvil y me fui», relata.
Cuando posteriormente recibió la llamada para activar el recurso, la residencia ya estaba abierta y preparada para empezar a recibir evacuados. «Me fui media hora antes de que me llamasen. Cuando recibí la llamada, ya estaba todo aquello preparado», recuerda.
Una reacción que resume hasta qué punto los incendios se han incorporado a la realidad cotidiana de un centro educativo que cada verano deja sus habitaciones listas por si vuelven a ser necesarias. En Caminomorisco, 202 camas permanecen preparadas para que quienes tengan que salir de sus casas a causa del fuego encuentren, al menos durante la emergencia, un lugar donde dormir con cierta intimidad y seguridad.
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